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#innochat: El triunfo de lo amateur

Hackear la empresa-escuela es solo el primer paso. El segundo es interiorizar que tú eres la escuela 🙂

Este artículo nace como respuesta a un debate que lanzaba mi amigo Chema Cepeda y que a mí también me inquieta y que compartía en un foro profesional hace poco. Os copio la reflexión de Chema:

CHEMA: Quiero trasladar aquí con vosotros un debate en el que participé en Facebook hace unos días. El tema es si las titulaciones hoy en día son necesarias para acceder y/o desarrollar un trabajo. Sobre todo me gustaría saber vuestra opinión sobre si es necesario siempre, en algunos casos y con qué fines. Últimamente he estado reflexionando sobre este tema a raíz de varias ofertas de colaboraciones de trabajo que me han hecho totalmente ajenas a mi titulación (Enfermero de Emergencias) y másvinculadas a mis inquietudes y aprendizajes paralelos, basándose en el perfil que de ellas se va creando.

En un mundo en el que el aprendizaje cada día es más social y de tipo informal ¿están las titulaciones sobrevaloradas? ¿Sirven como índices de calidad o de capacidades? Además, por otro lado, estamos viviendo una auténtica escalada de titulaciones. Hoy en día no te vale con ser titulado, sino que además te exigen máster o doctorado. What’s next?

En mi caso concreto, considero que mi titulación me ha dado las herramientas básicas para obtener y desarrollar mi profesión, pero alrededor del 80% de mi desarrollo profesional ha sido posterior y por iniciativa y aprendizaje propio. ¿Podría por ejemplo una persona sin la carrera de medicina trasplantar un corazón? Parece que sí y de hecho todo hace indicar a que posiblemente fue la primera persona que lo hizo http://es.wikipedia.org/wiki/Hamilton_Naki

Personalmente creo que sí son necesarias para acreditar unos “mínimos” de calidad en el desempeño profesional en algunos casos, pero por otro lado hoy en día puedes obtener cualquier aprendizaje sin pisar una Universidad y eso no significa que no sepas hacerlo, incluso por encima de los que sí tienen la titulación.

En la nueva sociedad del conocimiento ¿es necesario redefinir el aprendizaje y las capacidades individuales? Es un tema complejo, pero me gustaría conocer vuestra opinión

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El profesor Enrique Tierno Galván, inhabilitado por el franquismo, vuelve a la Universidad. Conferencia magistral en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Madrid, 10 de febrero de 1976. Copyright: Manuel López. La maestría no rivaliza con los nuevos modelos de aprendizaje. No todos sabemos y hemos experimentado tanto pero todos somos maestros de nuestro propio aprendizaje. Cada uno de nosotros es maestro de la mejor versión de sí mismo.

VORPALINA: Yo creo que lo que comentas tiene todo que ver con el debate que siempre mantengo en relación al triunfo de lo amateur y la descentralización de la propiedad sobre el conocimiento. Creo que las titulaciones que fueron ideadas para un entorno social post-industrial deben reinventarse. En este entorno imperaban principios como la ética del trabajo como sacrificio y todo el ecosistema de vida giraba en torno a la profesionalización y la lucha por la supervivencia a través de la superación de clases. La tradicional disputa entre el Estado y pueblo se ha dirimido en las últimas décadas a favor del pueblo, no como sustento de la masa sino como suma de talentos lo suficientemente revolucionarios.

El sistema de regulación colectivo al que llamamos Estado articuló un constructo inteligible para todos en el que estaban adecuadamente distribuidos los roles y responsabilidades. La base del sistema social que ahora conocemos y en el que hemos sido educados está basada en la propiedad y sin embargo la mayor parte de agentes y motores de cambio en las últimas décadas se han fundamentado en la pertenencia. Lo que nos gusta hacer lo hacemos muy bien y además de una forma mucho más inteligente y productiva.

El concepto de la productividad es también básico a la hora de comprender el nuev escenario. Al actual modelo aún vigente que es herencia del modelo agrícola medieval y que divide el mundo entre clases productivas y clases no-productivas, le deviene un problema inmenso: el gran descontento de la población con las infinitas desigualdades de las que cada vez más -gracias a esa descentralización del conocimiento- es consciente en mayor medida. Dice un sabio que la felicidad tiene en una proporción amplia muchas dosis de ignorancia. Cuando la clase productiva necesitaba una infraestructura de gobierno que garantizase su seguridad e identidad, perdonaba desmanes y abusos en pro del bien común. Sin embargo, ahora, con conocimientos de fácil o libre acceso y cuando los errores de la clase no-productiva (políticos, gobernantes, dirigentes empresariales) se hacen más patentes e inmediatos, resulta más difícil digerir las diferencias.

