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Empezaré con fuerza. El objetivo prioritario de una empresa sensata nunca es la rentabilidad. Intentaré explicar por qué.

En el siglo V san Juan Casiano (360-435 d.C) actualizó en su De instit caenob (V, coll. 5, «de octo principalibus vitiis») la anterior lista del monje Evagrio Póntico (345-399 d.C) sobre los ocho “vicios capitales” de los que sus hermanos monjes debían guardarse para una vida plena. Mucho después el bueno de Tomás de Aquino recordó esta recopilación y la de Isidoro en su Summa Theologica. Este es el menú de pecados capitales: gula / ebriedad, avaricia, lujuria, vanagloria, ira, tristeza, pereza y soberbia.

Algunos siglos más tarde, el pretencioso papa Gregorio Magno (540-604 d.C) que practicaba sin saberlo el peligroso arte del pensamiento positivo, eliminó la tristeza de la lista considerando que no era más que una forma de pereza. Yo soy de los que pienso que en ocasiones cuando hablamos de determinados capitalistas no hablamos de personas que practican el capitalismo como modelo socioeconómico sino de personas que suelen cumplir a raja tabla los ocho pecados capitales. Capitalistas de los de toda la vida, vaya. Soy amigo de varios de estos individuos y cuando hablo con ellos suelen confundir la rentabilidad con uno de los ocho pecados capitales: la avaricia. Aquellos que defendemos un nivel protector de mesura, evaluación, supervisión y control sobre las acciones de los agentes del mercado (empresas), algo así como un PH para empresas, a veces hablamos de que el ser humano es imperfecto y de que a veces tan solo necesita recuperar el foco. A tenor de recientes acontecimientos, reconozco que si la mayor parte de empresas actuales gestionaran el sol, yo utilizaría factor 124 para estar en casa.

Sobre la rentabilidad y tu propósito en la vida o los negocios aquí comparto mi faro y espero que sirva para cualquier tipo de barco:

LO QUE HAGO

El que afirme que una empresa tiene como objetivo final ser rentable, ha perdido completamente el norte. Si esto fuera así, daría igual fabricar coches que galletas, camisetas que vasos de cristal. Y nunca ha sido así. El sentido común nos dice además que nunca será así. Y esto ocurre y ocurrirá pese a los intentos abusivos de una gran jauría de economistas sin escrúpulos y pese a la creciente insistencia del mercado en implantar profesionales transversales y uniformizadoras en el sistema educativo superior.

Si eres Toyota, tu objetivo no es ser rentable sino fabricar y producir coches bien equipados, seguros, atractivos estéticamente y disponibles de una manera rentable, sostenible e inteligente empleando para ello diferentes recursos y materias primas: personas, conocimiento, tecnología. Ese es el orden correcto de los términos, no otro. Lo siento pero ni siquiera se puede acortar la frase o coger las partes de ella que más nos gusten. Esto no funciona así. No se trata del Scrabble, hablamos de la vida real no de palabras. Una empresa es siempre un conjunto complejo formado por una meta (un propósito, una misión), unos medios (recursos o materias primas y/o derivadas), y un código de comportamiento (ética, conducta, visión, procedimiento). No estoy inventando nada nuevo, simplemente hablo de la empresa como si fuera una persona, porque de hecho -insisto- es un conjunto de personas.

Si te llamas Toyota la clave de esa frase es “fabricar coches” (para eso sirves a la sociedad), el medio para hacerlo son las personas, su conocimiento y la tecnología empleada (esto es lo que tomas de la sociedad para servirla) y una de las formas de lograrlo es “ser rentable” (así es como sobrevives en la sociedad). Es evidente que desaparecerá Toyota si no hay rentabilidad ni clientes pero es más evidente aún que ni siquiera existiría Toyota sin sus empleados, su conocimiento y su inteligencia de mercado. Lamento que esto parezca una clase de sintaxis de negocios o de silogismo lógico pero últimamente estoy viendo que resulta necesario. Porque en el momento en el que olvidas esto, créeme, hagas lo que hagas ya estás perdido.

SIMPLIFICAR MATA

Existe cierta corriente “simplificadora” en el mercado que prescinde de este terreno de juego básico y común. Y encuentro simpatizantes con bastante frecuencia. Hay un tipo de liderazgo denominado Servant leadership que resulta especialmente útil para recordar el lugar de nuestro negocio en la sociedad: servir a los demás en algo concreto. Si eres Fontaneda, ofreces galletas; si eres Danone ofreces lácteos y si eres Nestlé ofreces chocolate. En cualquier sistema de vida, comunidad o civilización se ha demostrado que la autoridad moral es la fuerza de empuje y energía más útil para el desarrollo y el progreso. Personalmente creo que hoy en día a menudo conviene recordar qué o por qué nuestra empresa existe. Termino mi ataque a la corriente “simplificadora” con una anécdota. Una vez en un desayuno tras una hora de conversación, le pregunté a un directivo de una de las grandes empresas del IBEX35 qué es lo que realmente quería. Me respondió que lo que quería es que su empresa volviera a ser algo sencillo, manejable, ágil. Mi respuesta fue

Dimite. Si toda tu preocupación es que tu organización sea algo sencillo y manejable, olvida por completo cualquier esperanza de éxito o futuro. Estás en una organización de cientos de empleados, ni siquiera cuando era una organización de 40 empleados era algo sencillo pero desde luego si crees que alguna vez lo fue, nunca volverá a serlo. Tu organización es una combinación altamente inestable de la materia prima menos manejable y más frágil que existe en el planeta: las personas. No hay nada que rodee, motive o preocupe a esta clase de materias que no sea complicado o no pueda desatar un gran desastre. Nada. De modo que dimite. Sin duda estar en casa es mucho más sencillo, manejable y ágil.

