Si tuviéramos que elegir un hashtag o un trendtopic de nuestra era, desgraciadamente no quedaría más remedio que quedarnos con la etiqueta #dinero. Está en boca de todos y no debería pervertir sino construir porque no lo inventamos para otra cosa que para ser una herramienta. Vivimos sin embargo tiempos de oscuras certidumbres. Estamos tan seguros de todo lo que hacemos que ni siquiera tropezando cien veces en la misma piedra con tamaños diferentes somos capaces de tener conciencia de nuestro error, ni siquiera aunque esas piedras adquieran la forma de deflacciones, crack del 29, crisis de las puntocom, escándalos financieros, quiebras de estados, crisis subprime, crack bursátiles continuos, fracasos sociales evidentes… Estoy tan convencido de que no podemos seguir con el mismo ritmo y las mismas reglas del juego que voy a empeñar mi vida en demostrar que nuestro modo de vida no es ya poco rentable sino completamente absurdo. Joan Melé, subdirector general de Triodos Bank, dió en mayo del año pasado una charla magistral en la que alertaba –como otros lo habían hecho antes– de la aceptada y escandalosa división entre la economía (el dinero) y la vida real; uno de los errores que más caro estamos pagando en nuestro tiempo. Joan Melé habla aquí como representante de un banco ético cuyo negocio se basa en encontrar empresas éticas y solidarias donde invertir el dinero. Entendamos su discurso humanizador desde esta perspectiva.
A lo largo de décadas de desgaste hemos conseguido desnaturalizar los procesos sociales e impedir que la economía hable -como él mismo dice- de seres humanos para hablar exclusivamente de matemática pura. Él lo explica: nos hemos ido apartando de la economía y hemos dejado las decisiones en manos de los políticos y de continuos y eventuales salvadores de la humanidad. La salvación de la humanidad eres tú, la sociedad civil, no los grandes entes de gestión. Vean este video por favor, creo que es uno de los más constructivos que he visto en los últimos tiempos. Dejo algunas citas interesantes de Joan Melé como reflexión a modo de daga contra todas esas oscuras certidumbres:
Hay que globalizar la conciencia (…) La humanidad es un organismo y cada uno de nosotros somos sus células. No es una teoría, no es un romanticismo, no es una filosofía New Age. La tierra es un ser vivo y nosotros somos su parte consciente. La diferencia entre un organismo y un mecanismo es que en el mecanismo el todo es la suma de las partes; en un organismo no. En un organismo cada parte está relacionada con el todo, cada parte es el reflejo del todo, lo que hace cada una de las células influye en el todo y cada célula necesita la totalidad para existir. Y eso lo hemos perdido en economía. Hemos separado las convicciones, los ideales, las vivencias del proceso económico
Creo que el discurso no es solo inspirador sino que además en él reside en gran medida el mensaje para el cambio constructivo. En esta línea y gracias al tweet de @schuchsny hace unos días pude conocer la infografía sobre el futuro del dinero que han preparado desde Emergence Collective y que han titulado acertadamente The future of Money: New Lenses of Wealth. En ella la innovación abierta, la transparencia en la comunicación y la cultura red son claves para la economía del futuro inmediato. Estoy de acuerdo con esta perspectiva. El valor tiene ahora nuevos atributos a los que debemos atender: es abierto, social y en red. La infografía puede descargarse a través del post. Os dejo una pequeña miniatura del diagrama de Venn resultante.
