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«Sé noble en cada pensamiento y en cada acto»

Henry Wadsworth Longfellow

 

Hoy quiero explicar por qué desde hace años dedico todos mis esfuerzos a fomentar una clase dirigente ilustrada. Hablo de una minoría selecta de dirigentes empresariales y servidores públicos que se sienta responsable de sus sociedades y obtenga enormes beneficios propios a base de generar bienestar colectivo. Lo teníamos, lo habíamos logrado, pero algo a partir de la década de los 80 y los 90 nos hizo pensar que no había que cuidarlo. Y lo perdimos. Perdimos a esa clase dirigente que todavía se comportaba en términos de lealtad social y honestidad aristocrática.

Contra los discursos utópicos que quieren horizontalizar las organizaciones y las sociedades en medio de un tiempo cada vez más vertical y jerárquico, hoy quiero explicar por qué estoy convencido de que favorecer minorías dirigentes ilustradas es el camino. Por qué la tecnificación managerial e inmoral de las escuelas de negocio, literatura empresarial y congresos está generando generaciones de líderes desconectados del mundo, que solo buscan su propia supervivencia, que no se hacen rico favoreciendo el progreso moderado de los demás sino contra el bienestar de éstos. Dejemos de envilecer el comercio y los negocios y comencemos a rescatar una vocación honesta y responsable de servicio.

La actual desidia y el bajo nivel de ejemplaridad social y moral de nuestros actuales dirigentes públicos y privados, tiene -como todo- su explicación en la Historia. Recuerda y glosa muy bien el maestro Rafael Atienza, marqués de Salvatierra, en su magnífico libro «Heredar el mérito: las aristocracias y el empeño dinástico» el largo camino de decadencia dirigente que hemos vivido a lo largo de 1000 años. Aunque el ensayo tiene mucha enjundia y representa el mejor repaso a la Historia de las clases dirigentes que he leído hasta la fecha (y he leído bastantes), trataré de resumirlo en este breve artículo y en 4 momentos históricos clave hasta llegar a la decadencia política pública y privada actual.

Comenzamos.
 

𝗣𝗥𝗜𝗠𝗘𝗥𝗔 𝗙𝗢𝗧𝗢: Ese camino arranca en un mundo construido sobre las ruinas de la ejemplaridad grecorromana para formar una clase dirigente dinástica y hereditaria con marcada vocación de servicio público, liderazgo militar y administración del Estado. Esta primera foto la conforma una clase dirigente que construye las aristocracias del medievo y las órdenes de caballería, casas nobiliarias y titulos dirigentes de la primera, segunda y tercera modernidad (España, Francia, Inglaterra). Esta clase dirigente hereditaria se mezcla en sus últimos años hasta bien entrado el siglo XIX con la emergente burguesía financiera y comercial -los nuevos dirigentes «privados»- que busca reputación social y cuotas de prestigio. Logra abrirse paso con dificultad entre desamortizaciones y repúblicas, entre supresiones reales de órdenes nobiliarias y fundación de otras nuevas, y en un creciente estado anacrónico de defensa de privilegios.

Es -seamos claros- una clase dirigente hereditaria cuyo balance es excelente en términos históricos pese a los abusos y atropellos de los que tenemos constancia. Es una clase dirigente formada por familias que se reparten el mundo pero sienten el deber moral de liderar sus propias batallas, servir a los asuntos públicos contribuyendo a menudo con el pago de enormes impuestos, y generando una jerarquía social del honor en la que todo el mundo dentro de su rol aspira a ser respetado. Son familias que se forman de manera ilustrada, con los mejores artistas y sabios de sus correspondientes épocas, en el lujo material más evidente desde la aceptación de un rol paternal de cuidado de las familias que dependen de ellos (agricultores, aparceros, villas, pueblos, ciudadades, condados,…) Ocupan lugares destacados del liderazgo público (civil, militar, religioso, económico) y con el tiempo contribuyen a crear pensamiento filosófico, político, cultura. Crean y se forman en las mejores universidades de sus respectivas épocas y territorios, crean las naciones actuales y las forman las instituciones sociales que hoy disfrutamos. Tienen en definitiva una clara vocación de servicio público y ejercicio responsable del poder, salvo atropellos deshonestos que todos conocemos y escarceos, rivalidades y enfrentamientos dinásticos continuos. Digamos que su capacidad de hacer daño a la sociedad es limitada por el Honor y el espíritu de servicio que se les presupone.

𝗦𝗘𝗚𝗨𝗡𝗗𝗔 𝗙𝗢𝗧𝗢: En esta segunda foto de la Historia vemos la emergencia de las grandes fortunas burguesas en el renacimiento y la modernidad que genera las grandes repúblicas italianas, los grandes imperios modernos, y es sustituida por las grandes fortunas monopolísticas del siglo XIX, por el nacimiento de la nueva aristocracia dirigente privada. Petroleo, energía, comunicaciones, tecnología, industria. El campo a la ciudad. El vasallo por el obrero. La primera gran acumulación de capital de Occidente. Los últimos enfrentamientos de imperios hasta el triunfo de Inglaterra. Empresarios dirigentes que todavía ven honroso el ejericio público, que ambicionan enormes beneficios pero continúan conservando un sentido de la obligación y la responsabilidad para con las sociedades a las que proveen de bienes y servicios. Grandes crisis sociales y financieras pero gran vocación filantrópica y social. Las dos cosas. El espíritu del honor empresarial prevalece sobre la ambición global y desmedida sin vergüenza.

