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En blanco y negro

Cerebro y hemisferios cerebrales en el ser humano

Cerebro y hemisferios cerebrales en el ser humano

Ayer en el gusano me encontré con una novia de un amigo. Trabaja en una conocida firma de cosméticos vendiendo este tipo de productos de cara al público. Iba vestida enteramente de negro y supuse que una de las directrices para ocupar ese puesto de venta al público era precisamente esa. Lo supuse porque estoy acostumbrado a ver vestidos de negro a profesionales que se dedican a vender artículos de cosmética o ropa. Rapidamente me dio que pensar y deduje que este tipo de indumentaria es recomendada para no resaltar por encima del cliente; para uniformizar imagen, para centrar la atención del posible cliente en los productos antes que en la imagen del vendedor; para dar sensación de sencillez, cercanía y elegancia humilde; y para evitar cualquier tipo de diferenciación. Hasta aquí la estrategia comercial que se deduce fácilmente. En muchos casos es frecuente ver que la estrategia comercial cambia por completo y lo que se busca es llamar la atención, todo forma parte de un mismo circo-espectáculo encaminado a empaquetar la venta por diferenciación o familiaridad con los formatos. A partir de aquí mi reflexión que como casi siempre peca de gestaltista.

En el mundo occidental estamos acostumbrados a considerar el color negro como el color tradicional asociado a la sencillez y a la elegancia. El color blanco por oposición entra en el lote. Son dos de los colores fácilmente complementables con cualquier otro sin causar grandes estratagos en el gusto estético más acostumbrado. Personalmente intuyo algún tipo de explicación basada en la bipolaridad de la que siempre hacemos excesivo uso. Somos animales radicales, vestidos y perfumados pero radicales. En nuestra base genética y en nuestro código de conducta se encuentra la necesidad de establecer referencias claramente diferenciadas; es lo que nos ha hecho sobrevivir junto con ciertas habilidades de aprendizaje innato fruto de la evolución. Todo ello – es sabido- también nos hará morir en consecuencia. El actual sistema social, fuertemente vinculado al sistema económico, es un sistema apriorítico basado en la oposición de términos de facto y en la confrontación de clases. Es algo que a las diferentes escuelas teóricas les resulta duro combatir. Resulta paradigmático observar cómo nos resulta elegante un traje negro y uno completamente rojo nos eclipsa de horror y cómo primamos y cultivamos sensitivamente la oposición básica (blanco/negro) antes que la completa gama de colores. Cada uno de los sistemas que componen nuestro organismo humano se interrelaciona por medio de enlaces y procesos inteligentes sujetos a complementar deficiencias, carencias o excesos. Imitamos nuestro organismo en la vida real, hablo de hechos no de teoría. Trazamos grandes autopistas y ciudades porque nuestro fuero interno funciona gracias a estructuras exactamente iguales a las que ideamos. El proceso creativo es mero transmisor de nuestra realidad, y la conciencia del funcionamiento de nuestro organismo, por ello el conocimiento y el acceso a la información promueven a su vez el proceso creativo. La identificación de colores con estados de ánimo o ideas está emparentada con un complejo engranaje:

El funcionamiento de nuestro cerebro se basa en la comunicación de ambos hemisferios, el derecho y el izquierdo: el primero compone y sintetiza la realidad globalidad para hacerla inteligible, aprende del todo a la parte; el segundo analiza, mide, ordena, procesa y genera pensamiento convergente, aprende del todo a la parte. Realmente el hemisferio derecho encaja el puzzle que el hemisferio izquierdo ha entendido parte a parte. Por todo ello parece que el cuadro, que los chicos de PersonArte han reflejado de forma esquemática y muy visual, quedaría así:

Principales Características de ambos hemisferios
Hemisferio Izquierdo
Hemisferio Derecho
Lógico, analítico y explicativo, detallista
Holístico e intuitivo y descriptivo, global
Abstracto, teórico
Concreto, operativo
Secuencial
Global, múltiple, creativo
Lineal, racional
Aleatorio
Realista, formal
Fantástico, lúdico
Verbal
No verbal
Temporal, diferencial
Atemporal, existencial
Literal
Simbólico
Cuantitativo
Cualitativo
Lógico
Analógico, metafórico
Objetivo
Subjetivo
Intelectual
Sentimental
Deduce
Imagina
Explícito
Implícito, tácito.
Convergente, contínuo
Divergente, discontínuo
Pensamiento vertical
Pensamiento horizontal
Sucesivo
Simultáneo
Intelecto
Intuición
Secuencial
Múltiple

