
«Tuve el valor de hacerme las preguntas esenciales y salí limpio de la prueba»
maestro Julio Cortázar
Este breve artículo viene a completar reflexiones anteriores respecto al cambio como disciplina y profesión. Hoy me centraré en reflexionar sobre el papel que cada uno de nosotros puede jugar dentro de un sistema. Tomaré el mundo empresarial como objeto de estudio y hablaré de 5 actitudes que definen la manera en la que las personas se posicionan con respecto a un sistema dado.
A efectos de formular un principio de entendimiento común, en el contexto de los sistemas humanos consideraremos SISTEMA al conjunto de asunciones básicas, creencias, normas, dinámicas, mecanismos y procesos que mantienen o permiten determinado comportamiento social funcional, esto es, orientado a un fin o unos resultados.
Trabajaremos con el siguiente gráfico de creación propia como mapa referencial:

En el gráfico podemos ver 2 áreas de comportamiento diferenciadas:
SISTÉMICA EMPRESARIAL RESPONSIVA: La que tiene el fondo verde es definida, está limitada por una frontera clara y precisa que marca lo que está dentro y lo que está fuera. Representa el comportamiento sistémico que adoptan la inmensa mayoría de personas como forma lógica y legítima de ganarse la vida y prosperar. Es una sistémica empresarial basada en la provisión de certezas, una ficción de seguridad tranquilizadora y una constante dinámica de premio que ofrece una serie de recompensas tangibles a todas aquellas personas que están dentro del sistema, es decir, que comparten y defienden sus ideas, participan directa y activamente de su funcionamiento, y contribuyen de forma operativa a la consecución de resultados. Esta sistémica empresarial responsiva, se mantiene viva en la medida en la que se dan dos factores de mantenimiento esenciales: 1) Será más sólida cuanto mayor sea el número de actores que dependen de su funcionamiento (INERCIA SISTÉMICA), 2) Será menos permeable o modificable en la medida en la que la red de interdependencias generada sea más compleja y tupida (SEGURIDAD SISTÉMICA). Es importante notar que los sistemas se modifican -y no necesariamente cambian su motivación y finalidad originales- adoptando sucesivas actualizaciones que en el gráfico se representan como Actualización (n.0). Una actualización de un sistema es una adaptación de lo que siempre ha sido con la intención de influir o transformar en la realidad cambiante a la que sirve o le rodea.
DISIDENCIA EMPRESARIAL PROPOSITIVA: Por oposición a la anterior área de comportamiento, ésta es indefinida y no tiene límites claros, por lo que podríamos definirla como un área difusa. Los actores que operan en este área lo hacen fuera del sistema hegemónico, por lo que el propio sistema tiende de manera implícita y explícita, consciente o inconsciente a castigar o penalizar cualquiera de los comportamientos que se dan aquí. Existe pues un riesgo evidente y continuo, palpable y notable para aquellas personas que desde fuera del sistema pretenden cambiarlo. Ese riesgo puede materializarse en una actitud de rechazo directo o indirecto del sistema respecto a cualquiera de las proposiciones de cambio que se formulen.
Además de estas 2 grandes áreas de comportamiento, vemos 5 comportamientos sistémicos. Yo invito al lector a que a medida que va leyendo la taxonomía de actitudes sistémicas ponga cara a personas de su entorno en el sistema del que participa. Cada comportamiento se da en «n» personas o «n» veces en una actualización de sistema dada. Es importante recordar que todos los roles enunciados a continuación son necesarios para el funcionamiento del sistema, todos prestan un servicio útil, si bien en función de los reguladores éticos de cada sistema, unos perfiles son a menudo más honrados o mejor tratados por el sistema que otros:
CONTRIBUCIÓN ACRÍTICA: Son personas que ven, oyen y callan. Resistencia total al cambio hasta que no quede más remedio, siendo fieles a la curva de adopción de innovaciones. Se limitan a beneficiarse del sistema manteniéndolo vivo con su contribución pero sin ninguna intención ni compromiso de mejorarlo. Aunque parezca paradójico, son las personas a las que siempre premiará más el sistema porque representan la base sobre la que se sostiene su arquitectura de creencias y asunciones. El obediente y sumiso es tanto más útil para un sistema empresarial dado cuanto más grande es, tal y como hemos visto. Este comportamiento ni siquiera se diferencia en color del sistema, porque directamente es el sistema en su coherencia conductual.