De algún modo todo esto tiene para mí una explicación sociológica que intentaré exponer.

PRIMEROS 150 años: Superada la estructura rígida de castas de la Edad Media a partir del siglo XV, el humanismo comenzó una larga carrera social encaminada al desgaste de la gobernanza tal y como se había entendido hasta el momento. De la fidelidad a un rey o un señor se pasó a la fidelidad a un pueblo o un contexto físico e histórico concreto: De servir a un señor se pasó a servir a un país. El concepto de castas y propiedad sobre tierras se reconfiguró durante 150 años hasta que a mediados del siglo XVII se daba por hecho en todo el mundo occidental que el Estado-Nación era la unidad social más rentable. Cuidado porque hablo de rentabilidad social pero no de sostenibilidad. De hecho el concepto de Estado-Nación pronto volvió a entrar en conflicto debido a la lucha de intereses entre potencias que pujaban por la primacia de sus respectivas identidades históricas.

SEGUNDOS 150 años: Tuvieron que pasar otros 150 años para vivir el surgimiento de nuevos modelos de gobierno más descentralizados y equitativos que la monarquía. A finales del siglo XVIII (hace relativamente muy poco) y de la mano del liberalismo económico renació un sentimiento democrático que había permanecido oculto desde el periodo de república romano. Este sentimiento colectivo que fue extraordinariamente disruptivo y revolucionario adaptaba los valores griegos a la filosofía de mercado, conceptos aparentemente incompatibles pero que sumados dieron lugar a la ficción de innumerables repúblicas populares a lo largo y ancho del mundo en sus diferentes formatos de gobierno: democracia participativa, democracia representativa, república popular, república presidencial, presidencialismo,.. Basicamente la colectividad mediante un mecanismo artificial de participación indirecta elegía sus representantes de acuerdo a un sistema de méritos primitivo en algunos casos pero espectacularmente avanzado en otros.

TERCEROS 150 años: Poco a poco en los siguientes 150 años el sistema de participación fue cada vez más directo pero a la vez menos participativo y deliberativo en la mayoría de casos. El gobierno ya no era un organismo consultivo sino ejecutivo y por una evolución gradual se produjo un desgaste y un deslinde entre los intereses reales de cada población y sus representantes. En este contexto, parecía lógico que grandes individualismos provocaran un colapso sin precedentes a nivel global. Y así fue. Prematuramente, una década antes de la mitad del siglo XX, el fanatismo y el mesianismo emocional se adueñaron del colectivo y los modelos autocráticos resurgieron en respuesta a una incapacidad flagrante y generalizada para la autarquía. De nuevo la historia se repetía: durante décadas estuvimos viviendo la muerte lenta de la perfección del individuo. Los movimientos democráticos resurgieron con no pocas imperfecciones de facto ya que nos encontrábamos en un periodo de transición social y en un diálogo todavía inmaduro entre gobernantes y gobernados.

HOY: Lo que vivimos hoy, aún a riesgo de caer en el desgaste conceptual de la palabra, es un cambio real de paradigma. Y este cambio es el resultado de una larga descentralización de la gobernanza desde los estamentos de gobierno tradicionales hacia el concepto moderno de ciudadanía. En esta nueva realidad los límites entre gobernantes y gobernados se desdibujan a pesar de las pesadas leyes que interponen fronteras burocráticas. Una voluntad de protagonismo cada vez mayor en la toma de decisiones sostenibles, obliga a cualquier persona a vivir la doble velocidad de la estructura tradicional, sistémica e invariable y una nueva corriente de “hacer las cosas” basada en un acceso semi-transparente a los recursos y al conocimiento. Durante siglos hemos reinventado silos de poder excluyentes en los que “los mejores del mundo” se educaban para educar e iluminar al mundo. En política hemos pasado de la corte a los parlamentos replicando los errores y la deshumanización del primero en el segundo. En educación hemos pasado de los monasterios donde monjes selectos eran dueños de la verdad a las escuelas de negocio donde estrategas que no lo son por mérito se adueñan de la verdad en la gestión. Unos y otros han desvirtuado en el camino las escuelas, las universidades, los institutos y las comunidades de aprendizaje como entornos fiables y socialmente valorados. Sin embargo ahora “los mejores para el mundo” son autodidácticas o adquieren nuevas capacidades y destrezas mediante una colaboración transparente o rivalizan desde lo amateur con las profesiones heredades del modelo postindustrial o proyectan su excedente cognitivo desde las estructuras donde no se encuentran representados o valorados hacia nuevos escenarios de valor infinitamente más productivos y útiles “para el mundo” y para ellos mismos. Esto no significa que las profesiones deban desaparecer sino que deben convivir con la pujanza de lo amateur que no es otra cosa que la suma de diversión, ilusión e interés. Estos tres elementos redefinen el conocimiento hasta el punto de que ya no solo es necesario conocer y vivir un proceso de aprendizaje individual sino además visualizar el conocimiento y vivir un proceso de aprendizaje colectivo (mezclando intereses, hibridando, generando diversidad) que a su vez facilite el aprendizaje INDIVIDUALIZADO. En esta dimensión dejan de tener sentido los grandes patrones educativos generalistas del pasado y nuevos modelos de aprendizaje se abren paso.