Infografía "El futuro del dinero: Nuevos objetivos de la Riqueza" realizado por www.emergence.cc/futureofmoney
Édición de Siruela (2009) que reune "La Orden de Caballería", Anónimo y "Libro de la Orden de Caballería" de Ramón Llul
Allá por el siglo XIII de la era occidental, Ramón Llul (1235-1325) escribió el «Libro de la Orden de caballería». En él desde una perspectiva cristiana muy ceñida al proceso de reconquista de la España medieval, describe «los derechos y obligaciones del caballero y le impone los objetivos de desplegar el honor cristiano y la nobleza de espíritu, de los que se sigue la observancia de una estricta piedad» (1) lo que sin duda la convierte según Javier Martín Lalanda, doctor en Filología y titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Salamanca, en el «auténtico tratado sobre el significado y los orígenes de la condición del caballero«. Os recomiendo si tenéis algo de tiempo la lectura del estudio historiográfico de Martín Lalanda y del texto literal del que parte la idea de este artículo.
Lo que os propongo ahora es conformar un tratado de idéntica magnitud y calado que sea capaz de reflejar el nuevo orden de caballería de la cultura red, esa cultura de la participación activa y efectiva y de la colaboración por encima de cualquier barrera que está cambiando nuestras vidas. Algo así como un compendio de virtudes y máximas que nos ayude a difundir los principios del nuevo paradigma que ha modificado por completo nuestro modo de relacionarnos y comprender el mundo gracias a los principios de la sociedad de la información sobre los que muchos hemos teorizado. La cultura red tiene filosofía y principios propios y está basada en valores constructivos que dan voz a cada actor/usuario/ciudadano/bloguero de un mundo conectado, fortaleciendo sus derechos y deberes para una sociedad algo más justa y habitable.
Nuestro libro de la Orden de caballería red debería tener una estructura consensuada de la que participemos todos puesto que todos aportamos valor y sobre la base de la colaboración y la comunicación transparente estamos construyendo un futuro mejor en cada post y tweet y en cada nodo de red que nace en otro punto del planeta. Mi propuesta de comienzo sería adaptar el prólogo de Ramón Llul para darle el carácter elevado y distinguido que toda la revolución 2.0 se merece. Algo así:
«A semejanza de los siete planetas, que son cuerpos celestes y gobiernan y ordenan los cuerpos terrenales, dividimos este Libro de la Ordén de Caballería Red en siete partes, para demostrar que l@s cabeller@s tienen honor y señoría sobre el pueblo para ordenarlo y defenderlo (puesto que ellos son el pueblo). La primera parte trata del principio de la caballería en red (cómo nació la cultura red y cómo la tecnología e individuos conectados fueron capaces de lograr su nacimiento). La segunda, del oficio del caballer@ en red (sensibilización, pautas suele cumplir y los diferentes perfiles/actores en el mundo red). La tercera, del exámen que debe hacerse al escudero cuando quiere entrar en la orden la caballería en red (qué debe hacer o qué prejuicios debe superar alguien que no conoce la red o no entiende sus modelos de trabajo o de negocio para poder formar parte de un mundo conectado, qué competencias digitales debe adquirir). La cuarta, del modo como debe ser armado el caballer@ en red (explicando la completa autonomía de un escudero para entrar en la red y cómo su mérito, esfuerzo y trabajo y no agentes externos pueden convertirle en caballer@ en red) . La quinta, de lo que significan las armas del caballer@ en red (las herramientas de colaboración, el aprendizaje social, las herramientas de ejercicio del derecho público a la libre expresión y los códigos de participación social y transparencia pública con permiso de Dolors Reig). La sexta, de las costumbres que son propias del caballero en red (su modo de vida, su papel en la sociedad y sus ventajas). La séptima, del honor que otros caballeros en red y el resto del pueblo debe al caballero en red (explicando en qué consiste el honor y el prestigio de un caballer@ en red y cómo puede valorarse su nombre o su marca personal con permiso de Andrés Pérez Ortega)
¿Qué os parece la idea? Creo que sería una buena oportunidad para explicar al mundo quienes somos esos seres raros continuamente conectados que tienen fe en un mundo y una cultura sostenibles. Hacedme saber impresiones bien en twitter (@vorpalina) o bien a través de comentarios o correos. A pesar de que siempre ando liado cambiando el mundo, esta es una más de las tareas para hacerlo así que yo me encargaría de redactar el tratado y de colgarlo bajo creative commons recopilando aportaciones. Creo para ello el hashtag #caballeriared en twitter.
