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The company men

Cartel promocional de la película The Company Men de John Wells (2010)

Cartel promocional de la película The Company Men de John Wells (2010)

Despertad y levantaos. Hoy vamos a hablar de la vida real, del corporativismo histriónico y de la incapacidad de superar el miedo cuando éste se establece como forma de gobierno y sobre todo cuando las personas que participan del drama ni siquiera son actores de reparto y ocupan sin embargo papeles protagónicos.

Primero quiero contaros una historia personal. Imaginad a un hombre consecuente que se levanta a trabajar cada día y viste uno de sus nueve trajes. Trabaja con corrección y todo el mundo está contento con su forma de lograr objetivos y beneficios. Imaginad que tiene dos títulos universitarios, dos masters en tecnología y dirección de empresas y cursos de especialización en su sector. Ha estudiado y trabajado en al menos dos trabajos y dos facultades durante los últimos 8 años. Imaginad que tiene experiencia en sector público y privado, que ha logrado trabajar en grandes firmas de consultoría y ser reconocido profesionalmente. Imaginad que vive de alquiler en una casa que ha logrado amueblar dia a dia desde el primero en el que solo dormía en un colchón. Está creciendo socialmente y su alma hambrienta ya tiene vida propia. Se alimenta de esperanza y fe en las personas; quiere ganar dinero pero no quiere tener que eliminar a nadie para hacerlo.

Imaginad que ha sido educado para triunfar en los mejores colegios desde bien pequeño. ¿Tenéis ya esa foto?. Tal vez os suene, seguramente dobléis la expectativa de cada uno de los elementos enunciados. No subestimo a mis lectores 😉 Imaginad que un bastardo que ni siquiera sabe su nombre y ha logrado escalar posiciones a base de chupar pollas y estar callado le cita a una reunión en su despacho. Imaginad que también llama a otro desgraciado para sacar el valor de tachar a una persona. Los tres, desigualmente personas, hablan de forma distendida en el despacho hasta que el gran bastardo le comunica al joven prometedor, con cartas de recomendación de clientes, que debe salir de la compañía. Imaginad ahora que ese joven en lugar de derrumbarse les da una lección de humanidad y les desea que nunca se encuentren en su situación, que el sistema es insostenible y en algún momento el hecho de que los lameculos asciendan y los trabajadores proactivos y creativos se vayan, va a suponer la quiebra del sistema. Imaginad que el joven con apenas unos años de experiencia tiene que escuchar al lacayo aventajado y altamente experimentado alegar que él ha sobrevivido a dos EREs y que no es tan trágico quedarse sin trabajo joven. Esta historia, entre otras que me ha tocado vivir, me ocurrió hace dos años. El lameculos es gerente experimentado, yo seguí creciendo en otros mundos. Amigos, la forma en la que vivimos no da más de si. Ha quebrado y rota en miles de pedazos desmenuza en su caída muchos de los valores que creíamos esenciales: respeto, lealtad, amor, esfuerzo, sacrificio, mérito.

El genial personaje Phil Woodward, antiguo ejecutivo de ventas interpretado por Chris Cooper espera su turno como una persona más para una entrevista de trabajo junto a candidatos con la mitad de años. Mensaje: no pierdas la perspectiva de las cosas, dentro de unos años, tú tendrás los suyos. No eres tan importante ni mejor que otros, simplemente alguien cree que lo eres hasta que deja de creerlo y debes volver a convencerle, cada vez con menos posibilidades.