Estos modelos en mi opinión están basados en aprender haciendo, en un mayor peso de la experimentación real sobre la investigación teórica y en la superación gradual de la relación de mentorazgo unidireccional e impermeable entre docente-discente por una nueva relación mucho más empática y dinámica entre colaboradores o participantes con intereses comunes. No se trata de eliminar la autoridad del docente sino de ganarla mediante identificación y comprensión del contexto a través de considerarse a sí mismo un discente junto con el resto de integrantes del proceso de aprendizaje. Sobre la base de un conocimiento fundamental que debe ser connatural al colectivo, debemos trabajar no tanto en generar excelentes nodos sino en fortalecer mallas y relaciones lo suficientemente flexibles como para ser generadoras y receptoras de cambios y mejoras continuas. El estatismo intelectual y la rigidez académica generan una insatisfacción social constante que puede superarse sin abandonar la técnica pero puliendo la humanización de los espacios pedagógicos. Se trata de alinear el gobierno de las ideas con el gobierno de las personas. El primero hasta ahora ha ido siempre varios mundos por delante del segundo.

Mis recetas para lograr cambios efectivos y reales se basan en los siguientes factores:

  • Redefinición de los conceptos de cultura, creatividad y conocimiento. Esto implica un estudio exhaustivo de las nuevas posibilidades derivadas de tres nuevos canales cada vez más decisivos en la generación de pensamiento: RED, MULTIMEDIA y MOVILIDAD. La visualización es una forma de creatividad. En cualquier formato útil y amigable. Si no asumimos esto, no sabremos conectar las realidades independientes y seguiremos sin poder establecer un mapa real de lo que nos ocurre. Crear es también recortar, mostrar y enseñar. La red es también eje vertebrador porque hoy en día crear es también interpretar y comunicar. Las comunicaciones son una forma de metacreatividad que hace posible el nuevo arte y el nuevo conocimiento más allá del individuo. Interiorizar este mensaje es clave.
  • Redefinición del concepto de propiedad y autoría de conocimiento (algo que ya se está produciendo muy a pesar de las industrias). Esto implica una redistribución de la riqueza cultural desde los intermediarios hacia los creadores y consumidores de intereses culturales.
  • Reformulación del papel del docente y capacitación empática y redlacional de la clase creativa. Esto implica cuestionar los modelos pedagógicos tradicionales y ceder protagonismo y responsabilidad desde los docentes hacia los aprendices. Implica sustituir el rol docente-discente por discente-discente favoreciendo y premiando la autoridad de la experiencia pero sin castigar o menospreciar la fuerza y potencial de la inexperiencia.
  • Empoderamiento ciudadano en los instrumentos de aprendizaje y gobierno de las ideas. Esto no implica un apoyo institucional -que se presume irreal- sino la creación autogestionada de grupos de interés que generen la base para establecer acciones a escala local que sumadas puedan provocar un cambio de meme pedagógica a escala glocal, y en consecuencia ejerzan como grupos de presión en la descentralización de la responsabilidad en el aprendizaje. Esto implica la cesión de poder desde las escuelas de negocio a un nuevo modelo de universidad plural y participativo cuya riqueza inclusiva de cualquiera supere la riqueza exclusiva de unos pocos.
  • Sustitución progresiva del concepto de Lider por el de Facilitador. Este cambio está derivado de la ausencia de seguridad y estabilidad hacia los gobernados (social, empresarial y familiarmente) generada sistemáticamente por los gestores tradicionales. El nuevo rol no controla sino que habilita, no contiene sino que favorece el desarrollo personal de cada nodo, no tiene un elevado peso en las decisiones sino que delega y distribuye entre sus colaboradores, no es tan útil por su presencia como por su ausencia inteligente de las cosas, no promueve sino que sugiere.