GATOPARDISMO: Este comportamiento hace referencia a la famosa novela de Lampedusa en la que el personaje de Tancredi declara a su tío Fabrizio una máxima que define la picaresca sistémica: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie». Precisamente esta es la finalidad y realidad de los gatopardismos en el mundo empresarial. Grandes piruetas, fanfarrias, fuegos artificiales, metodologías, programas de cambio, planes estratégicos, rebrandings, transformaciones tecnológicas supuestamente disruptivas,… todo ello representa en la práctica la esencia del gatopardismo empresarial. Que todo cambie a simple vista para que todo siga exactamente igual. Aunque la intención del gatopardista -tanto interno-empleado como externo-proveedor del sistema- es aparentar grandes dosis de innovación, en la práctica es un limpiador de conciencias empresarial que aporta sensación de movimiento a un sistema profundamente estático en sus fundamentos y dinámicas. En el gráfico este comportamiento tampoco se diferencia del sistema porque es también puro sistema pero desde la incoherencia conductual. Tengo decenas de ejemplos de compañeros que activamente colaboran en el gatopardismo empresarial y sin ningún pudor diría que la mayoría de directores de innovación y estrategia que he conocido durante estas décadas son gatopardistas altamente sofisticados.
CONFRONTACIÓN: Ante un sistema dado la más dura y cruda posición es la confrontación. Personas que viven continuamente confrontando y se dan de bruces -tal y como se observa en el gráfico- con una resistencia empresarial contumaz que solo deja permear de muy cuando en cuando algunos inputs. Son auténticos revolucionarios que viven en el precipicio de la fricción, que soportan estoicamente los envites del sistema y mantienen altos niveles de desgaste y frustración ante una complejidad sistémica creciente que rechaza las alternativas. Tengo igualmente ejemplos en el mundo del cambio empresarial de personas que parecen nacidas para vivir en este continuo sufrimiento. Solo ellas pueden llamarse verdaderamente rebeldes porque se rebelan contra algo que consideran inapropiado o injusto y pretenden cambiarlo. Solo ellas se han ganado el derecho a ser respetadas como rebeldes dentro del marco propositivo -aunque el adjetivo se aplique hoy a gatopardistas de todo tipo- porque solo ellas son castigadas por el sistema de forma absolutamente dura y ejemplar.
AISLAMIENTO: Siempre queda la opción de retirarse, la elección de dar la espalda al sistema, salirse de él y diseñar una vida que necesite la mínima interacción con la inercia colectiva dominante. Las personas que adoptan esta actitud con respecto al sistema -para a menudo tratar de crear otro nuevo- viven aisladas o en su defecto tratan de crear un modelo de relaciones al margen del sistema que conviva con él para lo que sea esencialmente necesario y nada más. Aunque podríamos considerar en esta actitud a las personas que crean comunidades alternativas o modelos de relación paralelos de forma proactiva y constructiva, también pertenecen a este comportamiento todas las personas desengañadas que bien porque no necesitan nada del sistema o bien porque el sistema ya no les exige dar nada, se permiten vivir al margen de él, algo que sería un lujo para los contribuidores acríticos.
CUESTIONAMIENTO: El cambio razonable de todo sistema viene del cuestionamiento. Cuestionar es ante todo atacar directamente a las certezas, negar que una creencia que se daba por cierta lo sea. Cuestionar es plantear diálogo, permanecer -como se observa en el gráfico- con un pie dentro y otro fuera del sistema para ser capaz de aportar ideas y planteamientos que resuelvan problemáticas que fueron generadas dentro del sistema. Por contraposición a la confrontación, este comportamiento es conciliador, realista y pragmático. No pretende grandes revoluciones sino reflexiones poderosas que inviten a una toma de decisiones sensata, valiente y abierta. Cuestionador y confrontador comparten ambos una misma ética de vida: viven a partir de sus convicciones y son fieles a lo que consideran correcto, con la salvedad de que el confrontador a menudo pierde su vida ante el altar de sus razones.
Algo que resulta lógico pero que se suele olvidar y recuerdo a menudo en las sesiones: Da igual lo que seas, lo que te veas obligado a ser en un momento de tu vida, o lo que te haga saber que eres uno de estos roles. Puedes ser el que quieras, pero lo que no tiene ningún sentido y es profundamente amoral es que pretendas ser lo que no eres y que el resto te lo compremos. Seas el rol que seas, si te avergüenzas de ello, trata de cambiar a otro; y si estás cómodo en él, sigue con él, pero -insisto- pase lo que pase no vayas de lo que no eres. Porque se nota. Y mucho.
Los roles arquetípicos de cada uno de estos comportamientos parecen claros: El contribuidor acrítico es un secretario del sistema, el gatopardista es el político que lo defiende, el confrontador es el soldado que lo combate, el aislado es el ermitaño que huye de él, y el que cuestiona el sistema es el filósofo, el hacedor de nuevas realidades que no necesita adular o menospreciar la que ya es. El cuestionador tiene un compromiso con la realidad y a la vez un compromiso con la mejora de esa realidad. Cuestionando las certezas demuestra su lealtad.
Espero que hayas disfrutado la lectura. Gracias por tu tiempo.
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