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Ángeles, Guido y Antonia creando su camino de interés común a partir de plastilina en una de las sesiones

Ángeles, Guido y Antonia creando su camino de interés común a partir de dos lenguajes (físico y mental) en una sesión de equipo

– Todo lo que he vivido hasta ayer se ha perdido.
– Igual que para todos los demás.”

Conversación entre Tim Lake y su padre en la película About Time (Curtis, 2013)

“El destino no está escrito para aquellos que escriben su destino”

Sherif Alí a T.E.Lawrence en el desierto de El Nefud en la película Lawrence of Arabia (Lean, 1962)

“Tengo algo para tí” Con esta frase comenzaron muchas de las más grandes aventuras que he vivido. Sobre todo cuando era yo el emisor y el receptor de este mensaje. Hoy sin embargo, lector, eres tú el que recibe mi regalo. Hablaré de una gran herramienta que espero te sea útil porque desde luego ha sido para mí extraordinaria. Empezamos…

3 CAMINOS DIVERGEN EN EL BOSQUE…

… Y yo elijo tomar el menos transitado. Este es el comienzo de cualquier escenario de aventuras y apasionantes experiencias en mi vida.

Vivo siempre muy cerca de un camino que recorro cada día. Está lleno de luces y de sombras y su visión constante me acompaña. Es un camino que sigo descubriendo para mí y para otros. Con todos aquellos que me regalan su presencia, con todos los que desean volver a nacer en un momento concreto de su vida (por negocios, por amor o por impulso) siempre trabajo a partir del interés. Del suyo, del mío o del de ambos. Hablamos por tanto de caminos de INTERÉS. Nadie salvo yo me enseñó a recorrer el mío, y nadie salvo tú te enseñará a recorrer el tuyo. Es una vía fundada en el diálogo personal e interpersonal como herramienta de construcción de relaciones. Y jamás falla si lo acompañamos de entrenamiento, constancia y voluntad. La genialidad de estos caminos es que, como decía el viejo Albert, se basan en un 1% de inspiración y un 99% de transpiración. Es decir, de equivocarse, aprender e insistir lo suficiente una y otra vez.

En todo proceso de diálogo existen tres posibles caminos para la comunicación, ninguno de los cuales es negativo por sí mismo pero cuya consciencia debemos trabajar:

  • La vía del poder: Una persona ejerce la vía del poder cuando trata de conseguir que la otra persona actúe de una manera concreta probablemente diferente a cómo actuaría sin la influencia de la primera. La vía del poder se recorre, como es lógico, a partir de posiciones de poder. Éstas pueden ser: un mayor conocimiento, una posición jerárquica superior, un estatus social, o por lo general una identidad, experiencia o discurso respetado y aceptado.
  • La vía del derecho: Recorremos la vía del derecho en una conversación cuando nos atenemos estrictamente a un sistema de leyes, creencias o normas aceptado por las partes. En este camino se trabaja la prohibición, la sanción, el sentimiento de culpa y el de respeto a las propias normas. La vía del derecho se recorre gracias a la existencia de figuras arbitrarias o intermedias que velan por el cumplimiento de esas normas. Esas figuras pueden ser organismos, personas o el simple peso de la costumbre o las conductas aceptadas.
  • La vía del interés: El objetivo es encontrar un punto de encuentro y construir entendimiento de lo que quiere cada una de as partes y de lo que queremos en común. Para ello es imprescindible que todas las partes colaboren. Se trata de trazar un camino que todos podamos recorrer. Este es el camino del INTERÉS COMÚN y se nutre de cada uno de nuestros caminos de interés individuales. La vía del interés común se recorre a partir de posiciones de comprensión, perspectiva sistémica y cesión.

Cada una de estos tres caminos requieren diferentes tipos de liderazgo, estilos de comunicación y estrategias de los que hablaremos en el futuro. Todos ellos son a su vez útiles dependiendo de las situaciones y momentos. Es por tanto, importante, destacar que resulta imposible posicionarse por completo en uno u otro aunque sí resulta útil saber hacia cuál queremos orientar nuestra mirada.

