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cambioMe estreno en este blog con uno de mis temas favoritos: la gestión del cambio. Y lo hago precisamente en un momento de cambio, o como a mí me gustar decir, de transformación personal. Voy a hablar, desde mi propia experiencia, de por qué, o como diríamos en coaching, para qué, no cambiamos. Nos pasa a nivel personal, pero también en las organizaciones. Durante mi etapa como CIO en una empresa del sector editorial, viví la experiencia de liderar un cambio cultural  y tuve la oportunidad de ver la incorporación al cambio de los diferentes grupos, así como la resistencia de algunas personas. Algo que observé es que suele ser bastante común hacer el cambio de palabra: decir que sí, pero a la hora de actuar, no hacerlo.

Pero, ¿qué nos pasa a la hora de afrontar una nueva situación? ¿Cómo podemos gestionar estos momentos de cambio que en la actualidad se repiten cada vez más?

Lo primero que sentimos, cuando estamos a punto de salir de nuestra zona de confort, es miedo a lo desconocido. Ese miedo, en algunas ocasiones, nos impide avanzar. Te bloquea. No te deja caminar… ¿Humm, lo reconoces, no? yo siempre pongo el ejemplo, de cuando estás en una pista de esquí y tienes que lanzarte por primera vez, pero no puedes…  hay algo que te paraliza.

¿Cómo podemos gestionar ese miedo, que no es más que una desproporción entre la amenaza y los recursos? El otro día un colega me comentaba que el miedo hay que mirarlo a la cara, reconocerlo, aceptarlo y caminar con él. Es la forma de que te deje continuar. Yo estoy de acuerdo con él.

Otra de los elementos que tenemos que tener en cuenta en los procesos de cambio es la pérdida. Tendemos a centrarnos en todo lo que perdemos, olvidando lo que vamos a ganar. En este momento, un ejercicio muy útil es hacer un cuadrante con lo bueno y malo de cada una de las situaciones, de manera que veas con perspectiva las opciones. Voy  a poner un ejemplo, con la situación cambiarse de trabajo:

¿Qué es lo bueno de   quedarme en este trabajo?

Por ejemplo: mantengo el mismo sueldo, sigo teniendo los mismos compañeros, conozco el trabajo…

¿Qué es lo bueno de dejar este trabajo?

Por ejemplo: no tener que ver más a mi déspota jefe, se me abren oportunidades nuevas…

¿Qué es lo malo de quedarme en este trabajo?

No habré probado las otras oportunidades, seguiré aguantando a mi jefe, seguiré estresada y malhumorada…

¿Qué es lo malo de dejar este trabajo?

Veré a mis compañeros menos…

Otros factores importantes en los procesos de cambio son las fases del aprendizaje y en concreto, un concepto muy útil, SER CONSCIENTEMENTE INCOMPETENTE. Recuerdo la primera vez que Belén, mi coach, me habló de este término. Ella me lo explico con un ejemplo que me pareció muy claro: cómo aprendemos a conducir.

Antes de coger un coche por primera vez en tu vida, no sabes que no sabes conducir – porque nunca lo has hecho-  eres inconscientemente incompetente.  Cuando empiezas a conducir , empiezas las primeras clases de autoescuela, sabes que no sabes conducir, eres Consciente incompetente. Ya cuando llevas horas de prácticas, llega un momento en el que sabes que sabes conducir, sabes qué tienes que hacer en cada momento, cuando cambiar de marcha… en ese caso, eres conscientemente competente. Y cuando ya llevas muchos meses conduciendo , te olvidas de que sabes conducir, eres Inconsciente incompetente.

En los procesos de cambio, en ocasiones nos cuesta aceptar que somos conscientemente incompetentes. ‘¿Cómo, qué yo no sé hacer esto?’ (en nuevo trabajo o función), ‘¿Cómo, que yo no conozco esta cultura?’ (en un nuevo país)…. El primer paso, es aceptar que esto es nuevo, no sé de esto, voy a aprenderlo.

Por último, en nuestros procesos de cambio, es útil revisar nuestras creencias, ¿qué hay detrás de ese miedo o sensación de pánico a lo desconocido? ¿Qué me pasa a mí con la incertidumbre?

Solo de ti depende ver las oportunidades que nos ofrecen los nuevos retos.

 

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