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pajarico

 

Existe placer en los bosques sin senderos, | Existe éxtasis en una costa solitaria, | Hay compañía en la que nadie se inmiscuye, | En el océano profundo, y música en su rugido, | No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza, | De todas esos instantes, donde robo | Por todo lo que puedo ser, o he sido antes, | Por mezclarme con el Universo, y sentir | aquello que nunca podré expresar, ni tan siquiera llegar a concebir.

George Gordon Byron [1788-1824]

 

He vivido muchas cosas y creo que ahora sé lo que se necesita para ser feliz. Una vida tranquila y alejada en el campo, con la posibilidad de ser útil a otras personas con las que resulta fácil hacer el bien y que no están acostumbradas a que las ayuden. Quizá un trabajo que sea de algún provecho y luego descansar, la naturaleza, libros, música, el amor al prójimo… esa es mi idea de la felicidad. Y para culminar todo lo anterior, que usted fuera mía y que tuviéramos hijos tal vez. ¿Qué más puede desear el corazón de un hombre?

Lev Nikoláievich Tolstói (Семейное счастие, 1858)

 

Segundo artículo de agosto. Son artículos no técnicos sino importantes. Desde mi retiro, hablo de breves píldoras para ingerir tranquilo, hierbas aromáticas más lejos aún de las palabras. Hoy lo hago completamente encantado con Boyhood (Linklater, 2014) y tras rescatar del estante Into the wild (Penn, 2007) Mis horas de reflexión, más allá de esto, estuvieron invadidas de Schopenhauer, Séneca, Montaigne, Epicuro y Sócrates gracias a De Botton. Pinté, sonreí y hablé con gente a la que quiero y que me quiere. Luego, en homenaje a Christopher, escribí esto:

Hay una naturaleza exterior que me conmueve. Me rodea repleta de belleza como un abrigo de pelo para el frío sudor del caminante. Y luego hay otra naturaleza que apenas yo comprendo. Es una naturaleza que llevo dentro, un áspero fulgor incontenible. Creo en las personas que se atreven a crecer.  Yo no vivo la mejor de las literaturas, simplemente comparto la mejor de todas las que tengo. Porque el tiempo no pasa para quien lo es, y si eres sabio, todo se repite:

 

CAPÍTULO I: Mi propio nacimiento

La gente que más suele exigir a otros es la que menos suele exigirse a sí misma.

Es de día, aún temprano para escuchar a otros. Atravieso la carretera y corro por la vereda junto a la cerca. Quizás alguna chica me haya escrito ayer, puede que hace dos noches durmiera en otra parte. Tal vez hace algunos días pensara en claudicar, en dejarlo todo y sentirme vivo. Pero ahora el sol es luz sobre mis hombros. Dónde estoy no importa tanto como el lugar interior al que no he llegado. De repente dejo de esperar que ocurran cosas. El camino es escarpado y está lleno de piedras. Sale vapor entre mis labios. Asciendo a lo más alto sin necesidad de descansar. No necesito convencer a nadie de que este es el mejor lugar del mundo. Tengo pequeñas ambiciones como ser alguien a quien todo el mundo escuche; y tengo grandes ambiciones como que esta noche mi cama huela a tí. Hay personas que necesitan creer en algo y personas que necesitan creer en alguien. Durante algún tiempo yo fui de los primeros. No se hacer otra cosa que vivir. En esto yo soy ahora el mejor de los mortales. O eso pienso ahora mientras corro.

 

CAPÍTULO II: Mi adolescencia

Ningún piloto diseña las nubes que atraviesa.

Ningún mar en calma hace experto a un marinero.

Te mereces la paz que necesitas, la que tú te des y no la que otros creen que necesitas. Se fiel a todas las señales. Después de todo, esto es suficiente. Aprender, aprender mucho y siempre. Abrir cada tarde las puertas del paraíso con las llaves de tu casa. Vivir tu propia vida. Pasar frío en los inviernos. Ser tu lumbre. Fluir extasiado en el trabajo. Dormir junto a las ranas y los grillos. Saber volar y formar parte de todos los colores. Necesitarte. Sentir que llega el sol y saber que eres el verano.

 

CAPÍTULO III: Madurez

Nunca encontrarás a nadie con suficiente dinero para pagar todo tu rescate

Dice el maestro que una vida feliz tiene tres ejes básicos: relaciones de amistad sinceras y continuadas, autosuficiencia (o independencia propia para tomar decisiones) y una vida reflexiva (o el análisis y aprendizaje de nuestros actos). Mi piel es el cielo de mi cuerpo, más allá está todo lo que toca. Si cuando hablo tiemblas, es que ninguno de los dos ha muerto. Trabajo con personas que se buscan y solo a veces con aquellas que ya se han encontrado. Me dirijo por ejemplo un martes a un grupo de reducido de personas y hablo durante diez minutos en el círculo. Confían aparentemente en mi criterio. Luego la conversación se abre y cada uno, a su manera, pide su rescate. Algunos pagan el de otros en el acto; la mayoría entiende que el paso del tiempo es medicina y uno a uno empiezan a explorar la combinación necesaria de sustancias: comprensión, respeto, afecto, ilusión, realismo,… Cuando acabo, por las noches salgo a pasear. No bajé de la montaña para enseñar a nadie. Solo creo que tengo algo que decir y que tengo claras las cosas importantes.

 

CAPÍTULO IV: La familia

La mayor parte de personas de la vida son concursantes, solo algunos son el premio. 

El amor no se obtiene, se recorre. Cuando completamente exhausto te atrevas a decir que ya has llegado, deja abierta incluso entonces la puerta para más visitas. Ni siquiera cuando no respire, dejaréis de oír mi aliento. Porque uno es padre e hijo de toda su familia. Porque cada uno de nosotros se debe a lo que es, y lo que es -si está maduro- no es mucho más de todo lo que somos. ¿Qué me hizo más fuerte y feliz? Dejé de pensar en mí la mayor parte del tiempo.

 

CAPÍTULO V: La obtención de la sabiduría

No busques personas que estén siempre a tu altura. Ten cerca a aquellas que estén casi siempre a la altura de sí mismas.

No puedo resolverlo todo. La vida, eso que llamamos vida y siempre te sorprende, no depende solo de mi. Se que la mayoría de las cosas no son lógicas. Soy humano en todos los sentidos. Si eres creyente o religioso, esta vida para ti es solo un primer plato. Si eres ateo, toda la vida para ti es un plato combinado. Pero para todos nosotros, solo hay una carta. Y esta es mi expectativa: Soy el responsable de mi alma, elijo estar a mi altura y solo entonces vuelo.

 “La felicidad solo es real si se comparte” Christopher McCandless

 

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