𝗧𝗘𝗥𝗖𝗘𝗥𝗔 𝗙𝗢𝗧𝗢: La nueva aristocracia meritocrática ilustrada que llega tras la IIGM, esa que se forma en el primer Kings College, en las École francesas, las academias italianas, en la última España franquista y la primera España de la transición democrática ansiosa de libertad, esa para la que sigue siendo prestigioso símbolo de éxito dedicarse al gobierno y la administración públicos del Estado. Una nueva aristocracia de personas de todo estrato social tras la II Guerra Mundial que genera el Estado de Bienestar, el desarrollo equilibrado, las economías saneadas, la expansión de la cultura. Emerge la figura del pensamiento libre, las grandes ideologías que los intelectuales ponen en entredicho. Es una clase dirigente que nos hace pensar, suma cultura, crea educación, favorece el progreso de las clases más bajas y fomenta la familia. Hace que las economías crezcan y compitan entre sí pero conservan su amor por el territorio, su vocación de dirigentes nacionales que comienzan a operar en el mundo todo a un mayor ritmo. Hay progreso pero no hay aceleración. Hay industria y abusos pero hay solidaridad común, comunidad y atención. Hay grandes oportunidades y canales de comunicación pero hay foco y el nivel educativo continúa siendo alto. Estándares sociales que favorecen la satisfacción personal y la identidad colectiva. Una maravilla.

𝗖𝗨𝗔𝗥𝗧𝗔 𝗙𝗢𝗧𝗢: La actual clase dirigente. Por decir algo. La de los empresarios que aprenden a imitir y replicar modelos de la economía parasitaria que destrulle tejido social, cultura, biología, y fagocita estados y derechos. La de Steve Jobs, la de Elon Musk, la de Donald Trump, la de multimillonarios que precarizan la experiencia humana. La de los plutócratas que viven para sí mismos, los que aborrecen el pensamiento libre, a los que -lejos de liderar la creación de leyes y normas sociales de convivencia como hacían las antiguas clases dirigentes- les estorban las leyes y las normas, les sobran las soberanías nacionales, les molesta la libertad de prensa y los que radicalizan y polarizan tribus humanas globales. Esa nueva aristocracia que es mucho peor que todas las anteriores, más egoísta, más endogámica, que genera la mayor desigualdad social de la Historia, ajena a cualquier espíritu de servicio público si no es para el beneficio propio, esa que disfruta de la justa democratización del acceso a la universidad, que está motivada no ya por un espíritu de servicio al Estado sino por una sed inusitada e individualista de éxito personal y enriquecimiento propio. Es la aristocracia empresarial del más puro egoísmo sin fisuras ni matices, la exaltación del fuerte sobre el débil, el desprecio por la cultura y la Historia, el adanismo y el presentismo absolutos, la mediocridad vacía resultante del culto absoluto a la meritocracia sin ningún sentido del deber o del honor colectivos.

Hecho este recorrido, ¿Por qué me obsesiona favorecer minorías dirigentes ilustradas?
Por estos motivos:

  • Porque la excelencia académica y de conocimientos es contraria al actual analfabetismo dirigente
  • Porque recuperar el sentido de la responsabilidad, el honor y la moral curará y limpiará la actual clase dirigente destructiva
  • Porque la ilustración y el cultivo de la fe en el ser humano y sus valores colectivos nos librará del individualismo cainita actual
  • Porque solo parándonos y mirando en perspectiva, aprendiendo a ver el mundo, podremos mejorarlo de forma significativa
  • Porque las humanidades que en épocas anteriores ilustraban a anteriores empresarios, hoy también pueden ilustrarles
  • Porque nadie puede tomar buenas decisiones si solo persigue su beneficio económico
  • Porque quiero educar a dirigentes que se sientan responsables de su sociedad, que lideren y sean ejemplares
  • Porque el mundo merece algo más que los dirigentes políticos y empresariales que hoy tenemos
  • Porque llevo dos décadas trabajando con empresas y se que necesitamos salir de la estupidez y dispersión colectivas

Soy consciente de que lucho contra gigantes, de que mi vocación de servicio y acompañamiento a los dirigentes choca de lleno con los estándares de precarización educativa actual. Se que elijo el camino dificil y día a día en mis sesiones y proyectos con empresarios y dirigentes opto por huir de la simplificación y las fórmulas mágicas, y que eso a menudo hace que no llegue a tanto gente. Lo se, pero elijo trabajar para un nicho mínimo de personas que verdaderamente quieran sentirse bien liderando nuestra época.

 

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