Hoy les quiero hablar de una película que acabo de ver en mi salón. Se trata de The Company men de John Wells (2010). Un crudo y voraz testimonio del entorno laboral del neoliberalismo. Con un más que excelente guión del propio Wells, el largometraje analiza las consecuencias de que una serie de bastardos sin más principio que su lucro personal se hayan adueñado del sistema financiero. En la película, del mismo modo que ocurría en la genial Up in the air de Jason Reitman (2009), se analiza la capacidad de destrucción social del tejido empresarial, esta vez desde el punto de vista de las mismas personas que encumbraron ese modelo de gestión y ahora se ven en la calle en busca de sí mismos. Un reparto de lujo con Tommy Lee Jones, Ben Affleck, Kevin Costner, el gran secundario Chris Cooper y la enviadiable esposa Rosemarie DeWitt completa un discurso redondo. The company men es un retrato emocionalmente desgarrador y a veces cómico con grandes conversaciones que deberían invitarnos a la reflexión sobre qué consideramos éxito y qué fracaso. En la película se tratan problemas acuciantes y escandalosos de nuestra sociedad actual como la falta de respeto hacia la experiencia y los mayores; la falta de valoración, captación y retención de talento; el interés cegado a corto plazo; la sobrevalorada estima de nuestro nivel de vida en detrimento de nuestra calidad de vida y las relaciones familiares y personales que se ven afectadas por la extrema y ridícula dependencia de nuestra felicidad a nuestro entorno laboral.

Reproduzco algunas de las conversaciones para convenceros de que es una película fundamental para tí, que eres el protagonista:

En una conversación entre un director recién despedido y su cuñado, éste dice:

– El otro dia lei sobre lo que dijo tu amigo Salinger (el presidente de la compañía) en el club. Dice que ganó 700 veces más que el trabajor promedio de GTX. ¿Crees que Salinger trabaja 700 veces más que un soldador que se tiene que pasar todo el dia dentro de un tanque?

En una conversación entre el director despedido y su mujer, éste la mira a los ojos y le comenta el siguiente párrafo que refleja la débil barrera casi inexistente que separa lo que hoy tiene valor y lo que no:

– Las cosas no volverán a ir de maravilla. Estoy tratando de conseguir un empleo. Salgo todos los dias desde hace tres meses para conseguir un empleo. No me han hecho una oferta. He acudido a todos nuestros conocidos y a muchas personas que no conozco, y he rogado, he rogado, coño. Por una idea, algo. Hay miles de masters en administración ahí fuera. No tienen hipotecas, ni hijos y trabajan 90 horas a la semana pero no consiguen nada. ¿Quieres que sea honesto, Maggie? Soy un desempleado perdedor de 37 años que no puede mantener a su familia.

Durante el segundo proceso de despido masivo, el vicepresidente de la compañía, que ha levantado la empresa desde que esta tenía un solo empleado, habla con el director de RRHH. La conversación es la siguiente

– Me aseguré de que todos estos despidos fueran sometidos a escrutinio legal.

– ¿Y el ético?

– No estamos violando ninguna ley, Gene

– Creo que siempre pensé que nos regíamos por un principio más noble que ese, Paul

La siguiente conversación refleja la falta de escrúpulos y el cinismo radical al que se obliga a la sociedad para mantener un establishment moral autoimpuesto. Medio borracho, tras semanas de haber sido despedido, uno de los directivos más flamantes de la empresa, habla con el vicepresidente en una barra de un bar intentando abstraerse de su desgracia:

– Llamé a la consultora encargada de buscarte un empleo. Me han dicho que no vas alli desde hace dos semanas. ¿Qué tal si te llevo a casa?

– No puedo ir a casa. Lauren no quiere que los vecinos sepan que me despidieron asi que no puedo volver hasta las 6. También me hace llevar el maletín. ¿Viste el periódico esta mañana? Hicieron una lista de cuánto ganaron los presidentes de las compañías. ¿Sabes quien es el número 1 de la lista?. James Salinger de GTX (su mejor amigo y el hombre que les ha despedido a ambos)

Y por último, en un alarde de coherencia obligada, el director industrial le comenta al vicepresidente lo siguiente mientras tira piedras contra el edificio de su antigua empresa:

– ¿Sabes lo peor? El mundo no se detuvo. Los periódicos siguieron viniendo, los regadores se apagaron a las 6 y Jeff mi vecino todavía lava su carro cada domingo. Y mi vida terminó y nadie se dio cuenta.

