por David Criado | May 4, 2010 | HUMANISMO y TALENTO

«Las identidades se parecen mucho a Dios, aunque no existieran seguirían siendo muy poderosas: tanto, que la gente matará en su nombre.»
Informe Lugano. Susan George
Alvin Tofler, Malthus, Darwin, Samir Amin y el análisis del globomundo como entidad a punto de ser sometida y dominada; esos podrían ser los tags de esta obra. Prólogo de Vázquez-Montalbán para un estudio sobre el futuro del sistema de libre mercado. Es bueno recordar que el libro fue presentado hace ahora diez años y advertía de muchos de los escenarios y consecuencias que está provocando la actual crisis mundial en los ámbitos económico, cultural y social. En concreto, la privatización de sectores clave de servicios, la lógica del plazo corto contro los beneficios a largo plazo, la falta de solvencia en las decisiones financieras de acuerdo a su dependencia de lo instantaneo, las amenazas a la libertad del individuo en favor del control de los procesos y movimientos de los colectivos, la escasa solidez del planteamiento de consumo, la devacle neoconservadora, la polarización de la palabra «identidad», la no sostenibilidad de las políticas medioambientales, el peligro del crecimiento tecnológico no controlado,… Por todo ello recomiendo la lectura de este libro como ejercicio de profecía y humildad.
por David Criado | May 3, 2010 | HUMANISMO y TALENTO
Hidalgos, caballeros, hombres de armas, arqueros de tiro largo, alabarderos, todos ellos con daga decían ser ingleses. De lo que sucedió el 25 de octubre de 1415, no añadiré ni completaré nada que no haya sido descrito por Sir William. Laurence Olivier le recita caminando en medio de las tropas, vigilando el entresueño de todos sus soldados. De todos los enriques, este fue el más disoluto y febril y sin duda esta fama le ayudó en la mañana de octubre de Agincourt. Ningún francés, rey o mendigo, supo preveer su empuje ni discurso. Con tres veces el ejército de Enrique cuentan los franceses y le piden rendición y precio por captura. Todo ello lo desprecia por un hueco en la historia tras 80 años de sangre. Llegada la tarde, de cien a quinientos ingleses muertos por alrededor de siete mil franceses tendidos sin vida sobre el barro, y toda la élite política, económica y militar muerta o capturada en el campo de batalla o pasada a cuchillo aquella misma tarde. De todos los posibles diálogos entre dos personas que no quieren entenderse, la guerra es sin duda el que deja más huella y más dolor; si dura 116 años, ni siquiera sobreviven los valores o principios. No provoques a una fuerza que no puedes medir; más bien mide la tuya y conoce tus opciones. Sabemos lo que causa una guerra y que a cualquier implicado lo mata lentamente, lo sabemos porque lo escuchamos de las voces de un rey, un capitán, una ramera y hombres que no pueden conciliar el sueño. Laurence Olivier recita a una sola voz con Kenneth Branagh el famoso «Band of Brothers»; dice «todos los que hoy luchéis a mi lado podréis llamaros mis hermanos». Y El Globo aplaude furioso y muy resuelto y parece amanecer un nuevo día entre tanto cadáver y palabras. Este fin de semana pude ver un mismo campo de batalla en cuatro tiempos diferentes: 1415, 1599, 1944 y 1989; y en todos ellos el discurso parecía sobrehumano. La genialidad tiene a veces rostros que a menudo no podemos percibir.
por David Criado | Abr 30, 2010 | HUMANISMO y TALENTO

De un tamaño realmente diminuto, este cuadro del maestro Diego de Velázquez muestra un encuentro histórico, uno de esos momentos en que el mundo se detiene para observar un mismo centro distinto de su eje. Aquí vemos a Antonio y Pablo ermitaños y su historia me merece tiempo por la cándida felicidad que rebosan los rostros en el cuadro. Quiero justificar con esta historia que se trata de una plenitud en vida y que Velázquez la llena de color captando un solo instante de los que vivió Pablo en su retiro. Todos tenemos un Retiro, cierto y escondido, parque o cueva, interior o público, acudimos a él en busca de reposo y meditando.