  • Fomento de experiencias dinamizadoras que faciliten el intercambio emocional e intelectual de conocimiento y trayectorias más allá de la horizontalidad sectorial, deontológica o corporativa. Esto implica la abolición de algunas barreras artificiales entre profesionales de diferentes ramas o entre profesionales en momentos diferentes de su carrera o entre aprendices de diferentes regiones o ubicaciones físicas. Implica trascender el contexto inmediato en favor de la construcción del l realidad colectiva.
  • Contextualización de los errores en todas las esferas y niveles. Entender un error es provocar un éxito. Si no somos capaces de manejar cierta perspectiva de aprendizaje a partir de los errores no seremos capaces de asimilar una mínima sostenibilidad en el éxito. Y un éxito momentáneo o débil es siempre un primer error futuro. No debemos penalizar los errores aunque tampoco promoverlos.
  • Abolición total de la división entre educación y trabajo. Sin duda para mí este es un cambio mayor que el que producirá el desgaste en las fronteras entre lo personal y lo profesional. La educación y la producción no son mundos paralelos sino un solo mundo continuo. Como expliqué hace poco no se trata de LOS QUE PIENSAN VS LOS QUE EJECUTAN sino que los que ejecutan tienen que ser todos y todos tienen que pensar. En la continuidad y la unión de ambas realidades se encuentra la eficacia de los nuevos entornos de desarrollo. Una persona no puede disociar linealmente etapas de aprendizaje y de trabajo, ambas se producen de forma simultánea. Un puesto de trabajo es un puesto de aprendizaje siempre.  Una división por fases en el desarrollo capacitativo de las personas sería razonable si quisiéramos que una persona definiese su destino a los 14 años pero la realidad laboral y sociológica actual obliga a la redefinición continua de nuestro destino cada poco tiempo. Esta redefinición continua que hemos fomentado por leyes de competitividad continua no casa con la oferta y la demanda de capacidades y necesidades en la actualidad. El nivel de obsolescencia de conocimientos técnicos es exponencialmente mayor que los conocimientos demandados. Parece lógico pensa entonces que una competitividad continua en el mercado laboral exige un aprendizaje continuo de nuestro sistema de capacidades. Mientras el modelo educativo colectivo no se adapte a las necesidades individuales (se personalice) y de mercado (se glocalice), el modelo educativo personal atesorará la mayor parte de conocimiento generado. Esto supone un traslado ingente de valor de los silos tradicionales (incapacidades de cristalizar) hacia las personas y comunidades (agentes reales de cambios). Esto está pasando ahora e inhabilita a las instituciones como motoras del cambio favoreciendo que la sociedad civil genere entornos que no son fiscal ni socialmente contemplados por el aparato del sistema. Este choque, que es real y cuyo drama vivimos a diario, es un choque mucho más traumático que el choque de civilizaciones o cualquier otro ya que habla de capacitados que se mueven y actúan como fallas tectónicas en una sociedad incapaz de digerir los cambios en medio del magma inasumible de conocimiento

Esta reflexión que comparto con vosotros pretende sintetizar la estrecha relación entre la evolución de la gobernanza y la evolución del aprendizaje estableciendo paralelismos que consideré necesario plasmar en este artículo. Tiene mucho que ver con lo que estoy diseñando en la actualidad para ayudar a las empresas y organizaciones a asumir y formar parte del cambio. Si necesitáis más info poneos en contacto conmigo.

Actualizaré este innochar con futuras respuestas 😉

Un abrazo a todos.

La pirámide de la colaboración

La pirámide de la colaboración

Desde la iniciativa vorpalina creemos que el sentimiento de pertenencia a la comunidad y la cultura de colaboración son necesarias para construir nuevos modelos productivos alejados de los estándares tradicionales. La nueva cultura de trabajo debe tener una perspectiva ordenada y ágil de la realidad inmediata de sus grupos de trabajo (tanto internos como externos).