Os dejo sin mencionar las mejores conversaciones y momentos para cuando veáis la película vosotros mismos. Espero que disfrutéis y podáis sacar conclusiones propias de un retrato del ritmo patético al que nos vemos obligados a responder: Más, en menos tiempo y mejor (en baremos de exigencia inhumana) sacrificando lo mejor de nosotros mismos (nuestra humanidad). Tengo claro y es la enésima vez que lo repito que las organizaciones del futuro no serán las que rompan familias o sean capaces de generar sus propios valores por encima de los personales de cada empleado, sino aquellas que marquen la diferencia sabiendo valorar y cuidar de las personas. Porque de este modo, todo el mundo querrá trabajar en ellas motivado y todo cliente querrá contar con personas en lugar de autómatas.

Suerte y sueño, amics.

Disconnect to connect

Hace poco lei en twitter «La vida es todo aquello que pasa mientras tuiteas«. A pesar de no estar de acuerdo al cien por cien con esta reflexión es cierto que cualquier obsesión será siempre lamentable en el futuro, incluso obsesionarse por conocer y estar informado. La red debe servir para comunicarnos, no para aislarnos. Nuestra perspectiva como usuarios es que se trata de una herramienta para contar y leer la vida. Este doble uso que a menudo puede hacerse de ella no tiene que distraernos. Debemos leer (y leer mucho) y debemos sobre todo vivir, experimentar, hacer de nuestra vida un método científico lo suficientemente creativo. Tenemos la obligación de relacionarnos, de aprender vertical y horizontalmente de nuestros padres y de nuestros hijos, de todo aquel que pueda aportarnos algo. Debemos tener tiempo para jugar, para reflexionar e incluso para reflexionar jugando (educación personalizada y pedagogía en red). Para que no se te olvide todo esto, cuelgo este video titulado «Desconectar para conectar» que espero que te haga dejar el móvil en el que dices que «estás rematando un gol» para que por fin te decidas a marcarlo 😉

#dinero y Conciencia global

#dinero y Conciencia global

Si tuviéramos que elegir un hashtag o un trendtopic de nuestra era, desgraciadamente no quedaría más remedio que quedarnos con la etiqueta #dinero. Está en boca de todos y no debería pervertir sino construir porque no lo inventamos para otra cosa que para ser una herramienta. Vivimos sin embargo tiempos de oscuras certidumbres. Estamos tan seguros de todo lo que hacemos que ni siquiera tropezando cien veces en la misma piedra con tamaños diferentes somos capaces de tener conciencia de nuestro error, ni siquiera aunque esas piedras adquieran la forma de deflacciones, crack del 29, crisis de las puntocom, escándalos financieros, quiebras de estados, crisis subprime, crack bursátiles continuos, fracasos sociales evidentes… Estoy tan convencido de que no podemos seguir con el mismo ritmo y las mismas reglas del juego que voy a empeñar mi vida en demostrar que nuestro modo de vida no es ya poco rentable sino completamente absurdo. Joan Melé, subdirector general de Triodos Bank, dió en mayo del año pasado una charla magistral en la que alertaba –como otros lo habían hecho antes– de la aceptada y escandalosa división entre la economía (el dinero) y la vida real; uno de los errores que más caro estamos pagando en nuestro tiempo. Joan Melé habla aquí como representante de un banco ético cuyo negocio se basa en encontrar empresas éticas y solidarias donde invertir el dinero. Entendamos su discurso humanizador desde esta perspectiva.

A lo largo de décadas de desgaste hemos conseguido desnaturalizar los procesos sociales e impedir que la economía hable -como él mismo dice- de seres humanos para hablar exclusivamente de matemática pura. Él lo explica: nos hemos ido apartando de la economía y hemos dejado las decisiones en manos de los políticos y de continuos y eventuales salvadores de la humanidad. La salvación de la humanidad eres tú, la sociedad civil, no los grandes entes de gestión. Vean este video por favor, creo que es uno de los más constructivos que he visto en los últimos tiempos. Dejo algunas citas interesantes de Joan Melé como reflexión a modo de daga contra todas esas oscuras certidumbres:

Hay que globalizar la conciencia (…) La humanidad es un organismo y cada uno de nosotros somos sus células. No es una teoría, no es un romanticismo, no es una filosofía New Age. La tierra es un ser vivo y nosotros somos su parte consciente. La diferencia entre un organismo y un mecanismo es que en el mecanismo el todo es la suma de las partes; en un organismo no. En un organismo cada parte está relacionada con el todo, cada parte es el reflejo del todo, lo que hace cada una de las células influye en el todo y cada célula necesita la totalidad para existir. Y eso lo hemos perdido en economía. Hemos separado las convicciones, los ideales, las vivencias del proceso económico

Creo que el discurso no es solo inspirador sino que además en él reside en gran medida el mensaje para el cambio constructivo. En esta línea y gracias al tweet de @schuchsny hace unos días pude conocer la infografía sobre el futuro del dinero que han preparado desde Emergence Collective y que han titulado acertadamente The future of Money: New Lenses of Wealth. En ella la innovación abierta, la transparencia en la comunicación y la cultura red son claves para la economía del futuro inmediato. Estoy de acuerdo con esta perspectiva. El valor tiene ahora nuevos atributos a los que debemos atender: es abierto, social y en red. La infografía puede descargarse a través del post. Os dejo una pequeña miniatura del diagrama de Venn resultante.

Infografía "El futuro del dinero: Nuevos objetivos de la Riqueza" realizado por www.emergence.cc/futureofmoney

 

Cultura red y cultura industrial de creación

El aguador de Sevilla, Diego de Velázquez, 1620

El aguador de Sevilla, Diego de Velázquez, 1620

Dejen que les sorprenda: estamos viviendo una revolución cultural que tiene precedentes. Aunque no comparto la forma en la que Carlos Rebato expone su ejemplo en ALT1040, el ejemplo del que habla supone una metáfora real del cambio que estamos viviendo. En su post hace referencia al cuadro de Velázquez el Aguador de Sevilla en el que se retrata un modo de vida (evito utilizar por respeto a Carlos el término “modelo de negocio”) que ha caído en desuso por la universalización del servicio de agua corriente a través del sistema de canalización y abastecimiento a poblaciones que conocemos hoy en día, o bien a través del complejo sistema logístico de distribución de agua mineral que las compañías articulan para explotar los manantiales naturales. El ejemplo me parece lo suficientemente inspirador para hacer comprender la importancia del cambio de escenario a aquellos que permanecen aún alejados de la cultura red y sumidos en un modelo productivo industrial. Tanto el cuadro como la profesión que refleja me resultan admirables. Como siempre que atendemos a nuestro pasado, tenemos muchas más cosas en común con la Sevilla del siglo XVII de las que nos gustaría creer.