Notas:
(1) Fuente: Wikipedia
(2) Fuente: Libro de la Orden de Caballería, Ramón Llul; ed. y trad. Javier Martín lalanda: Biblioteca Medieval XXI Ediciones Siruela, 2009, ISBN 978-84-9841-272-7)
Dejen que les sorprenda: estamos viviendo una revolución cultural que tiene precedentes. Aunque no comparto la forma en la que Carlos Rebato expone su ejemplo en ALT1040, el ejemplo del que habla supone una metáfora real del cambio que estamos viviendo. En su post hace referencia al cuadro de Velázquez el Aguador de Sevilla en el que se retrata un modo de vida (evito utilizar por respeto a Carlos el término “modelo de negocio”) que ha caído en desuso por la universalización del servicio de agua corriente a través del sistema de canalización y abastecimiento a poblaciones que conocemos hoy en día, o bien a través del complejo sistema logístico de distribución de agua mineral que las compañías articulan para explotar los manantiales naturales. El ejemplo me parece lo suficientemente inspirador para hacer comprender la importancia del cambio de escenario a aquellos que permanecen aún alejados de la cultura red y sumidos en un modelo productivo industrial. Tanto el cuadro como la profesión que refleja me resultan admirables. Como siempre que atendemos a nuestro pasado, tenemos muchas más cosas en común con la Sevilla del siglo XVII de las que nos gustaría creer.
A principios del siglo XVII, cuando el cuadro fue pintado, existía en Sevilla una fluida economía que contribuyó a la construcción de los más importantes edificios que actualmente conocemos. En el siglo anterior la ciudad había liderado en gran medida el crecimiento económico de toda una nación haciendo florecer industrias importantes dedicadas a la fábrica de jabón, la artesanía cerámica y el negocio de la seda. Las instituciones comerciales del sur español encontraron en la ciudad una referencia a explotar a través del río Guadalquivir cuyo empuje cedería posteriormente a favor de Cádiz. La expulsión de los moriscos en 1609 afectó al norte español pero no tanto al sur que vio incrementar su población de forma vertiginosa con la inmigración africana, canaria y la sincrética disolución social de los moriscos reconvertidos para luego sufrir una drástica reducción demográfica por la crisis económica (¿les suena?) y la peste. Efectivamente en esa época toda España, Sevilla incluida, padeció una epidemia de peste que contribuyó a diezmar la población reduciendo en un 1.500.000 habitantes la población española de aproximadamente 7.000.000 de habitantes, una población enorme para la época en aquel entonces. Aunque la población de Sevilla era elevada, se concentraba en la ciudad el grueso de la inmigración esclava que existía residualmente en la península: alrededor de 50.000 personas que supusieron el último resquicio de esclavitud antes de que su existencia pasara a ser anecdótica en el siglo XVIII. El historiador Luis de Peraza relataba en el primer tercio del siglo XVI “»Hay infinita multitud de negras y negros de todas las partes de Etiopía y Guinea, de los quales nos servimos en Sevilla y son traídos por la vía de Portugal». De esté número de habitantes, un censo eclesiástico de la época cifra en 6327 el número de esclavos de lo que podemos deducir junto con las familias moriscas (los llamados esclavos blancos) y los esclavos musulmanes, que en la época en la que vivía el aguador había gran diversidad de culturas y modos de vida diferentes en una sociedad jerarquizada y sujeta a una estructura rígida de reparto de poder. Relata Diego Ortíz de Zúñiga que «Eran en Sevilla tratados los negros con gran benignidad desde los tiempos de don Henrique Tercero, permitiéndoles juntarse a sus bailes y fiestas en los días feriados, con que acudían gustosos al trabajo y toleraban mejor el cautiverio» por lo que si damos fe a este testimonio dentro de la diversidad y la férrea estructura de esclavismo (debemos contextualizar) había un respeto escrupuloso hacia la condición de algunos esclavos si bien otros eran denigrados tras la subasta en las gradas exteriores de la Catedral de Sevilla. Dada la época y como bien señala Alma Mater Hispalense el medio más apto para la integración era la religión por lo que muchos de estos esclavos se integraron en la sociedad con la normalidad que les era permitida a través de cofradías y hermandades.