Parece que el cerebro construye una imagen de color de acuerdo a la combinación de los patrones vertical y horizontal. Está probada la idea de acoplamiento neuronal a través del cual nuestro cerebro realiza un proceso automático e inmediato, apenas con esfuerzo asociado. De acuerdo a esto parece que la comprensión de colores podría influir en nuestra sensación y percepción de la realidad de cara a configurar la estructura mental del mundo que nos rodea. No se trata entonces de una limitación tan solo sino también de una conducta innata que habría que educar y no domar, como diría un viejo maestro de mi adolescencia. Estamos condicionados por este tipo de relaciones entre los hemisferios en todos los ámbitos de nuestra vida diaria pero ello es extrapolable a nuestra concepción de la realidad. Por eso tendemos a la bipolaridad, a la radicalidad, al enfrentamiento; puede que de algún modo ligados a nuestra realidad neurofisiológica. Que tendamos a ello no quiere decir que debamos perpetuar el hecho, quiere decir que debemos conocerlo. Desde el punto de vista épico hay ejemplos innumerables de oposición y complementariedad que emulan inconscientemente la estructura de cada una de nuestras secuencias de ADN. Que parezca algo poético, simplemente significa que es real.

Un nuevo primo en la familia cuyo nombre a su tío no le gusta

Recientemente se ha reabierto en España el debate dentro del universo conceptual asociado a FLOSS (Free Libre Open Source Software). Es curioso como el término Cultura libre no provoca ningún tipo de debate y cómo cuanto más se extiende el término Software Libre y cuanto más vemos las reticencias de los usuarios y clientes tradicionales hacia la palabra «libertad», más términos publicitarios se unen a la familia. El nuevo primo yo creo que intenta evitar la palabra «libertad». ¿Nos asusta? A mí no, pero parece que a quienes pagan dinero por una aplicación no les parece seguro o fiable que algo sea libre. Aquí no entro, el catálogo humano de prejuicios es directamente proporcional al catálogo de prejuicios en negocios. La cultura libre y el software libre se basan en conocimiento, en méritos, en capacidades que no necesitan ser coartadas ni restringidas para que adquieran por sí mismas todo su valor; que algo sea libre no quiere decir que lo sea dentro de unos canones mínimos de comportamiento ético y profesional. Es complicado evangelizar si no se entiende lo anterior. El nuevo debate viene en mi opinión porque se intenta ocultar esta filosofía para poder vender imagen, lo cual es lícito aunque pervierte en cierto sentido parte del mensaje. Por otro lado se necesita marketing y se necesita gente que sepa las bondades del Software Libre pero no se hasta qué punto se necesita imitar el antiguo aparato de recursos empleado por el software privativo (y en general por el liberalismo económico tradicional) para poder predicar una nueva forma de trabajo y comportamiento grupal más sostenible. Es el eterno debate entre mimetizarse con el ambiente para penetrar en las conciencias desde dentro o intentar entrar desde fuera mediante un sello distintivo. Hace poco este debate se ha ejemplificado terminológicamente y aquí abajo expongo el caso:

Desde CENATIC se aboga por el término «Software de fuentes abiertas», una traducción al español y que responde al vocablo empleado en no pocos documentos oficiales y normativos de la administración pública. En su web argumentan el uso de este término de acuerdo a la Ley 11/2007 de 22 de Junio, razón que por sí sola tratándose de una Fundación Pública Estatal promovida por el Ministerio de Industria, parece suficiente. No obstante desde la Comunidad han surgido voces discordantes entre las que destaca la de Miquel Vidal, hombre-orquesta involucrado en proyectos FLOSS desde hace muchos años, investigador de GSYC/Libresoft, mantenedor de Barrapunto, colaborador de los proyectos OSO-R y Morfeo, fundador de sindominio,  y sysop destacado de la wikipedia en español; en fin, personaje repetable y respetado. Los argumentos que yo destaco más importantes dentro del alegato de Miquel «Por qué evitar la expresión Software de fuentes abiertas» son los siguientes:

  • La traducción literal del término «open source» empleado por la OSI es «código abierto» y por tanto cada vez que se utilice el término «fuentes abiertas» deberemos aclarar a qué nos referimos por lo que el valor de la nueva acepción puramente equivalente carece de sentido. El término inicial «open source» equivale a las diez directrices del Software Libre de Debian (DFSG) y las cuatro libertadas del proyecto GNU relacionado con la FSF (Free Software Fundation); un nuevo término no aporta claridad ni resuelve ninguna ambigüedad. Por tanto la primera razón es la falta de necesidad de un nuevo significante para un mismo significado ya definido.
  • La segunda razón es más sectaria y aunque menos objetiva coincido con ella: parece como si desde la Administración Pública española se hubiera optado por maquillar un término existente como Software Libre por los recelos que pudiera suscitar en los grupos de presión e influencia del mercado de software privativo. De hecho Miquel sí que aporta aquí un argumento real y objetivo: la definición de la Ley 11/2007 es calcada a la definición tradicional de FLOSS, por tanto confunde emplear un nuevo término.
  • Al ser una expresión parida a partir de una redacción de ley, sin aparente ni conocido arraigo entre la comunidad FLOSS hispanohablante, estamos incurriendo en una reversión del proceso habitual de creación de términos donde el uso acostumbra a preceder a la aceptación y acuñación de un término dentro de un grupo lingüístico. Se trataría por tanto de imponer un término sobre otros que significan lo mismo solo por el hecho de cumplir con un articulado normativo y no con la realidad lingüística. Algo controlo de filología y creedme que los precedentes en esto no son nada buenos.
  • Por último decir «software de fuentes abiertas» es hacer referencia a una sola de las libertades que el software debe cumplir para ser  «software libre» puesto que  abrir el código fuente es un requisito imprescindible para que un software sea FLOSS pero no es el único.

Como podéis ver la exposición de Miquel parece razonable; personalmente comparto la opinión y creo que es innecesario aunque inevitable que este tipo de debates terminológicos (que no conceptuales) ocurran en cualquier disciplina. Sin embargo en FLOSS  creo que ampliar el debate hace más daño que beneficio. En un momento en el que la implantación y incursión de FLOSS está siendo exponencial, los recelos que suscitan los escépticos y los lobbies IT tradicionales sobre la dispersión de la Comunidad pueden verse animados por este tipo de discordancias que, por otro lado, no llevan a ninguna parte. Como hemos visto el copyrigth holder de este término podríamos decir que es el Estado y que CENATIC ha continuado con la explotación del mismo de manera continuista. Yo empleo continuamente el acrónimo FOSS o FLOSS indistintamente en un intento por aunar a todas las voces que han surgido dentro de la Comunidad, pero sinceramente paso de inventarme el término FLOSFAS para hablar de Free Libre Open Source Fuentes Abiertas Software porque en breve saltaría un checho, un ruso (o kirguijistano ;), un italiano, un venezolano (software bolivariano es otro caso curioso) diciendo que es necesario que metamos también software desencadenado, software libertario, software nudista o qué se yo en cada uno de los idiomas mentados.

Bueno, no quiero frivolizar el debate pero creo que todos entendemos la problemática. Existen unas convenciones científicas que por motivos funcionales las comunidades científicas no modifican, es decir si un galeocerdo cuvier es un tiburón tigre, lo es en África, América y en Asia, independientemente de que luego cada tribu aborigen atacada lo haya maldecido en cada casa con algún insulto local que empleen para hablar entre ellos. Sin embargo toda la comunidad científica en las revistas autorizadas habla del galeocerdo cuvier para poder entender de lo que hablan. Se trata de que los profesionales certifican por convención tácita (o no) un uso y que este uso se perpetua para evitar perder tiempo. Otra opción sería Galeocerdo Software, todo sea que una ley lo apruebe y me veo vendiendo Open Galeocerdo por ahí…

Personalmente ya fuera de broma, siempre que alguien inventa o conceptualiza algo por primera vez tiendo a guiarme por esa voz en lugar de por el ruido que lueg0 se le asocia. Esto no significa que no esté abierto a contribuciones o aportaciones, sino simplemente eso, que las considero aportaciones o añadidos sobre algo ya formulado. El modelo de Continuum aplica perfectamente para lo que digo: es bueno retroalimentarse y evolucionar pero no perder las perspectiva ni el sistema de referencias si todos queremos jugar al mismo juego. Quien creo el parchís dijo que cuando llegas a casa te cuentas veinte. Podemos o no podemos estar de acuerdo con ello; si no lo estamos, logramos convencer a la gente de que no tiene sentido y además logramos que jueguen con nuestras reglas, ya no estaremos jugando al parchís sino a otra cosa. Esta máxima de respeto y reconocimiento cívico al autor o creador original es precisamente una de las características que más llama la atención del comportamiento social dentro de la comunidad del software libre, cuyos modelos de funcionamiento son considerados a menudo aleatorios o indisciplinados por falta de conocimiento. Aunque el aparato de marketing y distribución del producto «software libre» empaquetado entre comillas tenga que venderse a la sociedad, sería muy bueno poder hacerlo sin necesidad de hablar de otra cosa que no sea Software Libre. Por todo ello me parece más flagrante si cabe el ruido conceptual asociado a estas latitudes.