A principios del siglo XVII, cuando el cuadro fue pintado, existía en Sevilla una fluida economía que contribuyó a la construcción de los más importantes edificios que actualmente conocemos. En el siglo anterior la ciudad había liderado en gran medida el crecimiento económico de toda una nación haciendo florecer industrias importantes dedicadas a la fábrica de jabón, la artesanía cerámica y el negocio de la seda. Las instituciones comerciales del sur español encontraron en la ciudad una referencia a explotar a través del río Guadalquivir cuyo empuje cedería posteriormente a favor de Cádiz. La expulsión de los moriscos en 1609 afectó al norte español pero no tanto al sur que vio incrementar su población de forma vertiginosa con la inmigración africana, canaria y la sincrética disolución social de los moriscos reconvertidos para luego sufrir una drástica reducción demográfica por la crisis económica (¿les suena?) y la peste. Efectivamente en esa época toda España, Sevilla incluida, padeció una epidemia de peste que contribuyó a diezmar la población reduciendo en un 1.500.000 habitantes la población española de aproximadamente 7.000.000 de habitantes, una población enorme para la época en aquel entonces. Aunque la población de Sevilla era elevada, se concentraba en la ciudad el grueso de la inmigración esclava que existía residualmente en la península: alrededor de 50.000 personas que supusieron el último resquicio de esclavitud antes de que su existencia pasara a ser anecdótica en el siglo XVIII. El historiador Luis de Peraza relataba en el primer tercio del siglo XVI “»Hay infinita multitud de negras y negros de todas las partes de Etiopía y Guinea, de los quales nos servimos en Sevilla y son traídos por la vía de Portugal». De esté número de habitantes, un censo eclesiástico de la época cifra en 6327 el número de esclavos de lo que podemos deducir junto con las familias moriscas (los llamados esclavos blancos) y los esclavos musulmanes, que en la época en la que vivía el aguador había gran diversidad de culturas y modos de vida diferentes en una sociedad jerarquizada y sujeta a una estructura rígida de reparto de poder. Relata Diego Ortíz de Zúñiga que «Eran en Sevilla tratados los negros con gran benignidad desde los tiempos de don Henrique Tercero, permitiéndoles juntarse a sus bailes y fiestas en los días feriados, con que acudían gustosos al trabajo y toleraban mejor el cautiverio» por lo que si damos fe a este testimonio dentro de la diversidad y la férrea estructura de esclavismo (debemos contextualizar) había un respeto escrupuloso hacia la condición de algunos esclavos si bien otros eran denigrados tras la subasta en las gradas exteriores de la Catedral de Sevilla. Dada la época y como bien señala Alma Mater Hispalense el medio más apto para la integración era la religión por lo que muchos de estos esclavos se integraron en la sociedad con la normalidad que les era permitida a través de cofradías y hermandades.

Mulata en la cocina, Diego de Velázquez, 1620

Mulata en la cocina, Diego de Velázquez, 1620

Otro cuadro de Velázquez, Mulata en la cocina, refleja la presencia de esclavos negros en las casas pudientes sevillanas cuya relación incestuosa con sus amos daba lugar a los mulatos. Estos mismos esclavos servían el agua a sus señores cerrando el círculo de la discriminización social de la que también participaba el negocio de la distribución de agua. Era pues una sociedad mestiza que inconscientemente y fruto de el clasismo de sus ciudadanos fomentaba la aparición de elementos sociológicos diferenciadores de forma totalmente natural y sin solución de control o tutelaje.

Todos ellos tenían que convivir mediante modos de vida muy diversos. Entre ellos y dado el inexistente servicio de canalización de agua potable exenta de enfermedad (tifus, catarro, peste atlántica), el aguador tenía un papel clave. Era una profesión respetada y fundamental para la vida diaria de una ciudad tan grande como Sevilla, abastecía a las casas pudientes y en menor medida (con pequeñas dosis a precios a menudo abusivos para tratarse de un bien de primera necesidad) a la gran cantidad de hogares que se encontraban a medio camino entre la casta mendicante (elevada y sin derechos de acceso salvo caridad) y la casta noble (privilegiada y que acaparaba el poder). Esta profesión fue poco a poco quedando en desuso hasta que en el siglo XVIII y ya a principios del siglo XIX la ciudad contó con una red de suministro de agua potable en cada hogar de la ciudad sin distinción de clase o condición. El hecho de que una nueva forma de abastecer a la población diera paso a un control eficiente de la potabilidad del agua evitando enfermedades y pasando de una logística de barrio a una logística metropolitana, tiene cierta similitud con el proceso de democratización de la creación y autoría de contenidos en la actualidad. Nadie de los que consumió agua a través del grifo de su cocina quiso menospreciar el admirable trabajo de varias generaciones de aguadores en pro de la salud pública de los habitantes, simplemente se trataba de un nuevo escenario gracias a tecnologías novedosas de distribución de agua que favorecían a todos, incluso a los aguadores que supieron reciclar su negocio y montar pequeñas flotas de distribución de agua embotellada para los más exquisitos.

