por David Criado | Jun 27, 2010 | HUMANISMO y TALENTO
Desde Vorpalina queremos hacer llegar a la comunidad web nuestra nueva recomendación. Suscribíos via feed a Periodismo Ciudadano de forma que podáis estar al día de las novedades e iniciativas sociales más recientes en lo relativo a esta materia. En la página encontraréis información sobre lo que sus autores consideran periodismo ciudadano y cómo éste puede influir sobre nuestra realidad más inmediata. Entre los responsables de este proyecto encontramos a Rosa Jiménez Cano y el bloguero Jacinto Lajas, responsable de Strulanato. En algunas de mis entradas habréis visto que el proyecto es un fuente de conocimiento e información frecuente para mí. Hoy os recomiendo que visitéis y naveguéis por Global Voices, que me pareció interesante y que ahora he rescatado para esta entrada.
por David Criado | Jun 23, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN

Cartel promocional de la película
Prayers for Bobby (Plegarias para Bobby) es una película de 2009 que relata la historia de superación y tolerancia que llevó a cabo la mujer que está bajo estas líneas. Mary Griffith, es una devota cristiana que vivió el suicidio de su hijo Bobby fruto de la incomprensión familiar y el rechazo social hacia su orientación sexual. Durante mucho tiempo su madre le había educado en los valores cristianos mas reaccionarios y en una fe ciega y literal en la Biblia, sin comprender la naturaleza de su hijo, ajena a su realidad más inmediata y cegada por una fe inquebrantable e incuestionable. Esa misma fe que la aisla y la limita la lleva a considerar que su hijo está enfermo y a rechazar su condición hasta practicamente renegar de él y asumir con dolor que está condenado al infierno tras la muerte. Tras acudir a la psiquiatría, resolver el empleo de métodos de presión e internar a su hijo en campamentos de convivencia cristianos acordes a su creencia, Mary Griffith tiene que ver cómo su hijo abandona su hogar para iniciar una vida libre de sentimientos de culpa y represión.
Tras el suicidio de su hijo, Mary Griffith comenzó a replantearse algunos de los postulados que consideraba sagrados. Su intolerancia religiosa dio paso a un periodo de reflexión que la llevó a establecer contacto con gays y lesbianas de su entorno comprendiendo que eran personas con las mismas inquietudes y fallos que cualquier otra persona de su comunidad.

El estrecho contacto con estos grupos, con otras corrientes de pensamiento dentro del cristianismo y con el tejido asociativo homosexual, la hizo encarnar una defensa personal por los derechos de gays y lesbiana que en otro tiempo había criticado y condenado. Tras reflexionar sobre la realidad de su situación comprende al fin que una fe en el amor y la comprensión es mucho más constructiva que una fe en el temor al pecado y una idea de perfección abstracta. El papel de Ryan Kelley como Bobby Griffith es meritorio pero sin duda la protagonista del filme es Sigourney Weaver en su interpretación como madre. Recomiendo la película porque aporta perspectiva sobre el tratamiento de la homosexualidad en la familia cristiana y los diferentes condicionantes sociales que hacen que a menudo se vea en ella un problema a erradicar y desde el punto de vista religioso, un pecado. Además la película es un ejemplo real de cómo es necesario revisar continuamente nuestro modelo de vida o pensamiento para mejorar y aprender del resto de personas. No se trata de doblegarse o dejar de creer o defender una idea, sino de hacer que nuestras ideas sean capaces de empaparse continuamente de la vida sin necesidad de utilizar ningún paraguas o cajón con que taparnos o guardarnos de los otros. Desgarrador es, sin duda, el discurso de Sigourney Weaver ante el consejo de su comunidad, basado en el discurso original que la madre de Bobby pronunció y que más tarde tuvo oportunidad de defender ante el Congreso de los Estados Unidos. Actualmente Mary Griffith es miembro de PFLAG, una organización que aglutina a padres y madres de gays y lesbianas y que se encarga de velar por la reivindicación de los derechos sociales de este colectivo.
por David Criado | Jun 22, 2010 | HUMANISMO y TALENTO
Hoy quiero destacar un artículo de Remedios Melero, Francisca Abad, Anna Villarroya y Ernest Abadal, este último un asiduo de los círculos de gestión de la información que ya ha publicado varios artículos en E-LIS y participado en varios proyectos del sector. El artículo se titula Políticas institucionales para el fomento del acceso abierto: tipología y buenas prácticas, y fue escrito hace un año. Lo destaco porque no he encontrado un trabajo que resuma mejor los factores y condicionantes que la implantación del acceso abierto provoca en las instituciones en las que se implanta. El artículo provee al lector de una relación de instrumentos necesarios para acometer políticas en favor del acceso abierto. Un año antes de este artículo, Ernest Abadal junto a Remedios Melero hablaban en Thinkepi del largo camino por recorrer del Open Access en España en su artículo Las universidades y el apoyo institucional al Open access. Ese mismo mes, la propia Remedios Melero señalaba en su artículo El paisaje de los repositorios institucionales open access en España el nivel de implantación de los mismos y apuntaba un crecimiento similar en España al resto de los países. Ella misma señalaba en su estudio que DSpace y EPrints son las dos plataformas más utilizadas y que el crecimiento de la OAI (Open Access Initiative) es cada vez mayor en entornos de investigación científicos.
por David Criado | Jun 21, 2010 | HUMANISMO y TALENTO
Distaba mucho de ser el final de su camino aunque la señal, por evidente, le contuvo el aire unos segundos. Se apresuró hacia el punto focal que vertebra toda imagen alrededor de un mismo centro, allá en el fondo, donde las filas parejas de chopos y de juncos parecían respetarse eternamente. El mundo, tal y como hoy lo comprendemos, se imaginó esa misma tarde. Una colección perfecta de aves migratorias surcaba el cielo en dirección al inicio de su tiempo. Trazaban, planeaban y peinaban el viento voraz que arrebata el pelo liso de anfibios y terrestres. Miraban desde lo alto, entre la nube y las dos huellas de ruedas surcadas por los carros. Y ella en el centro del camino, de la mano de su suerte y sin el miedo que amordaza y precipita, se dejó asediar por la belleza. Caminó absorta y sin remedio por la finca del viejo Palafox, llevada por el mismo afán de lucha que doscientos dos años y seis meses antes de esa tarde, la llevó a ella y a un grupo de mujeres del Portillo ante el gran general a pedir el auxilio de su pueblo. Sintió en cada hoja blanca y verde las vidas de las cincuenta y cuatro mil personas que mataron y alumbraron de nuevo aquella tierra tras el segundo asedio del francés. A pesar de que no era su final, la huella del carro se afiló hacia el horizonte siguiendo el rastro de las plantas, y allí parada con la vista fija en esa imagen, vio con claridad trazada en el suelo del camino, la inicial de su nombre entre rastrojos. Porque aquello no era eterno, era algo único en el mundo para esa tarde y esa misma mujer; porque su nombre, claro, no era otro que Agustina.
por David Criado | Jun 21, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN

Dormíamos en literas que eran cómodas por odio, de tablas contrapuestas en dos filas en la ladera oeste del frente. De esto no hace tanto, y aunque muchos hay que quieren ya olvidarlo, las cicatrices se ven y a menudo relucen en destellos de memoria. Hace no más de diez años entré a casa del Benigno, que nunca había entrado, y vi que tenía en su salón los muebles de mis padres. No quise preguntar si la noche en que un grupo de fascistas llamó a la puerta y se llevó al último paseo a mi padre el maestro y a mi madre; el padre del Benigno, que siempre fue avieso y muy tocino para las palabras, le había delatado. Quiero olvidar porque aquello no me nuble pero no hay tarde en que no sople el Cierzo desde entonces removiéndome las tripas de la rabia. En aquellos sacos y maderos, aguantamos un año en la línea alta de Aragón desyunando una tableta de café y azucar, a días alternos con dos piezas de chocolate rancio. Luego a turnos todo el día y la noche entre ocho compañeros, tirábamos contra las liebres a ver quién traía la cena. No se hablaba de ideas sino de hambre y todo nuestro corazón estaba contenido en nuestro estómago; esperando el siguiente bocado o la garrafa o botijo de más tiro.
El verano del treinta y siete fue morrudo para el grupo. La trinchera estaba recién cavada y habíamos hecho un mes apuntalando el sitio. Comíamos legumbre seca unos doscientos gramos, cien de los cuales podían ser patatas; tomate fresco otros doscientos o bien cincuenta gramos del de la conserva; treinta de tocino, doscientos cincuenta de carne o ciento cincuenta de bacalao y un chato de vino para templar el pulso contra el frío. Luego todo fue a menos y cada vez daba más respeto venir de Peñaflor u otros lugares más cercanos con comida. Hubo heridos en la trinchera cercarna, a cinco los llevaron en camilla por la noche. Por miedo a las ráfagas y al fuego el que llevaba el camión conducía a tientas por la arena y a punto estuvo de matarles esa noche. Cada domingo había un armisticio y se paraban las refriegas. Cambiábamos comida con los moros que de exceso de cebolla estaban ya muy pálidos y a nosotros nos sobraba algo de trigo y tomate de los tiempos buenos.
Yo maté a seis en aquel año y medio de penuria, pero hubo quien en vida no mató más que a conejos porque en la avanzada grande de la columna enemiga a pesar de nuestra posición de ventaja en lo alto de aquel cerro, la mayor parte de nosotros nos rendimos pensando en la familia. A seis del grupo los cosieron a balazos, yo rendí armas tirándolas contra los sacos seis metros antes de la entrada, bajo la atenta mirada de un fusil ajeno. Uno de los otros, que era el hijo de la Adela, me llamó embravecido y me abrazó llamándome hermano. Los de la columna me creyeron prisionero y ese gesto parece que entonces me salvó la vida.
En aquel tiempo conocimos a un escritor inglés que había venido a luchar movido por principios; yo le expliqué que mataba para que no matasen a los míos y que era todo al final lo más sencillo. Mis nietos me han leído sus libros y al leerlo parecía oirle hablar; tan despeinado, con ese pelo negro seco y esas cejas, siempre con americana aún en agosto porque era hombre formal y comedido. Dormía y comía con nosotros y nos contaba que iría a otras guerras a contar esto que veía, a llamar la atención sobre el peligro de los totalitarismos. Realmente sabía demasiado, yo le veía las noches enteras pensando en su camastro, mirando la luna por el vano del techo entablillado, sujetando a dos manos la cincha; parecía entonces vaciar la mente en otras cosas lejanas a esta tierra. Todos nos preguntábamos qué hacía un hombre de cabeza tan fértil y compleja en un lugar tan seco y simple como aquel. Luego al tiempo, el Bernardo me dijo que una noche le había visto llorar entre las zarzas y que acercándose a él le pasó el brazo por cima de la espalda y el tipo le hablaba de Birmania. Todo aquello me parecía algo increíble….