En todo caso, partir del interés de las personas (sus deseos, sus expectativas, sus motivaciones) es la mejor manera de las tres anteriormente enunciadas, de favorecer una relación sincera y honesta de diálogo y por lo general, de vida. Mediante esta vía logramos un mayor aprendizaje a largo plazo y dotamos a nuestras relaciones de una base más sólida y estable. Es, no obstante, complicado recorrer este camino y la mayor parte de personas muestran pereza o indolencia ante la posibilidad de esforzarse por mantener relaciones conscientes con un mínimo nivel de calidad. Esto ocurre porque es necesario entrenar estas habilidades a diario. Darnos la oportunidad de comprendernos unos a otros requiere dedicación y sacrificio.

 

MI CAMINO DE INTERÉS

Sirva de advertencia que cada persona traza y recorre su propio camino de INTERÉS. Por ello lo que a continuación voy a compartir es tan solo la pequeña chuleta que utilizo para no perderme en mi camino de INTERÉS. Creo muy útil compartir, después de tantos años, que es más útil atender al camino que no cegarse con el norte. Por eso esto no es una brújula sino la carta de navegación personal que utilizo para explorar mi camino de interés. Casi todo lo que hago lleva implícito el siguiente proceso continuo en el que me educo cada día con férrea disciplina de valores y suficiente flexibilidad emocional. He de reconocer que cada día conozco a un montón de personas que tienen diferentes caminos de interés pero yo solo tengo uno que aplico a cualquier ámbito de mi propia vida. Lo trazo y renuevo cada día pero estas son siempre sus tres paradas básicas:

 

1.- CONOCERME (kenshou)

Lo primero que hago de forma ya casi automática, tras mucho tiempo de entrenamiento, es aclarar qué es concretamente lo que quiero. Intento con todos mis recursos y fuerzas establecer el foco a partir de lo que tengo, que como ya os comenté en otros artículos, no es más que lo que soy, no es más que mi vida. Estas son algunas de las innumerables fórmulas de lenguaje generativo en las que creo profundamente y que practico muchas veces al día:

Qué genial sería que te conformaras con la vida. Qué fantástico sería que la vida fuera tu mejor razón para vivir. Levantarte cada día con el único objetivo de vivir. Acostarte cada noche con la enorme satisfacción de haber vivido. Y que haciendo esto una y otra vez, pase lo que pase, nunca dejes de escribir la mejor de todas tus historias.

Este es el clímax de todo gran autor: vivir aquello que creas, escribir tu propia realidad y que el presente continuo de tu vida te convierta en el sueño de los otros.

Mi vida es una gran obra en la que nunca se repiten los capítulos. Mis constantes vitales son personas. Mi pensamiento más elaborado es mucho menos poderoso que la más sencilla de mis emociones.

 

2.- LIBERARME (moksha)

Lo segundo que hago es liberarme. Antes que explicar la teoría de cómo puedo hacerlo, prefiero describir cómo lo hago. Este es un ejemplo de una situación muy habitual en mi vida y es extrapolable a una gran cantidad de otros momentos:

Así es como respiro en la ciudad: de repente andando por la calle me detengo. Seguramente quede apenas media hora para asistir al nacimiento de un equipo. Entonces alzo la vista y suelo ver el sol. A veces cierro los ojos y dejo que me llegue. Otras veces no está y me refugio en las fuentes de los parques. Me siento y me abandono a la comprensión del agua. Permanezco atento y me libero. Al poco tiempo me incorporo y con esto me obligo a nacer de nuevo. Lo que viene después suele ser un espectáculo. Para otros. Para mí.

 

3.- ILUMINARME (satori)

La realidad es algo más que la piel humana y urbana que tú puedes tocar. En mis talleres sobre sentido común, diálogo y participación comparto la importancia de no perdernos en nuestro propio pensamiento. En una de las viejas prosas de los Upanishads el lector aprende algo:

No es tan importante aquello que ves sino lo que te hace ver. No es tan importante aquello que oyes sino lo que te hace oír. No es tan importante aquello que piensas sino lo que te hace pensar.

La palabra Upa ni-shad proviene del antiguo sánscrito y significa “sentarse más bajo que otro” y define perfectamente la actitud que adopto en la mayoría de momentos de mi vida recorriendo mi camino de interés. Esta posición mental o incluso a veces física, me ayuda en primer lugar a vaciarme de mí mismo para que puedan entrar otros y en segundo lugar a aprender de aquellos en los que yo confío mi enseñanza: las personas que me rodean a diario.

Es completamente innecesario e inútil buscar la iluminación en cualquier ámbito de la vida. Lo realmente útil es vivir. Y luego ser por ello iluminado.

 

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