Quiero extrapolar con vosotros esta bella lectura de la historia a nuestro momento actual: No se trataba de criticar un cambio en el abastecimiento de agua (cultura) sino en hacer fluir ese agua (cultura) a cada ciudadano que necesitara beber (consumir cultura) para saciar su sed (generar conocimiento) y con ello evitar el enquistamiento y el acceso restringido y controlado de las élites sociales (industria de la cultura) al agua (la cultura). La riqueza multicultural (riqueza en la creación y consumo de formas diferentes de conocimiento) unida a la decadencia hegemónica española (crisis económica pr
ovocada por los mercados financieros actuales), confiere a los cuadros de Velázquez esa pátina de genialidad que retrata la cruda y meridiana realidad (cruda y meridiana realidad actual) de la España y los modos de vida de la época, como es el caso de la profesión de aguador (industria cultural) en decadencia. El cuadro reflejaba una época en la que un mediador (el aguador/industria cultural) suministraba agua potable (conocimiento/cultura) a aquellos que podían permitirse el lujo de pagarla (de pagar CDs, royalties, derechos,…). Tampoco se trataba de que los generadores del agua (cultura) que sacaban y explotaban los pozos minerales (autores sujetos a propiedad intelectual) no fueran reconocidos por su trabajo ya que simplemente se cambiaba la cadena de reconocimiento de valor de la época anterior a una nueva cadena que fomentaba la distribución del agua (cultura) entre los habitantes y pagaba también por ello pero de una forma novedosa a los generadores de esa agua (autores). Claro que siempre había gente que acudía a los manantiales por la noche (crackers) a robar el agua o las carrozas que portaban las tinajas (películas de estreno o discos de moda) para ser consumidas sin pago de tasas. También en Sevilla existían personas que reclamaban que el agua era un bien común (procomún) y que el acceso debería ser universal, del mismo modo que en Aranjuez pocos años más tarde la población enfervorecida reclamaba el pan para vivir.

Cuando existe un cambio cultural, que no teman los autores (generadores de conocimiento/agua) cuando los mediadores (que siempre han sacado su parte del negocio a menudo explotando de una forma poco ética su papel de facilitadores entre partes) pretendan elevar su voz y provocar la alarma, porque  nada miran por la preservación y difusión del agua (cultura) sino por sus propios intereses. Si eres autor, sigue creando y pon en valor tu trabajo sin necesidad de que las masas sean bombardeadas con él para consumirlo no por su valor sino por la voluntad de quienes quieren distribuir según qué cosas. Que tu derecho a crear y ser reconocido nunca choque con mi derecho a consumir la información y el contenido libremente sin necesidad de que se exhalte y se encumbre a unos pocos por encima de la mayoría creadora. Que tampoco tema ningún gobierno que quiera representar la voluntad popular y cubrir las expectativas y necesidades de su pueblo, porque primar el beneficio de unos pocos (repartir el agua entre las casas nobles mientras otros que no tienen acceso al agua sustentan con su trabajo esas mismas casas) nunca redundará en la mejora del concepto de ciudadanía ni en la pluralidad y riqueza culturales.

Sobre esta base, hablaremos de nuevos modelos de vida y de consumo adaptados a las necesidades e intereses que mejoren nuestra libertad con formatos más justos y equitativos, pero sin esta base común no hay diálogo posible. Vemos a diario a grandes expertos perdidos en el mundo de la red, un mundo nuevo que cambia por completo su ajedrez con nuevas reglas. Pero es un mundo meritocrático, en el que cabemos todos, en el que los que delinquen (de verdad) son condenados y los que poseen valor serán valorados. Es el mismo mundo, nada cambia salvo el medio y los canales, adaptémonos para llegar más lejos.