Lo que es aplicable para una corporación lo es porque antes ha sido aplicable a las personas. Necesito resaltar que las empresas son personas. Lo seguirán siendo SIEMPRE. De modo que yo mismo, como persona, no puedo llamarme David Criado y no tener un propósito en la vida. Ni yo ni absolutamente nadie porque no es algo saludable. Puede que este propósito cambie a lo largo de los años, puede que tal vez sea simplemente una época difícil en la que necesitas buscar ese propósito, pero necesitas siempre tener un horizonte, saber adonde te diriges y qué es lo que realmente quieres y te mueve. Si no compras ningún billete de avión sin mirar destino, horario y compañía, ¿por qué demonios te permites el lujo de hacer todo lo contrario con tu vida?

La importancia del control: HONESTIDAD y COHERENCIA

Por otro lado la definición de un propósito tanto a nivel personal como profesional tiene que estar siempre acompañada de un control ético sobre las actividades y decisiones que se desarrollan y adoptan. Esto tiene que ver con que no se puede servir a una sociedad de forma sostenible si se participa activamente en la destrucción de esa sociedad. Hablamos de principios de honestidad y coherencia. En mi opinión la visión reduccionista del management muy cercana al liberales, friedmaniacos y druckeristas, defiende que el objetivo final y prioritario de una empresa es obtener beneficios de forma creciente. Incluso habiendo ciertas diferencias entre algunas corrientes liberales sobre si lo que somos es “gente que quiere ganar pasta” o “gente que quiere ganar pasta fabricando coches”, hay algo llamado “ética” que define nuestro lugar en el mundo.

Esto no es un pensamiento idealista, es un pensamiento puramente funcional. Si fabricas coches pero poco a poco matas el planeta donde se fabrican o la sociedad que mantiene a las personas que los fabrican, eres un completo imbécil. Quiero decir que como empresario eres tremendamente incompetente. Tu visión de negocio no va más allá de cadenas de ensamblaje. Parece que piensas que todo lo que necesitan tus empleados es llegar por la mañana, trabajar e irse. Ni siquiera se te ocurre preguntar de dónde vienen o donde podrán ir al acabar. Y esto te define como un business cretin. Lo he dicho en inglés para no ofenderte pero hablo de un “cretino de los negocios”. No existe liderazgo más eficaz y exitoso que saber cuántos hijos tienen tus compañeros de trabajo o qué pagan de alquiler o por qué se casaron con su esposo.

Para ejemplificar las desastrosas consecuencias que puede tener el reduccionismo en el management, el ejemplo más ilustrativo para reflexionar es quizás es el caso de IBM y su participación explícita en el Holocausto nazi.

De acuerdo a las tesis completamente documentadas por el historiador Edwin Black, la IBM Corporation (New York Headquarters) realizó un contrato de máquinas perforadoras Hollerith con el Tercer Reich. Cada campo y subcampo de concentración nazi disponía de una máquina perforadora que llevaba el control riguroso de los presos y sus condenas y destinos. La tecnología de IBM facilitó la comunicación completamente coordinada entre el Reich y sus instrumentos de tortura durante años. Cuando la corporación IBM alegó su derecho a ignorar cualquier responsabilidad o conocimiento sobre el uso de sus productos por parte de sus consumidores, Edwin Black demostró mediante pruebas escritas y fotografías de reuniones que el contrato con el Reich era un contrato de leasing (alquiler) que obligaba a contratante y contratado a pasar mantenimientos semanales, incluyendo las máquinas de control de todos los campos de concentración entre los que se encontraban Austwitch-Birkenau, Dachau, Bergen-Belsen. Resultaba por tanto imposible que la filial de IBM en Alemania durante los años 30 desconociera el uso mortífero e infrahumano que se hacía de sus productos. Esto permitió que Suiza tramitara una denuncia que probablemente le costará a IBM 10.000 millones de dólares de indemnización. Cuando no ser ético tiene consecuencias, todavía tenemos esperanzas 😉

Para un reduccionista del management o un capitalista liberal, la lectura del caso IBM es sencilla: no tiene la culpa del uso que un cliente pueda hacer de sus productos, simplemente es una empresa y su obligación es ser rentable. Hoy quiero decir aquí por escrito que no comparto esta opinión. Además creo que lo que opinemos sobre esto no está relacionado con la ideología, los sistemas de creencias o las corrientes económicas. Lo que opinemos sobre esto tiene que ver con querer o no querer ser empresarialmente inteligentes. La deriva hacia el inmediato plazo y el poder no controlado nunca (NUNCA) han causado ningún bien a la Humanidad. El principio fundacional del Servant leadership es que pensar en los demás es la forma más inteligente de trabajar y pensar en uno mismo. Intenta hacer algo sin contar con las personas y habrás dejado de contar contigo mismo.

Definir el propósito es uno de los puntos clave en #bsidementoring, nuestro servicio de acompañamiento. Consulta el detalle y contacta con nosotros.

NOTA: Este artículo fue escrito tras el visionado del documental canadiense La corporación (2003) en el que entre otros he conocido la existencia de Ray Anderson y su papel activo como presidente de una de las mayores compañías mnufactureras del mundo en la promoción de la sostenibilidad en el sector industrial.

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