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Ansiedad. El bastón augural tenía el puño y la cotera de una plata digna. Batallones de plata o regimientos templados por el agua, pulidos bajo al fuego esclavo de los no libertos; caudaloso metal en ríos reducidos a una sola empuñadura.Bastón augural de la antiguo Roma Mi mano diestra hendida por el rayo lo asía con firmeza. En el año CCCXX de la Gran Ramera, sentí su fuerza por vez primera. Subyugué las decisiones del senado, atemorizaba a hordas enteras de bastardos con tan solo un auspicio que no fuera favorable. Qué se yo, tal vez una paloma medio muerta, el grito de un cuervo o el vuelo falto de certeza de un halcón. Cualquier signo era divino y mi voz en la tierra era el mismo Jupiter tronando. Pero aquello terminó y ahora queda esta ansiedad, este no saber quién soy porque no me queda nadie, ese levantarme a medianoche desvelado y buscando símbolos por los pasillos de palacio. He buscado una nueva empuñadura, algo que festejar después de la grandeza, vírgenes deseos que me nublen y me den entendimiento. Me olvido en mi escritorio con mi pluma; tras de mí vinieron otros que fueron entronados, seres semejantes con patricias intenciones. Me queda el manto de estrellas que tejía el miedo de la gente, este suelo empedrado que oculta lo imprevisto. Mi estabilidad me enerva, añoro los idus en que el mundo me escuchaba, mi garganta pronunciando el destino de mi pueblo, las mentes que creían mis palabras y su fe contemplando mi verdad. Tal vez esté ya viejo y no tenga el bastón, puede que ya nadie respete mis historias y estén cerradas para mí las puertas del gran templo; pero como siempre, conozco mi futuro. Al igual que tú. Este es todo el secreto y el poder.

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