Enlaces relacionados:

Evolución de la población española en la época precensal (Wikipedia)

Los esclavos en la Sevilla del siglo XVI (Alma mater hispalense)

Un nuevo ritmo social

Este post está dedicado a Michael Moore, quien ha depositado 20.000 de los 283.000 $ impuestos por la fiscalía británica como financia para la libertad de Julian Assange, y quien siempre me ha hecho pensar en lugar de no hacerlo cuando realmente he tenido ambas opciones

El ciclista Alberto Contador vestido con el maillot amarillo me hizo disfrutar sus victorias en el Tour, no solo en la vuelta sino en cada una de sus etapas

Tenemos un problema si después de todo lo que ha llovido realmente consideramos que los sistemas financiero y político actuales (tal y como se entienden desde el modelo liberal actual) son suficiente garantía de control sobre los abusos de poder de una minoría privilegiada que no rinde tributo moral a nadie. El establishment actual no funciona, es cíclicamente ruinoso, analíticamente imprevisible y extramadamente difícil de controlar. Tal vez no podamos evitar los dos primeros males de la oración anterior pero podemos ayudar a ejecutar de una forma más eficiente y responsable el tercero. La tendencia a demonizar nuevos comportamientos sociales que rompen con el sistema de clases y basan su funcionamiento en asumir y repartir responsabilidades entre todos, es cada vez mayor y me preocupa. Muchos de los argumentos esgrimidos por los detractores del poder distribuido se basan en la incapacidad de la masa social para controlarse por sí misma. La autogestión, el aprendizaje colaborativo, las redes sociales y la comunicación instantánea suponen nuevos problemas y abren nuevos caminos a explorar que deberemos regular pero sobre todo comportan enormes ventajas para la ciudadanía. Ésta aprenderá a participar de las decisiones que la afectan o regresará obligada por la plutocracia a un estado de castas en el que solo sea lícito sobrevivir y no vivir. La  falta de participación social en la mayor parte de países occidentales, salvo raras y repentinas revoluciones admirables, me ha hecho recapacitar sobre la oportunidad perdida de un mundo artiicialmente avanzado. Tardaremos más o menos pero nuestro tiempo, ahora escaso (escribo este post tras una larga jornada de trabajo) cada vez será menos valioso cuanto más rápido queramos consumirlo. Un cambio de ritmo disruptivo, inesperado e inteligentemente orquestado, suele dar la victoria a los corredores de fondo y los ciclistas a los que siempre he admirado por su afán de superación y resistencia a largo plazo. Se me quedaban cortos los grandes logros de atletas que corrían los 100 metros, su estrategia aunque robusta y bien medida en apenas decenas de segundos solo daba resultados fugaces que me resultaban dificilmente disfrutables.

En medio de una crisis del deporte español ante los escándalos de Alberto Contador y Marta Domínguez sobre los que ninguno salvo la justicia debemos pronunciarnos, me ha dado por pensar. Pensar que si algunos han logrado alguna vez como Marion Jones ganar grandes medallas gracias a pequeñas trampas,  la miel de su éxito ha sido despreciada a la larga por cada uno de ellos o por sus propios seguidores. Está claro que podemos ir más rápido hasta desfallecer en una lucha inhumana contra nuestras naturaleza, pero nada hay en todo ello que sea sostenible, nada hay en ello que me haga ver a una civilización avanzada más respetable que algunos animales que se pelean entre sí hasta la muerte. Siempre hemos ido rápido y tendido a primar el tiempo de respuesta; ¿Qué tal si ahora valoramos y premiamos las respuestas?. Wikileaks es una respuesta a una pregunta incesantemente repetida: ¿Sois capaces de aguantar más o aún

Openleaks.org es la iniciativa que Daniel Domscheit-Berg, co-impulsor de wikileaks lanzará el lunes para terror de los aterrados