Mulata en la cocina, Diego de Velázquez, 1620
Otro cuadro de Velázquez, Mulata en la cocina, refleja la presencia de esclavos negros en las casas pudientes sevillanas cuya relación incestuosa con sus amos daba lugar a los mulatos. Estos mismos esclavos servían el agua a sus señores cerrando el círculo de la discriminización social de la que también participaba el negocio de la distribución de agua. Era pues una sociedad mestiza que inconscientemente y fruto de el clasismo de sus ciudadanos fomentaba la aparición de elementos sociológicos diferenciadores de forma totalmente natural y sin solución de control o tutelaje.
Todos ellos tenían que convivir mediante modos de vida muy diversos. Entre ellos y dado el inexistente servicio de canalización de agua potable exenta de enfermedad (tifus, catarro, peste atlántica), el aguador tenía un papel clave. Era una profesión respetada y fundamental para la vida diaria de una ciudad tan grande como Sevilla, abastecía a las casas pudientes y en menor medida (con pequeñas dosis a precios a menudo abusivos para tratarse de un bien de primera necesidad) a la gran cantidad de hogares que se encontraban a medio camino entre la casta mendicante (elevada y sin derechos de acceso salvo caridad) y la casta noble (privilegiada y que acaparaba el poder). Esta profesión fue poco a poco quedando en desuso hasta que en el siglo XVIII y ya a principios del siglo XIX la ciudad contó con una red de suministro de agua potable en cada hogar de la ciudad sin distinción de clase o condición. El hecho de que una nueva forma de abastecer a la población diera paso a un control eficiente de la potabilidad del agua evitando enfermedades y pasando de una logística de barrio a una logística metropolitana, tiene cierta similitud con el proceso de democratización de la creación y autoría de contenidos en la actualidad. Nadie de los que consumió agua a través del grifo de su cocina quiso menospreciar el admirable trabajo de varias generaciones de aguadores en pro de la salud pública de los habitantes, simplemente se trataba de un nuevo escenario gracias a tecnologías novedosas de distribución de agua que favorecían a todos, incluso a los aguadores que supieron reciclar su negocio y montar pequeñas flotas de distribución de agua embotellada para los más exquisitos.
Quiero extrapolar con vosotros esta bella lectura de la historia a nuestro momento actual: No se trataba de criticar un cambio en el abastecimiento de agua (cultura) sino en hacer fluir ese agua (cultura) a cada ciudadano que necesitara beber (consumir cultura) para saciar su sed (generar conocimiento) y con ello evitar el enquistamiento y el acceso restringido y controlado de las élites sociales (industria de la cultura) al agua (la cultura). La riqueza multicultural (riqueza en la creación y consumo de formas diferentes de conocimiento) unida a la decadencia hegemónica española (crisis económica pr
ovocada por los mercados financieros actuales), confiere a los cuadros de Velázquez esa pátina de genialidad que retrata la cruda y meridiana realidad (cruda y meridiana realidad actual) de la España y los modos de vida de la época, como es el caso de la profesión de aguador (industria cultural) en decadencia. El cuadro reflejaba una época en la que un mediador (el aguador/industria cultural) suministraba agua potable (conocimiento/cultura) a aquellos que podían permitirse el lujo de pagarla (de pagar CDs, royalties, derechos,…). Tampoco se trataba de que los generadores del agua (cultura) que sacaban y explotaban los pozos minerales (autores sujetos a propiedad intelectual) no fueran reconocidos por su trabajo ya que simplemente se cambiaba la cadena de reconocimiento de valor de la época anterior a una nueva cadena que fomentaba la distribución del agua (cultura) entre los habitantes y pagaba también por ello pero de una forma novedosa a los generadores de esa agua (autores). Claro que siempre había gente que acudía a los manantiales por la noche (crackers) a robar el agua o las carrozas que portaban las tinajas (películas de estreno o discos de moda) para ser consumidas sin pago de tasas. También en Sevilla existían personas que reclamaban que el agua era un bien común (procomún) y que el acceso debería ser universal, del mismo modo que en Aranjuez pocos años más tarde la población enfervorecida reclamaba el pan para vivir.
