
«La realidad es aquello que cuando dejas de creer en ello, no desaparece»
Philip K. Dick
Desde su creación, el pensamiento empresarial se ha centrado en sostener ratios de efectividad cada vez mayores haciendo evolucionar los sistemas de gestión y control productivo durante los últimos 150 años. Si ampliamos el zoom sobre la Historia, entenderemos el contexto previo sobre el que se asienta el desarrollo del pensamiento empresarial. Vamos allá.
Tras la derrota de Napoleón en 1815 y el inmediato fin del mercantilismo, comenzó a configurarse el actual mapa socioeconómico global. El mundo anglosajón victorioso cobra entonces protagonismo mundial y principia un largo proceso de globalización y extensión de un nuevo modelo económico global que hoy conocemos como capitalismo. Siguiendo la estela de la revolución económica holandesa del siglo XVII, en 1820 el PIB per cápita europeo duplicaba ya al del resto del mundo, y emergían entonces las todavía hoy naciones ricas occidentales sobre 7 fundamentos de los que ando escribiendo justo ahora mismo:
🏛️ Implantación progresiva de la democracia liberal y el Estado de Derecho como modelos político y jurídico que favorecen -sin conseguirla de forma plena- la libertad y la igualdad ante la ley
🚂 Desarrollo de infraestructuras nacionales avanzadas: Rompen las barreras de comunicación geográficas
🛠️ Innovación tecnológia de gran alcance e ingeniería puntera: Reduce tiempos de fabricación y transporte
🏫 Educación de calidad para grandes masas de población: Se configura un ascensor social inédito en la Historia y comienza a crearse una nueva clase media
🚚 Dominio y administración de las rutas logísticas: Se movilizan los recursos mundiales de forma coordinada
🪙 Sistema bancario solvente y dinámico capaz de financiar el mito del progreso: Se retroalimentan el préstamo y la deuda de manera virtuosa
🏢 Sistemas intensivos de organización industrial: Aumentan la eficacia productiva y favorecen la economía de escala dando acceso masivo a bienes y servicios
Sobre el último de estos 7 fundamentos nace el pensamiento empresarial. Abastece a las entonces nacientes estructuras productivas (industrias, empresas) de un modelo teórico y comprensible fácil de asimilar por una nueva clase social que viene de la mano de la burguesía: la clase ejecutiva. Los nuevos propietarios privados deciden tras el primer tercio del siglo XX ceder la gestión de sus negocios a una figura inédita hasta entonces: los profesionales de la dirección empresarial. Con el tiempo la teoría empresarial se llena de herramientas y recursos útiles para esta nueva clase ejecutiva, y nacen las grandes escuelas de negocio al calor de las sucesivas olas de trasnformación empresarial.
Durante décadas el pensamiento empresarial evoluciona desde los grandes monopolios nacionales y los sistemas mecánicos fordistas a los modelos de innovación continua y los negocios franquiciados, viviendo etapas progresivas de intensificación, externalización e implantación tecnológica. En su última etapa -la actual- defiendo -junto a tantos otros colegas- que el pensamiento empresarial comienza a presentar serias señales de agotamiento: discursos vacíos disociados de la realidad social, parafernalia conceptual infumable, pantomima continua, endogamia, ausencia de fundamentos morales básicos y por último, pero no menos importante, falta de foco y aceleración desmedida.
Las empresas evolucionan también de la mano de este pensamiento empresarial pasando de ser grandes benefactoras sociales a nivel local y multinacional que favorecen y sustentan el Estado de Bienestar, a empresas transnacionales obsesionadas con el recorte de costes que parasitan y precarizan las sociedades sobre las que proyectan su actividad. De la mano del deterioro empresarial que vivimos, los estados están comenzando a convertirse en grandes succionadores de bienestar abandonando su papel de redistribuidores de la riqueza. Ambas fuerzas sociales, la privada y la pública, están logrando adelgazar la clase media de las sociedades desarrolladas empobreciendo tejidos sociales mediamente compensados que había costado siglos levantar. Ni qué decir tiene que buena parte de este creciente colapso social fundado en la falta de acceso a una vivienda digna, a un empleo estable y un modo de vida sostenible (productivo y reproductivo), está relacionada con el deterioro sostenido en el tiempo de las instituciones educativas de masas (uno de los 7 factores fundamentales señalados en el listado), y la pérdida de arraigo, sentido del esfuerzo y sentido tras los devastadores efectos de la posmodernidad filosófica y política.