Podemos entender el fenómeno wikileaks, openleaks,… como un paradigma pero también podemos entenderlo como un nuevo formato de sensacionalismo como me han señalado algunos amigos en otros foros. Personalmente creo que ambas opciones son reveladoras por encima del debate. En cualquiera de los dos casos la utilidad de la información es evidente para no repetir ni imitar errores del pasado. El hecho de que una organización ajena a las instituciones tenga capacidad de control sobre las mismas instituciones que han dictado las leyes a cumplir, personalmente me parece algo democráticamente saludable y regenerador. Nuestro sistema es imperfecto, no debemos pretender otra cosa que evitar las injusticias, y aún más allá de lo que otros (incluso nuestras leyes) consideran injusticias, no debemos premiar a quienes firman constituciones y tratados con la misma mano con la que arremeten contra el sistema que en la ignorancia de esta doble moral les ha encumbrado. Los gobernantes no controlan, los gobernantes gobiernan. Es nuestra tarea como sociedad civil controlarles hasta la última de las consecuencias razonables. Me preguntan en otro foro quién decide cuando el ejercicio de poder es «lícito» o «ilícito». Lo decides tú y lo decidimos cada uno de nosotros, así debería ser y si no lo es, hay que cambiarlo. De tu nómina mensual y de tu esfuerzo se deduce la cuota que pagas a la sociedad para que siga existiendo y se construya. Pagamos un importe tanto o mucho más elevado por pertenecer a este colectivo (la sociedad) de lo que pagas o pagamos por ser socios de otros colectivos mucho menores (empresas) y a los que sí exigimos reportes y responsabilidades constantes hasta -créanme- lo insoportable. Si para esto último exiges la mayor de las transparencias, ¿qué no habrás de exigir para un colectivo por el que seguramente pagues más y en el que tus propios hijos crecerán?. Actitudes como la expuesta en la iniciativa AIR2010 intentan solventar esta brecha entre nuestra disposición para asumir responsabilidades inmediatas (cortoplacistas) y nuestra falta de motivación para asumir responsabilidades sostenibles para todos. El social confirming intenta que las empresas respondan del retorno de inversión que la sociedad por medio de ciudadanos y recursos invierte en ellas. En cierto sentido las bajas que se han producido en PayPal por la presión ejercida contra Wikileaks han sido un ejemplo de social confirming. Es un concepto que Manolo Recio, consejero de empleo de la Junta de Andalucia, explica muy bien en este video.

Por otro lado todos tenemos secretos inconfesables que son la esencia de nuestra propia vida y aportan a nuestra naturaleza el atractivo que en la mayor parte de ocasiones está ausente. Yo digo que cada uno de nosotros debemos preservarlos como un patrimonio de la humanidad individual e intransferible, conservarlos al menos hasta que no nos avergüencen y si nunca nos entra la vergüenza que otros hagan lo posible para que nos pongamos rojos de vez en cuando. No es algo insoportable, ha sido la base de la mayor parte de civilizaciones pero nunca hemos tenido la oportunidad de que sea tan decisivo como en el presente. Que nuestro miedo por expresar nuestros temores y opiniones equivocadas -ese miedo que es la base de las sociedades libres- no nos reste la capacidad de respirar de vez en cuando. Que este hecho no reduzca un ápice la importancia de no perder la fe en las posibilidades del conjunto de la sociedad y no solo de sus instituciones. Sobre todo porque quiero convencerte de que tú –aunque no saques pliegos a concurso público ni me multes por infracciones tan grandes como posts– eres una institución muy respetable. Uno a uno somos respetables pero 1+1+1+… aún más respetables.

Vivimos en un halo de seguridad impuesto que virtualmente nos garantiza que todo es estable y nada nos resultará excesivamente perjudicial salvo que nuestra capacidad de sacrificio sea mayor que nuestro decoro. El sentido de Estado no debe estar en nuestros presidentes del gobierno, jefes de Estado o primeros ministros; no hay rey ni sangre que soporte tal peso sobre sus espaldas. Sin el sentido de Estado que subyace en cada acción que realizamos desde que nos levantamos de la cama hasta que volvemos a ella (quién la pillara ahora), nada tendría sentido. El sentido de Estado, la identidad y pertenencia a un grupo y a unos intereses aún mayores que los propios es lo que nos ha hecho llegar hasta donde estamos. El lema de wikileaks es «Keep us strong»: Haznos (a todos nosotros) más fuertes. No idealicemos a Julian Assange pero sepamos extraer lecciones de su esfuerzo. Dos fuerzas tiran de la misma cuerda: la primera intenta delegar con control y eficacia, la segunda delega porque simplemente está cansada. ¿Qué lado de la cuerda creéis que se impondrá?