Cuando existe un cambio cultural, que no teman los autores (generadores de conocimiento/agua) cuando los mediadores (que siempre han sacado su parte del negocio a menudo explotando de una forma poco ética su papel de facilitadores entre partes) pretendan elevar su voz y provocar la alarma, porque nada miran por la preservación y difusión del agua (cultura) sino por sus propios intereses. Si eres autor, sigue creando y pon en valor tu trabajo sin necesidad de que las masas sean bombardeadas con él para consumirlo no por su valor sino por la voluntad de quienes quieren distribuir según qué cosas. Que tu derecho a crear y ser reconocido nunca choque con mi derecho a consumir la información y el contenido libremente sin necesidad de que se exhalte y se encumbre a unos pocos por encima de la mayoría creadora. Que tampoco tema ningún gobierno que quiera representar la voluntad popular y cubrir las expectativas y necesidades de su pueblo, porque primar el beneficio de unos pocos (repartir el agua entre las casas nobles mientras otros que no tienen acceso al agua sustentan con su trabajo esas mismas casas) nunca redundará en la mejora del concepto de ciudadanía ni en la pluralidad y riqueza culturales.
Sobre esta base, hablaremos de nuevos modelos de vida y de consumo adaptados a las necesidades e intereses que mejoren nuestra libertad con formatos más justos y equitativos, pero sin esta base común no hay diálogo posible. Vemos a diario a grandes expertos perdidos en el mundo de la red, un mundo nuevo que cambia por completo su ajedrez con nuevas reglas. Pero es un mundo meritocrático, en el que cabemos todos, en el que los que delinquen (de verdad) son condenados y los que poseen valor serán valorados. Es el mismo mundo, nada cambia salvo el medio y los canales, adaptémonos para llegar más lejos.
No te impongas objetivos poco razonables. No está en juego solo el pan que comes sino tu felicidad y la continuidad del suelo en el que pisas.
Hay algo sorprendente y digno de reflexión en el hecho de que cada vez estemos más conectados y dependamos cada vez de menos intermediarios.
Intermediario en la sociedad 1.0 es toda aquella persona u organización de personas que ayudaban a conectar a un nodo con otros nodos potenciales por medio de lo que denomino estrategias de delegación. Para ejercer nuestro papel de autores de ideas, contenidos, opiniones, voces… dentro de una comunidad (cualquiera que fuera su tamaño) estábamos acostumbrados a delegar en otros la evaluación y selección de lo que se consideraba importante o digno de mención. Desde libros y películas de cine hasta líderes de opinión y de gobierno o corrientes de pensamiento. Todo ello ha sido movido tradicionalmente por grupos de presión políticos, empresariales o sectarios que han fomentado de una manera u otra un clima de generación autoinducida de minorías étnicas, sociales o ideológicas. Nos habíamos habituado a un estado analítico de hipnosis donde no eramos responsables directos de nuestras ideas o decisiones imbuidos en mentes maleables al abrigo de marcas, símbolos o misteriosas y abstractas plutocracias. No es que todo esto haya cambiado, es simplemente que la eliminación paulatina de intermediarios tradicionales y una mejora en la conexión entre los nodos facilita un mejor control de las fuerzas e instituciones que son tan necesarias. Y este control ya no lo ejerce un organismo ajeno, sino nosotros mismos. En la sociedad red pasamos de delegar a participar y tener voz en aquello que nos afecta, desde una compra de un jugador de fútbol por el club del que somos seguidores hasta una crisis inducida por otros que colapsa y cierra el espacio aéreo en el cual todos nos movemos. Tenemos voz.