En un reciente concurso de Management Innovation Exchange (Mix) que llamaron The Beyond Bureaucracy Challenge: Creating Inspired, Open & Free Organizations, Polly LaBarre y su equipo destacaban tres factores clave para el cambio sobre los que pedían ideas disruptivas y practicas progresivas: Hacer de las organizaciones entornos más inspiradores y motivadores, Desarrollar una orientación de fuera adentro, y gestionar sin gestores. Os recomiendo leer las ideas que ha propuesto la gente y los concursantes ganadores.

En un magnífico post de Oscar Berg que incluye un gráfico en el que se aprecia la importancia del valor por debajo de la superficie visible de la organización, se observa la fuente de valor real de cualquier colectivo. La baja visibilidad de las personas que se encuentran en la base de la organización y que están acostumbradas a crear valor mediante métodos horizontales y transversales (esto es, abiertos y distribuidos) choca cuando debe atravesar esa línea de visibilidad que separa el mundo visible (ejecutivo, directivo) del mundo invisible (stakeholders, equipos). En ese mundo visible en el que el valor suele seguir criterios jerárquicos y canales verticales resulta complicado que las ideas y cualquier tipo de mejora puedan trascender hasta la punta de la pirámide (la decisión de actuar).

En este sentido, aquellas empresas que sepan reconvertir su organización y convertirse en facilitadoras continuas de mejora mediante liderazgo distribuido podrán aspirar a ese taller de ideas que sepa materializar el conocimiento en valor. De alguna forma los responsables deberán educar a los empleados y a los grupos de trabajo para tiendan a tener siempre la siguiente idea y convertirse en seres continuos. La figura del ser continuo, altamente evocadora, implica desconectar y conectar, crear y co-crear, colaborar y compartir, eliminar barreras contenedoras y fomentar procesos iterativos de construcción de valor. Comparto con vosotros el artículo traducido de Oscar Berg, que era mi idea inicial ;))

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[Artículo traducido íntegramente al español a partir del artículo The collaboration pyramid (or iceberg) de Oscar Berg en el fantástico blog The Content Economy. Oscar es el autor de este artículo original en inglés y os recomiendo visitar y agregar su blog a vuestros favoritos.]

La mayoría de las actividades de creación de valor de una empresa están ocultas. Se producen por debajo de la superficie. Lo que vemos cuando pensamos en la colaboración en el sentido tradicional (estructurado basado en el equipo la colaboración) es la punta del iceberg – equipos que están coordinando sus acciones para alcanzar alguna meta. No vemos – y por lo tanto no reconocemos – todas las actividades que han permitido al equipo formarse y que les ayudará a lo largo de su viaje. Vemos a la gente en el equipo, cómo coordinan sus acciones y los resultados de sus acciones, pero rara vez se ve las otras cosas que han sido críticas para su éxito. Por ejemplo, no vemos cómo se han utilizado sus redes personales para acceder a conocimientos, información y habilidades que no tienen en su equipo ya, pero que son fundamentales para su éxito.

Pirámide de creación de valor oculto en las organizaciones, por Oscar Berg. Según Oscar todo este valor es el que actualmente no estamos aprovechando. Viéndolo recuerdo ahora una frase: "Cuanto más medible, menos valor". El cambio real a sistemas y entornos sostenibles pasa por valorar cada uno de estos eslabones, sin duda.

Las capas que están por debajo de la superficie no suelen ser reconocidas ni valoradas.Por debajo de la superficie se suelen encontrar:

  • Las contribuciones directas e indirectas de las personas fuera del equipo -por el equipo extendido, los stakeholders y los colaboradores externos-.
  • Otros tipos de colaboración más amplia y ad hoc (colaboración social) que los que caben dentro de la definición tradicional de la colaboración (estructura, basada en el equipo)
  • La construcción de la comunidad en curso que hace que las personas confían entre sí y se comprometen a un propósito compartido
  • Los esfuerzos de ganar la conciencia de espacio de trabajo que es necesaria para tomar las decisiones correctas en cualquier esfuerzo de colaboración

Lleva estas capas por encima de la superficie para que puedan ser reconocidas y apoyadas. Si la gente no puede hacer estas cosas, incluso los esfuerzos de colaboración tradicionales van a sufrir o puede que ni siquiera sucedan. Si vamos a mejorar la eficiencia y la eficacia de los esfuerzos de colaboración, tenemos que apoyar mejor estas capas.