En este contexto, llevo años impulsando junto a decisores empresariales la necesidad imperiosa de dar por cerrado este último ciclo empresarial muy vinculado a la policrisis (Adam Tooze) y el autoritarismo competitivo (Levitsky y Way), para trabajar activamente en promocionar un nuevo ciclo empresarial responsable y consciente. Este nuevo ciclo empresarial estaría fundado en tratar de evitar el ascenso inercial de un nuevo mercantilismo tecnofeudal, mediante la recuperación de valores empresariales sociales que la humanidad abrazó en el pasado reciente, e igualmente por medio de una redistribución de la riqueza efectiva que permita dejar de tensionar las democracias que ya viven una clara tendencia polarizante en eso que Paul Krugman ha llamado la K-Economy: el dinero aumenta para los ricos y desciende para la clase media produciéndose un desacople micro-macro: aumentan los PIB nacionales a base de empobrecer a sus propias poblaciones.
El nuevo ciclo del pensamiento empresarial debe ser ambicioso y debe pivotar sobre 3 principios esenciales:
- Honestidad empresarial centrada en la competitividad y la generación de negocio y la conversión de nuevas ideas en productos/servicios, y no tanto en un obsesivo recorte y ahorro de costes empobrecedor y precarizante
- Recuperación de la relación directamente proporcional entre talento/esfuerzo/mérito y remuneración económica: Hace más de 20 años que los salarios han dejado de equipararse a los trabajos en un proceso social autodestructivo que amenaza con romper nuestras sociedades avanzadas
- Triple responsabilidad de negocio sobre el impacto de las actividades empresariales en empleados, proveedores y clientes: Aunque resulta imposible mantener un modelo de negocio sin que uno de estos tres ejes se vea resentido, es importante favorecer empresas que no vivan a costa de los tejidos sociales y comunitarios sobre los que se proyectan
En este nuevo ciclo empresarial, las empresas privadas -de la mano de los estados nacionales y las estructuras supranacionales emergentes- deben ocupar y gobernar los enormes espacios de desgobierno global en los que el vacío de poder es evidente y lleva décadas generando consecuencias catastróficas: energía, medio ambiente, migraciones, pandemias, finanzas, tecnologíua, conflictos, océanos, contrabando,…)
Este nuevo ciclo -a mi modo de ver- debe abandonar su afán de obsolescencia periódica y asumir como propia una actitud de lealtad hacia lo continuo y eterno, es decir, necesita lograr escapar de la novolatría y las revelaciones proféticas de sucesivos gurús, y comenzar a dignificarse y ennoblecerse mediante la práctica de un liderazgo empresarial sensato, consecuente y efectivo, generador de bienestar y no acelerador de malestar continuo. Mi propuesta personal -una de tantas de las que se abrirán paso en este nuevo ciclo- consiste en ilustrar el pensamiento empresarial, favorecer minorías dirigentes ilustradas capaces de ser grandes empresarios para sus sociedades o grandes hombres de estado para sus ciudadanos.
Uno de los grandes retos de este nuevo ciclo empresarial es curarnos de las diferentes enfermedades morales que han propiciado tanto la posmodernidad ideológica (populismo de izquierdas y de derechas, y filosofías victimistas e identitarias) como el orden neoliberal global (la oscura concentración de poder privado que evita las dinámicas virtuosas de la regulación y la competencia). El reto es enorme e implica prepararse para un 2050 en el que más de 9 mil millones de personas distribuidas asimétricamente por el mundo aumentarán y modificarán por completo la interdependencia global.
Emergen ante este nuevo tiempo renovadas nostalgias alrededor de instituciones sociales históricas a las que muy de seguro debemos escuchar.
Permítame, lector o lectora, concluir con un maravilloso poema del maestro William Wordsworth que cumple ya más de 200 años:
«Aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.
Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.
Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos,
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.
En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre;
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la muerte.
Gracias al corazón humano
por el cual vivimos;
gracias a sus ternuras, a sus
alegrías y a sus temores, la flor más humilde al florecer
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.»
William Wordsworth, 1807
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