El intermediario en la sociedad 2.0 pasa a ser facilitador si desea sobrevivir. Deja de controlar para favorecer, deja de abusar de su condición para beneficiarnos por su condición, abandona el discurso de la abstracción de poder por el de la identificación de oportunidades beneficiosas para una amplia red de población (nodos). Hace todo esto porque asume que su papel aunque fundamental ya no es prioritario porque lo realmente importante es que existan esos nodos o fuentes de conocimiento capaces de interactuar. La sinergia genera la energía, es el motor verdadero pero no hay sinergia sin una identidad de nodo. Tú eres un nodo, lees este post y te ocupas de informarte, de estar conectado con tu realidad inmediata. Otros te facilitan esa labor, te otorgan la responsabilidad de estar en red, de ser un animal social. Pero ni te coartan ni te limitan porque un facilitador que conoce su ventaja, que está posicionado, sabe que imponer limitaciones es parte de una cultura en agonía que ha generado grandes quiebras y milagros a partes desiguales, siempre basados en una inestabilidad tutelada cuyos valores decidian otros. Y esta situación ha tocado techo, ya no es tan importante lo que escondemos como lo que demostramos ser (meritocracia), ya importa menos el manejo adecuado y diligente de un doble discurso (diplomacia) como la coherencia de nuestro mensaje y actitud con respecto a nuestro entorno. Esto último es lo que nos da capacidad para crecer junto a los otros y no por encima de los otros.
En la revolución TU.0 la clave eres tú y la medida en que ejerzas tu papel (padre, hijo, autor, lector, usuario, consumidor, empleado, empleador,…) en cada uno de los estratos que te condicionan. El éxito de la sociedad red es mantener la transferencia fluida de conocimiento lejos de intereses comerciales ajenos a los intereses personales. Las organizaciones exitosas del futuro (y del presente) serán y son aquellas capaces de captar necesidades de forma instantanea y transformar su estructura y patrones de conducta y trabajo para satisfacer la necesidad de uno solo de esos nodos: Tú. Sumado a otros, el poder asociativo del conocimiento que eres capaz de transmitir es el valor más productivo jamás soñado por ninguna civilización. Esta actitud red es extrapolable a ecosistemas inmediatos. Del mismo que sirve para generar valor a gran escala, en tu familia o en tu grupo de trabajo, en tus amigos tanto como en la escuela y en la calle, nos hace fuertes y lo que es más importante: nos convierte en una especie sostenible. En la sociedad 1.0 lo importante es el YO, en la sociedad 2.0 lo importante eres TÚ y en esa nueva sociedad TU.0 tu valor radica en la influencia, difusión y calidad de tus ideas. Recuerda que no hay un hombre igual a otro y que la democracia es la ilusión sostenida que nos permite vivir con dignidad, pero no idealices ni pongas esperanzas en la humanidad porque a cada paso y en cada cambio la esperanza verdadera de los hombres hoy, ahora eres TÚ y tu capacidad para cambiar una suma infinita y contagiosa de las pequeñas cosas. En el espacio común e imperturbable de tu pecho, latiendo ideas como una mente insomne está esa última esperanza. Porque más allá de las fronteras interpuestas por los otros, de tu puesto de trabajo y tu oficina, de tu realidad que atenaza y disminuye, está una patria común que fortaleces llamada «entendimiento». Porque como bien dice el poema del viejo Jorge Luis, «Nadie es la patria, pero todos lo somos». Que entonces «arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, ese límpido fuego misterioso» que es la idea de una red de personas respetables que respetan.
