creer en algo

Posted by on Aug 7, 2012 in Equipos y bien común

“Una confesión debe ser parte de la nueva vida”

Ludwig Wittgenstein

A diario me encuentro con personas que no creen en lo que hacen o que no hacen lo que creen. Justifican su actitud porque “tienen que vivir, tienen que comer”. Sería bueno establecer un debate o una sesión sobre por qué diablos hacemos continuamente y por defecto lo que no nos gusta en lugar de aquello para lo que se ha nacido. Es ciertamente embarazoso comprobar cómo hemos desgastado nuestro modelo de vida, forjado con sangre y fuego sobre principios conquistados a base de dolor y esfuerzo. Lo hemos hecho hasta llegar a hacer aquello que no queremos hacer porque es necesario hacerlo. Sin este sacrificio ritual permaneceríamos inmóviles. Parece como si un ente superior, un chamán social al que no vemos pero tributamos a diario, nos obligase a cada paso a constatar nuestra fragilidad. Todos nos hemos preguntado de niños qué queremos ser pero a nadie se le ocurre preguntarse de adulto qué está siendo. Entre otras cosas por esa imbecilidad absurda de que no tenemos tiempo.

Pues bien, mi tarea durante los últimos meses ha sido la de reclutar un ejército de personas que creen en lo que hacen y que han apostado por ello de una forma clara y transparente. Les he unido a todos alrededor de una plataforma de lanzamiento parecida a la que se creó para ir a la luna ;) Y ahora estamos dispuestos a despegar pero esta vez para volver a tocar tierra y hablar de las cosas que realmente nos importan, las que nos harán salir de esta, aquellas que nos tocan y queremos que aprendan nuestros hijos.

Porque estoy convencido de que ninguna guerra de ninguna época ha medrado más nuestra identidad como individuos que estos tres fenómenos:

  • La actual siesta social fundada sobre la apatía colectiva,
  • La incapacidad de diálogo disfrazada de hiperconectividad global y
  • El relativismo absoluto educado en las escuelas y aplicado en los puestos de trabajo.

Durante años hemos enseñado que el trabajo y la educación eran un castigo divino (de Dios o del Estado, es indiferente) y que debíamos sacrificar nuestra valía y nuestras dotes en pro de un bien común que repartía beneficios entre casi todos. Ahora que ese CASI es cada vez más grande que ese TODOS y que ya no hay BENEFICIOS que compartir, el colapso cotidiano del modelo empieza a ser latente.

Durante años también hemos generado una ficción alrededor de la hiperconectividad digital que ha generado pobreza intelectual y humana. Cebados en las conexiones con otros mundos mucho más apasionantes que el nuestro, nos hemos olvidado de enriquecer nuestros mundos inmediatos. Y claro está todo esto ha ocurrido en una larga cadena en la que todos piensan que lo interesante es lo que hace otro y que ellos no pueden cambiar nada. Y por inactividad, tu mundo muere.

Durante años nos hemos cebado de presente y hemos alimentado la imagen del futuro, también hemos comerciado y especulado con los dos conceptos para relegar al olvido cualquier tipo de pasado. Nuestra historia parece ser solo una excusa para haber llegado aquí. Y toda esta creencia en lo actual, lo moderno, lo futuro, parece habernos convencido de que no podemos ser actores de ningún cambio real. Entre mis amigos y colegas más cercanos, los hay que defienden que esto no es más que otra crisis financiera y los hay que se conforman con lo que han heredado sin sentir necesidad de cuestionarlo. Algunos de estos conformistas pretenciosos me piden una alternativa mesiánica, completa y global a este sistema y al reconocer que no la tengo, desechan cualquier propuesta o posibilidad de cambio.

Durante años también nos hemos cegado profesionalizando todo. El barrendero ahora es técnico en mantenimiento sanitario de vía pública, el camarero es auxiliar de hostelería y restauración, el mensajero es especialista en difusión de documentos, el periodista es un científico de la información, etc… En aquellas profesiones que ya eran valoradas, lo que hemos hecho ha sido aplicar cualquier término inglés descabellado para dotarlas de mayor respetabilidad ante los otros. Así una gran cantidad de asesores ahora son entrenadores (coach), muchos ejecutivos ahora son gerentes (managers) y la mayoría de jefes ahora son por defecto líderes (leaders). Ni qué decir tiene de la gran cantidad de ingenieros que han brotado del inframundo laboral a raíz de la liberalización del término para alegría y regocijo de los que lo llevaban siendo muchos años… Este entierro de la artesanía y la calidad como valores ha masificado los mercados y ha fabricado alimentos milagrosos que llegan a nuestras cocinas en tiempo récord. Todo lo que hemos vaciado en nuestro interior ha sido ampliamente suplido por el consumo. O al menos eso nos parece.