El primer paso para mejorar estos niveles de colaboración y apoyar otras formas de colaboración es reconocer su existencia y valor.

#REDacciones: Cultivar personas o el gobierno de las grandes cosas

Artículo de David Criado publicado el 02/02/2012 en Humannova: Comunidad de Liderazgo e Innovación 2.0 bajo el título Cultivar personas o el gobierno de las grandes cosas. Publicado también en Pensamiento Imaginactivo bajo el título La gestión del cambio mediante el talento de las personas y en Interim Management bajo el mismo título

Blue division of #MINNteam expedition losing control in Taulum Kartano, Finland & doing their learning contracts

Confieso que la mayor parte de ocasiones no entiendo el comportamiento de las organizaciones. Incluso reduciendo su comportamiento a una ética de consumo individualista, no soy capaz de comprender el actual proceso de devastación masiva de talento que estamos liderando. De hecho me estaba afectando personalmente y he decidido dedicar mi vida a cambiar este fenómeno.

Generalmente solemos hacer las cosas al revés: pensamos en el dinero y en la seguridad antes que en cómo haremos que las cosas funcionen. El problema viene cuando una vez que todo está montado tiene que ser sostenible en el tiempo. Me recuerda a un caso que todos conocemos:

Cuando se crean aparatos tecnológicos potentes a menudo lo último en lo que piensan los grandes fabricantes es en las baterías. Lo importante no es de qué vivirán esos dispositivos sino qué hacen. Sin embargo el usuario final (el cliente) tiene una preocupación constante por la primera incógnita. Sin resolverla ningún dispositivo puede funcionar de forma sostenible sin tener una enorme dependencia de un enchufe eléctrico.

Del mismo modo, las grandes organizaciones generan en muchas ocasiones una dependencia enfermiza en sus empleadosNo delegan sino que establecen lazos y ataduras para retener y no para cultivar a las personas. La organización más adaptable y descentralizada, con las conexiones más sólidas y un mayor grado de autonomía colectiva será la que logre superar este estadio evolutivo y pasar de la empresa al colectivo, a esa red de talento conectada capaz de modificar realidades de forma casi instantánea.

El problema, como decía Charles Handy, es que los cambios son discontinuos y no responden a patrones y que además los pequeños cambios –esos que las organizaciones no facilitan- son los que significan enormes diferencias en la vida de las personas. Es necesario desaprender métodos y fórmulas de éxito y realizar movimientos de valor.

Cuando acudo a conferencias y seminarios veo desde hace años cómo los yonquis de la electricidad buscamos como locos una fuente de energía para nuestros gadgets que nos de autonomía temporal durante al menos las siguientes 5 horas. Nos hemos conformado con que la energía venga de fuera y no de cada uno de nosotros. Hasta ahora tal vez era suficiente.

El conformismo de los empleados, la asunción del status quo por los clientes y una gestión de expectativas rasa de las organizaciones ha creado un equilibrio que se está fracturando actualmente. El status quo ya no representa una forma honesta y fiable de avanzar. Más bien todo lo contrario, es un enorme lastre para el progreso.

Del mismo modo que nuestros actuales gadgets tecnológicos son relativamente autónomos, nuestras organizaciones educan a empleados cuestionablemente ágiles y autónomos.

APLICANDO LA RESPONSABILIDAD DISTRIBUIDA

Pero existen alternativas a esta dependencia basadas en la responsabilidad distribuida. Hace una semana hablaba con Carolina Izquierdo, fundadora de CIM ECM y con Santiago Pereira, co-fundador de Creemos Creamos NRG, y ambos me comentaban sus modelos de trabajo.

Carolina ha interiorizado que el valor de su marca son sus colaboradores y por ello realiza acuerdos con las personas que aportan valor a la organización. De este modo no se sienten condicionadas por la marca y conservan su independencia profesional respetando la continuidad de su proyecto personal. Ha aprendido que ceder terreno en cierto sentido es la forma más inteligente y honesta de ganarlo. El resultado es un equipo ilusionado mucho más corporativo y motivado que muchos de los equipos sujetos a contratos abusivos o a hipotecas de exclusividad que he conocido en mi vida profesional.