The Soul Storage Company

The Soul Storage Company


 

La Compañía de Almacenamiento de Almas se dedica a la custodia de almas en sus instalaciones de la Isla Roosevelt en Nueva York. Si el peso de tu alma te atenaza y no te deja dormir, si alguna vez has sentido deseos de apartarla de tu lado o estás harto de convivir con una dolorosa sensación de pánico, puedes ser atendido personalmente por el Doctor David Flintstein de nueve de la mañana a seis de la tarde. Nuestros profesionales poseen amplia experiencia en extracción, custodia e intercambio de almas en una amplia taxonomía de perfiles complicados como poetas, pintores, artistas, hombres de negocio. Podremos resolver cualquiera de tus dudas sobre el proceso de custodia de almas y las garantías asociadas. Desde este blog recomendamos ampliar información visionando la película Cold Souls de Sophie Barthes. Entre nuestros clientes encontrarás al famoso actor americano Paul Giamatti y a la cautivadora actriz Dina Korzun. Durante la visita a nuestras instalaciones te acompañará la música ecléctica de Dickon Hinchliffe. Si todos ellos han encontrado la solución a sus problemas, ¿por qué tú aún no te has planteado visitarnos?. Ven y túmbate, concéntrate en tu felicidad. Solo relájate y disfruta.

Vacío


 

A medida que descendía hacia el centro, se sentía más periférico de lo que cualquier hombre puede serlo en superficie. Escaleras mecánicas le ayudaban en el trance. Tuvo tiempo para pensar en el presente de la misma forma en que años atrás pensó desanimado en el futuro. Aunque en medio del proceso pareció desfallecer y el techo y el suelo a cada metro se unían conspirando, supo por primera vez que no podía hacer nada. Se dejó abrazar por la angustia de no encontrar a nadie, de ser completamente solo, de no alcanzar la esperanza de una mutua comprensión del resto. Nada de esto le preocupaba tanto como el hecho de dejar atrás un rumbo cíclico al que poco a poco se sentía menos sujeto y apegado. Pensó en su vida marcada de accidentes y tropiezos, en las risas nocturnas y la complicidad, los momentos en que había sonreido y en que -medio loco- se sintió dueño del camino. Damián se había levantado cada día entre semana a recorrer el trayecto que separaba su casa -tuvo cuatro en apenas ocho años- de su fuente de ingresos en aumento. Para cuando no encontraba a nadie con quien poder hablar de la claustrofobia social en que se hundía, se sacudía decenas de prejuicios leyendo poesía, un arte en su tiempo denostado y olvidado del que hoy -apenas ya te suena, lector- ni siquiera nadie habla. Cuidaba los silencios y los repartía en familias de memoria para que le protegieran. Utilizó todas estas lenguas y códigos ya muertos que muy pocos comprendían de modo que cada mes y año pasados su gravedad iba en aumento aunque la distancia con el suelo fuera cada día más milimétrica. Esperaba en las paradas de autobús y en los cruces de calles del centro; siempre interpretaba una señal, devolvía a la vida oscuras muecas o brillos de conciencia.

En todo esto pensaba aquella noche, en esto y en el temblor opaco que movía sus rodillas. Se dijo a sí mismo, como queriendo abogar por la vida que restaba, que no existían los ciclos; que la Historia, repleta de gritos y proezas y de campos de batalla personales, no iba con él; que uno a uno los actos de la obra de su vida estaban indispuestos; que si no encontraba a nadie con quien poder hablar, debía buscar a alguien a quien entender. Pero en ese peldaño en el que veía pasar tradiciones de azulejos y escaleras impolutas, parecía que todos estos pensamientos no serían suficiente. Descendió otros tantos tramos sin apenas mucho esfuerzo. Custodiado por la voz interior que le horadaba lentamente, se sintió entonces extremadamente solo. Parecía preveer la última cena de todos los cristianos, el último anillo de Alighieri o un harem musulmán de calma y paz. Nada de lo que pensó por el camino, sin poder volver atrás y avanzando por naturaleza hacia delante, parecía negativo o simplemente malo, más bien era necesario. El último de los tramos era el de la Curiosidad, la inquietud inherente a todo espíritu libre del que hablaban sus lecturas. Lo sintió sin oponer ninguna resistencia. Y al llegar no bajaba nadie aunque supo que no era el primero. Completamente destruido fue feliz.