A raíz de toda esta amalgama terminológica,  hay muchas personas que tienen ciega fe en el especialista. De hecho consideran que nadie que no lo sea es respetable. Parecen no darse cuenta de que bajo este prisma es muy sencillo que todos seamos especialistas en muchas cosas diferentes a lo largo de tan solo uno de nuestros días rutinarios. He vivido con ironía y cierto humor sano esta paradoja durante mis años de consultoría. Mi tono crítico ha generado recelos entre aquellos que no me consideraban un especialista hasta que por fin les confesaba que yo era especialista en ser especialista :)  Muchos de estos recelosos no aciertan a comprender cómo una persona puede proyectar su valor sobre diferentes disciplinas sin necesidad de acreditación, diploma o título. Ignoran todos ellos que no ha pasado un solo día en la historia sin que ese intrusismo profesional haya generado beneficios.

Para aquellos es lo mismo calcular con precisión perfecta una central nuclear que tener una opinión formada y sólida sobre el gobierno de las cosas. Son hijos legítimos de la fiebre industrial de la cadena de montaje. Siguen creyendo en ella y “maximizan” beneficios a cualquier coste porque “esta empresa está para ganar dinero”. Y, desde luego, nadie -ni siquiera yo- lo duda pero parece que es lo único que importa. No hay altura moral que no pueda ser pisada ni terreno ético que no sea alisado por los enormes motores del confort. En sus mentes no difiere ni un ápice un ciudadano de una tuerca, un sistema electoral de un GPS o un economista de un neumático. Todo es necesario y todo ha de ser especializado. He comprobado durante los últimos años que esta visión está más que extendida y que es un foco social cancerígeno difícil de extirpar. Hace tiempo hablé de esta necesidad estéril de encajonar a las personas en un artículo titulado El humanista y la caja. También hablé de mi problema para definir mi profesión en el actual marco laboral en Trending vorpics, algo que he resuelto poniendo simplemente ejemplos de mi trabajo.

Por otro lado la familia o mantener esa familia es sin duda la mayor excusa entre los ficticios encuestados para justificar que no hacen aquello en lo que creen o para lo que creen que valen. Creo que esta razón sin embargo debería ser el principal motivo para hacerlo pero eso da para mucha discusión. Además, existe una insana fe en dedicar toda una vida a una sola profesión sea lo que sea sin posibilidad de cambio o mejora. Aunque este hecho se va rompiendo con los años por la creciente oferta formativa y la amplia capacidad de elección derivada, parece que conservamos esta tendencia a identificar la perfección con la pureza y no con el equilibrio, como decía en los últimos artículos. A mi modo de ver lo primero para hacer algo en lo que uno cree -sea grande o pequeño, estrecho o grueso, universal o inmediato- es confesar lo que uno es ahora y lo que ha sido. Pero confesarlo con orgullo para trabajar a partir de la realidad y no de la culpa. Como decía el amigo Wittgenstein, “una confesión debe ser parte de la nueva vida” y yo diría aún más, la base de esta nueva vida.

Por eso, amigos, a la hora de rellenar la ficha del Hospital para empresas, he detallado a cada miembro que deben formar parte del equipo dedicándose a aquello en lo que realmente creen a un 150% con independencia de lo que sean o de lo que otros les hayan dicho que deben ser. Porque la mejor versión de cada uno de ellos son siempre ellos mismos ;)

La metáfora que he utilizado para este negocio y para reunir a este elenco de genios es, como sabéis, el de un hospital porque no hay nada que esté más lleno de tecnicismos de esos que os pirran y no hay nada como ser sanado por alguien a quien creías que ibas a sanar ;)

¿Por qué se que saldrá adelante y tendremos éxito? Porque creemos en lo que decimos, porque respetamos a cada uno de los miembros del equipo, porque nos vamos a desarrollar juntos como excusa para crecer personalmente. Porque CREEMOS en ello, y eso sí que es un motor mucho más poderoso que el de cualquier aparato o estructura mecánica de valor…

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