Santiago se siente responsable de la felicidad de las personas que colaboran con NRG: No solo de los clientes sino también de los shareholders (ya han superado la etapa de stakeholders). Ha forrado todas las paredes de su oficina en el centro de Madrid con papel pizarra blanco y ha colocado rotuladores para que todo el mundo pueda compartir sus ideas. Ha repartido cientos de plantas por la oficina para que cada persona se sienta responsable del crecimiento de esa planta a la vez que crecen personalmente.

Indirectamente Santiago está cultivando personas y preparando su gobierno de las grandes cosas. Ha evitado los conjuntos de mesas que forman islas, ha derribado paredes y ha quitado puertas. Los antiguos sillones «de jefe» son ahora los sillones en los que se sienta cualquier persona que viene a hablar con él. No hay casi despachos y las salas de reuniones fluyen continuamente de ideas.

Con el nuevo cambio de oficina depositó los sueños de cada empleado en una cápsula del tiempo que ha enterrado en el centro de la oficina. Ninguno de estos cambios físicos tendría sentido si no estuvieran acompañados de una revolución cultural latente. Ha cifrado el éxito de su proyecto colectivo en que esos sueños se hayan hecho realidad cuando abran esa cápsula dentro de unos años.

En NRG no existe una estructura piramidal, la organización se basa en círculos de interés que cuentan con un coordinador, un facilitador, un experto y un grupo de trabajo. Cualquiera puede ser cualquiera de estos roles en todo momento, simplemente debe sentirse cómodo para ello. De este modo resulta sencillo que los círculos puedan entrecruzarse y que cada círculo haga de las suyas aportando ideas de forma heterogénea. Sin saberlo, el otro día les expliqué por qué el modelo es naturalmente exitoso.

Han tendido a cuidar los tres rasgos de la inteligencia que sir Ken Robinson destaca: es heterogénea, es dinámica y es peculiar. Lo que hasta ahora se había hecho en el mundo empresarial -ahogar cualquiera de las tres perspectivas- es un error imperdonable que resta ingentes cantidades de valor. Las nuevas organizaciones son canales por los que fluyen diferentes ríos, se entrecruzan y generan ecosistemas propios. Contener cada río es evitar el nuevo océano. Y eso, sin duda, es inevitable.

LA PERSISTENCIA DE LOS ESTILOS BUROCRÁTICOS

A menudo los directivos de las empresas admiten contener ese talento y esa fuerza en favor de la burocracia y la estructura. Defienden que de este modo el volumen resulta mucho más asumible y provechoso. Están dispuestos a asumir las pérdidas derivadas de no capitalizar un valor que seguramente no conocen porque el valor actual resulta más que suficiente. El problema es que la coyuntura social y económica no acompaña esta savoir-faire.

Como señalaba hace poco Jose Luis Sampedro, usamos a las personas y cuidamos a los objetos. Una persona rebaja su valor de mercado para poder conseguir otros valores: seguridad, confianza, proyección, presente. Lo que estamos haciendo en este periodo de bajo crecimiento que es crítico para el futuro de la sociedad es adquirir un valor excepcional a un precio insultantemente rebajado al que luego le aplicamos una serie de barreras que precisamente le impiden ser excepcional. Desde esta perspectiva, ¿cómo alguien en su sano juicio puede querer obtener algún beneficio?

Necesitamos procesos de selección internos. Las personas siempre necesitamos realizarnos, no solo en el momento de captarlas o soltarlas (no somos objetos) sino sobre todo en el momento de desarrollar nuestro talento y habilidades. No es una cuestión de llegar al final de la montaña para alcanzar la felicidad porque para alcanzar la felicidad paradójicamente tenemos que vivirla. No existe en estos momentos mayor valor que las personas para superar cualquier periodo de crisis. La escasa o inexistente sostenibilidad y autonomía actual de las personas no está justificada puesto que su materia prima -el talento, la capacitación y la experiencia- nunca ha sido tan valiosa como ahora. Sin embargo no nos hemos parado a valorarla y malgastar por desuso es el paso previo para derrochar por abuso.

Lo que hacemos con algunas personas en las organizaciones nunca se nos ocurriría hacerlo con las baterías de un móvil recién comprado. Nunca dejaríamos que esa batería se cayese, nunca dejaríamos que se rayase ni que se perdiera en cualquier parte, tampoco la estresaríamos para comprobar hasta dónde puede llegar, ni siquiera tras haber elegido el dispositivo (y su batería) se nos ocurriría intentar meter una batería diferente que no estuviera hecha para ese dispositivo. El dispositivo de las personas de una organización es el entorno que cada una de ellas necesita para desarrollar sus capacidades. Cada persona requiere un entorno personalizado de trabajo. Yo pretendo idear entornos de emprendimiento líquido que disuelvan la dureza de las organizaciones para dejar que fluya el conocimiento.

