
«El apartamento de abajo tenía el único balcón de la casa.
Vi a una chica de pie en él, completamente sumergida en el crepúsculo otoñal.
No hacía nada que yo pudiera ver salvo estar allí de pie,
apoyada en la barandilla del balcón, manteniendo unido el universo»
maestro J.D. Salinger, A girl I knew, 1948
A menudo basta con estar. Es suficiente con limitarse a observar y permanecer presente. Alguien sufre y le dejas lamentarse. Alguien disfruta y le ves celebrarlo. Alguien habla y le ayudas a escucharse. Las palabras entonces se convierten en sentido. Eres testigo para poder testificar. Dejas de poner o pagar precios para poder apreciar. Y como nada significativo nace de la fuerza, brota de cuando en cuando el silencio para domar el ruido. Se diría que el mundo se detiene y que el tiempo -suspendido- se dilata. No es que todo pase lento o rápido, es que parece como si no pasara nada mientras ocurre todo a la vez. Notas cómo alguien que parecía cerrado te da la bienvenida, y alguien que parecía abierto se cierra. Pero tú eres uno con la calma y en cada frase se relajan las tensiones y todo empieza a fluir.
La clave reside en no necesitar que pase algo diferente a lo que ocurre. Aceptar que uno tiene voluntades y deseos pero que en este momento y lugar no son útiles. Cada una de tus palabras subraya la importancia del otro. Dedicas todos tus esfuerzos a hacer que se explaye y no que se limite. Hablas para entenderle. Escuchas para hacerte entender. Asistes a un intercambio de miradas e ideas del que no eres solo una parte sino el observador de todo. Te ves estando con el otro para poder ser en común.
Una buena conversación es un dulce instante prolongado. En ella nadie vence ni pierde por completo. Las personas se reconocen mortales y semejantes entre sí. A menudo no comparten premisas ni conclusiones pero se ven recorriendo juntos un mismo viaje de luces y de sombras. Y aquellos que les observan lo ven. Quienes asisten a esa enorme proeza se saben parte de ella en la distancia. Porque se identifican con el esfuerzo mutuo de querer comprender. Ven a otros buscar lo que ellos buscan. Tocan con la yema de sus ojos y huelen con sus oídos que lo que está pasando es verdad. Su sonrisa delata que aquello merece la pena pero sobre todo merece su alegría.
***
Consulta nuestro catálogo de servicios de acompañamiento al cambio o solicita más información a david.criado@vorpalina.com
LA 5ª EDICIÓN ONLINE DE TRAINING DAYS ESTÁ YA EN MARCHA.
Echa un vistazo al dossier y disfruta de alguno de sus módulos o solicita plaza para la siguiente edición completa.

***

Desde que alguien admirable y denso me enseñó a transformar frases negativas en positivas, digo y escribo: «merece la alegría» (lo que sea que venga al caso).
David Criado: tus textos (obras de arte) rezuman belleza, agudeza y sabiduría. En mis últimos tiempos, además son enorme consuelo y esperanza. ¡Gracias por cada bocanada de Universo! ¡Bendiciones!
Encantado de que así sea. Gracias por comentarlo. Seguiremos en la brecha.