Obra de Marcel Duchamp con la que intenté demostrar la influencia del observador sobre su entorno y la realidad observada
El pasado Miércoles se llevó a cabo dentro de la casa el Taller «Comunidades y redes: viejas formas de hacer las cosas que son novedad» gracias al apoyo de algunos compañeros. En dicho taller se debatió acerca de nuevos modelos de trabajo y gestión de equipos dentro de organizaciones basadas en conocimiento. Al taller asistieron grandes tuiteros y miembros de los equipos de Innovación y Tecnología y tras el mismo se propuso continuar replicando iniciativas de debate y formatos de intercambio de conocimiento similares que ayuden a favorecer la cultura red salvando fronteras naturales, geográficas, jerárquicas y departamentales. Considero que la propuesta y el impulso que se está llevando a cabo será pionero en nuestro país y demostrará -no sin esfuerzo- la capacidad y utilidad de lo que se podría denominar comunicación total. El hecho de que yo postee esta experiencia es símbolo inequívoco de que se pretende abrir la empresa a la sociedad y entender el conjunto de profesionales que trabajamos en ella no como un oráculo de conocimiento secreto, sino como un espacio en el que caben nuevas contribuciones e ideas para mejorar en continuo aprendizaje. La primera de las cosas que quise destacar es que en la organización encontramos prácticas que debemos superar y que en cierto modo son consecuencia de la cultura 1.0 pero que dichas prácticas conviven con iniciativas y políticas que me han sorprendido gratamente. No tenemos por qué ocultar ni esconder nada de lo que hacemos porque estamos convencidos de ello. Si visitas este post para conocer información y no aportar ni dar nada, tal vez no seas digno de este blog ni de la nueva cultura que viene y es ya imparable, tal vez no puedas adaptarte a un intercambio fluido de conocimiento y debas revisar tus prioridades. 😉
Entre otras cosas hablamos de los conceptos e implicaciones de comunidad, creatividad, motivación y empresa digital extendida. Quise destacar muchos de los pilares que me han servido para estructurar mi forma de ser y de pensar tras estudiar el funcionamiento y filosofía de las comunidades de software libre, las organizaciones sin ánimo de lucro y las organizaciones históricas basadas en el concepto de sostenibilidad. Mi exposición inicial pretendía superar y lanzar ideas y casos de éxito que nos ayuden a superar el actual modelo productivo cortoplacista y el prejuicio de competitividad inherente a la filosofía de mercado industrial.
Mis conclusiones, que comparto de forma transparente con la blogosfera, son las siguientes:
Espíritu de empresas basadas en conocimiento: Necesitamos hackers (estratégicos, culturales, tecnológicos, sociales,…) en nuestros grupos, organizaciones y equipos de trabajo. El concepto de hacker está bien definido en el documento quasi-fundacional How to become a hacker, de Eric Raymond
Comunidad creativa vs Equipo productivo: por encima del individualismo, necesitamos recuperar el concepto de COMUNIDAD y fomentar las relaciones directas más allá de la jerarquía. Esta cultura existe en la casa y tal vez pueda aplicarse para facilitar una comunicación transparente interdepartamental, basada en red y no sujeta a unidades de negocio…
Ideas: El carácter diferencial de las organizaciones será directamente proporcional a su capacidad y tiempo de respuesta a la hora de captar, canalizar, fidelizar, dar forma y concretar ideas y experiencias de personas u otras organizaciones o comunidades: VALOR RELACIONAL. Éxito en función de cambiar asap por asae: «tan pronto como sea posible» por «tan pronto como exista«. Importante el concepto de realtime que comentó Dioni.
Dada la densa exposición y la cantidad de ideas enunciadas (quería aprovechar la oportunidad) el Taller
Nota: La presentación del Taller está disponible integramente en el apartado de Archivos de Vorpalina de este blog. Puedes hacer uso de ella citando la fuente. Si lees este blog asiduamente, algunas ideas te resultarán familiares 😉