La historia de este personaje que junta sus manos para saludarnos desde el lienzo, es una historia dilatada en una vida, y en cierto grado es algunos de los instantes que a menudo nos acechan. Pablo el egipcio o Pablo el ermitaño es hombre santo para cristianos católicos y coptos. Sabemos de él por San Jerónimo que le llama primer ermitaño del cristianismo. Podemos decir de Pablo que provenía de una familia adinerada afincada en la Tebaida, que consiguió vivir 114 años y que es comunmente venerado por su prudencia y capacidad de abstracción. Cuando contaba con 22 años, el emperador Decio acometió una gran persecución cristiana en Egipto que intentaba restaurar el politeismo romano oficial como creencia extendida en el imperio.
Pablo permanece expectante ante los acontecimientos, prefiere relegarse a una vida doméstica, sin ser visto por nadie a tener que renegar públicamente de su creencia. No busca el enfrentamiento ni cree necesaria ningún tipo de violencia para defender estas ideas. Consigue pasar inadvertido hasta que un familiar cercano le denuncia a las autoridades y se ordena su captura. Huye al desierto con la intención de regresar y encuentra una gran cueva donde se refugia. Se alimenta de dátiles, bebe de una fuente cercana y se viste con hojas de palmera. En esa pobreza material haya cobijo moral y descanso. De cuando en cuando, un cuervo le visita y le trae medio pan con que calmar el hambre. Retirado del mundo, del colapso, decide instalarse en la cueva hasta el día de su muerte. Durante noventa años vive solo en la rutina de la contemplación, meditando y ayunando; setenta años sin contacto con la civilización; setenta años salvajes y ordenados.
No está completamente solo. Antonio Abad, refugiado del mundo en una cueva a horas de distancia, oye una voz que le sugiere emprender un viaje para encontrar a otro hombre en su misma situación. Camina durante horas hasta llegar a la cueva de Pablo que le toma por un animal salvaje al oír ruidos y cubre la entrada de su cueva con una gran piedra para guarecerse. Antonio le suplica que salga a conocerle y al hacerlo, Pablo le saluda por su nombre. El mismo cuervo que traía siempre medio pan, esa tarde viene con un pan entero para ambos. Pasan horas debatiendo quién debe tener el honor de partir el pan; ambos se consideran a sí mismos indignos del honor y deciden tirar a la vez de cada lado para dividirlo. Tras esta nimia comida, bajan a beber agua.
En la mañana del siguiente día, Pablo siente que morirá en corto tiempo y le pide a Antonio que vaya a por un manto púrpura para su mortaja. Impresionado por el conocimiento de Pablo, Antonio parte para satisfacer los deseos del anacoreta. A su vuelta se encuentra a Pablo arrodillado, mirando al cielo, sin un halo de vida que compartir con el planeta. En el año 342 de la Era Cristiana, Pablo muere en su meditación, con los brazos en cruz esperando su destino. Tras horas de lamento, Antonio duda dónde y cómo cavar la sepultura; en la oscura cueva de Pablo toda herramienta o utensilio es la pared de piedra y el suelo de arena que eran hogar, camastro y todas las posesiones del ermitaño. En ese momento se acercan dos leones que con signos de tristeza en el rostro, horadan la arena con sus garras y se marchan. Los dos años de Henry David Thoureau en los nutridos bosques de Walden, la vida de Mohandas Karaamchad en la aridez del sur de India y la inanición de Christopher McCandles en la humedad de Stampede Trail, en Alaska, han sido las vidas posteriores de aquel anciano Pablo.
(*) En su Leyenda Dorada, de mediados del s.XIII, Jacobo de Vorágine relata en latín con sumo detalle el encuentro entre los santos. Esta obra es sin duda uno de los grandes libros épicos de la historia de la literatura y uno de los intentos más logrados de difusión de la mitología cristiana. Existe una edición traducida al castellano cuya referencia anoto: Jacobo de Vorágine, La leyenda dorada. traducción directa del latín por José Manuel Macías, Madrid: Alianza Editorial, 2005, 2 vols.