CAMBIAR MEDIANTE EL TALENTO DE LAS PERSONAS

The chaordic way proprosed by Dee Hock

Necesitamos reinventar esos entornos y lo necesitamos con urgencia. Los nuevos hábitos de vida, frecuentemente cambiantes y adaptables, cada vez tienen menos relación con los modelos de organización actuales. Gary Hamel suele decir que el modelo de gobierno y responsabilidad frío y racional que aportaron Taylor y Weber tuvo sentido en el mismo año en el que se inventó. A la década siguiente ya estaba superado. ¡El problema es que llevamos 120 años con ese mismo modelo!

Hace poco un presidente de una gran compañía multinacional me manifestaba su descontento ante la pérdida por parte de los empleados de cierto valor inherente a ese espíritu fundacional de la empresa cuando estaba todo por hacer. «Entonces –me decía- todo el mundo daba lo que tenía y el esfuerzo colectivo era máximo logrando un crecimiento personal y de marca exponencialNo había procedimientos ni éramos necesariamente los mejores, simplemente aprendíamos andando. Ahora tenemos personas altamente cualificadas pero todo el mundo sabe que tiene que hacer lo que le dicen. Ese es todo nuestro valor. Queremos recuperar –insistía- ese valor que hemos perdido«.

Como él, todos necesitamos que cualquier persona sienta continuamente que está todo por hacer y necesitamos que esas personas no se sientan sujetas a ninguna caja o propiedad exclusiva. Sustituir las correas por la red sería sin duda un enorme paso porque necesitamos colaborar y cooperar entre nosotros. Cuando los procedimientos para achicar agua están completamente accesibles pero requieren de un esfuerzo de más de 10 minutos, si el barco tiene un agujero, que no os quepa ninguna duda: acabará en el fondo del océano. No necesitamos métodos, necesitamos actuar.

Mi receta para el cambio no es cuestionar lo que ya hemos establecido, sino realizar una reflexión colectiva sobre el futuro de la organización en la que todo el mundo participe y aporte valor. Pretende capitalizar el valor de las personas, actualmente oculto en un porcentaje escandalosamente elevado en cada pequeña isla llamada «puesto de trabajo». ¿Qué tal si damos voz y dejamos que formen parte estimulante de nuestro cerebro a todas las personas creativas que actualmente condenamos a la «ejecución»?

A lo largo de mi vida profesional he visto frecuentemente cómo el valor que había generado una marca pasaba totalmente gratis a otra en un flujo de talento que pretende respirar fuera de las actuales estructuras que atenazan el progreso. Podemos continuar pensando que el valor que sale es prescindible y que el valor que entra es imprescindible o podemos comenzar a hacer que nuestros entornos sean respirables.

Gestionar asumiblemente el caos (Tenemos organizaciones chaordicas como pude aprender en Taulum Kartano, Finlandia) es vivir una realidad latente, gestionar previsiblemente la realidad partiendo de valores absolutos y perfectos se ha demostrado una entelequia. La primera persona con recursos para apoyarme que me ha negado financiación sin siquiera yo solicitarlo paradójicamente me dijo lo siguiente:

«Sabes, hijo, que yo soy muy racional y que tu padre es más emocional. Hemos llegado hasta aquí porque tu padre decidió montar su empresa en un momento en el que parecía una locura y ha tenido éxito. Es importante también el hecho de que yo siempre he tenido un puesto fijo y he aportado estabilidad. Sin embargo ahora es distinto. Debemos pensar en el futuro. Siempre supe que eras un idealista y se que no ibas a parar hasta cumplir tus sueños. Yo te admiro pero entiende que ahora no te apoye.»

En un entorno en el que ha caído prácticamente todo lo que se entendía como éxito, en el que se repiten patrones de expectación y frustración constantes que han afectado dramáticamente a nuestras vidas, en un entorno donde las fórmulas perfectas han sido repetida y manifiestamente superadas por la fuerza de lo intangible y lo emocional, respóndanme a esta pregunta:

¿Quién de los dos es ahora el idealista?

Enlaces relacionados:

La vía chaórdica, propuesta de Dee Hock