(*) El cuadro San Antonio Abad y San Pablo ermitaño, de 1634, está conservado en el Museo del Prado de Madrid.
por David Criado | Abr 26, 2010 | HUMANISMO y TALENTO

(…)
El sol interrogaba al edificio disecando las gotas de polvo de todas las ventanas. Los cristales ardían en silencio, esperando la calma que vendría con la última hora de la tarde. Adentro la gente en los pasillos dibujaba itinerarios invisibles, combinaciones de pasos buscando los rincones fríos y las sombras. La calle Szu Tzao hacía honor al muerto con que fue rebautizada: estaba llena de luz aunque escondida. Sobre las cuatro de la tarde, el parpadeo de los estores blancos desplegados arropaba la siesta calma del inmueble. A esa hora y como cualquier lunes o martes una fiesta de trajes mal cortados sobre pares de zapatos apagados asediaba la calle entre murmullos. Con la ventana abierta, divisaba desde mi despacho el tumulto de la calle, desde la esquina con Shin Park con un parquímetro que hacía las veces de faro para los navegantes vespertinos, hasta el final de la calle donde un taller de costura clandestino tejía las corbatas que las boutiques de alta costura venderían el siguiente mes en ciudades europeas. El calor sin ser mortal, era intenso y sofocante, lleno de la humedad que inunda aquellas latitudes. Me levanté mareado buscando la fuente de agua embotellada que hacía dos meses había inaugurado un directivo entre aplausos y recortes de cabeza. Fue entonces, en medio del sopor, cuando recordé su rostro y el diminuto recorrido entre las dos comisuras de sus labios. Su blanca piel me pareció la plata verdadera que ningún mercado de Hong Kong podía darme. Fue entonces, como digo, cuando decidí vivir este argumento, disponer cada instante a lo largo de páginas y párrafos. De alguna manera, aquello iba calmar mi sed mucho más que la fuente de agua embotellada de mi planta. Y aunque en ocasiones me atenaza el recuerdo de aquella sensación, vivo inmerso en la idea de su rostro, algo tan físico e inmediato que a menudo condiciona mis principios.
(…)
por David Criado | Abr 23, 2010 | HUMANISMO y TALENTO
Ma jeunesse ne fut qu’un ténébreux orage,
Traversé çà et là par de brillants soleils ;
Le tonnerre et la pluie ont fait un tel ravage,
Qu’il reste en mon jardin bien peu de fruits vermeils.
Voilà que j’ai touché l’automne des idées,
Et qu’il faut employer la pelle et les râteaux
Pour rassembler à neuf les terres inondées,
Où l’eau creuse des trous grands comme des tombeaux.
Et qui sait si les fleurs nouvelles que je rêve
Trouveront dans ce sol lavé comme une grève
Le mystique aliment qui ferait leur vigueur ?
– Ô douleur ! Ô douleur ! Le temps mange la vie,
Et l’obscur ennemi qui nous ronge le cœur
Du sang que nous perdons croît et se fortifie !
Traducción:
Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.
He alcanzado el otoño total del pensamiento,
y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.
¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
Hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
El místico alimento que les daría vigor?
-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.
Poema LÉnnemi de Les Fleurs du Mal, Charles Baudelaire
por David Criado | Abr 22, 2010 | HUMANISMO y TALENTO
Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.
¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!
Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando…
Y así, mientras cavilaba firsuto,
¡¡hete el Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!
¡Zis, zas y zas! ¡Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!
¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.
Pero brumeaba ya negro el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncian los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba…
Jabberwocky, Lewis Carroll
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Así muflan los trovadores la forma increta
en la que el gladio vorpal hendió el braxio del oscuro bruñiente
y el joven ovejero atenostado vio suelitocar su cabeza
exclamando: «En este oscurdacer brilla un nuevo sol alegre »
¡¿Pero es nomiente lo que rantan?!, ¡¿Ya no galopa el galimatazo?!
Atenazaban de gilvestres flores las lianas del mancebo
y su corcel enbrevilargo se exponía al horizonte,
verdes las fameglas las surcaba el primer rayo,
las huequiblancas se desperazaban en el cielo,
y ¡Ras!,¡Ros!,¡Ras! alarideaba la pradera con su paso.