Softheart
Blando el corazón, se adentró en la selva. No se deshizo sin antes culminar el viaje. Retorcido en lo profundo, inalienable, lejos de la voz y de la vida, terminó de redactar su análisis de subsistemas y su colección de actas.
Blando el corazón, se adentró en la selva. No se deshizo sin antes culminar el viaje. Retorcido en lo profundo, inalienable, lejos de la voz y de la vida, terminó de redactar su análisis de subsistemas y su colección de actas.
Cuando, absorto, divises el final, con cada hueso roto y cada brazo abotargado; cuando después de haber perdido la esperanza, veas tierra y el resto de tu tripulación lo sepa; mira dentro de tí y observa el miedo. Lo verás inmaculado comandar los ejércitos de histeria a través de los lugares secretos de tu alma. Habrá dormido con la faz vuelta sobre sí, enmascarada, habrá esperado años enteros para presentarse pero una vez embarque y se apodere de tu cuerpo, el viaje será totalmente transparente, sincero, lleno de la sencillez insultante de cualquier teleconcurso a media tarde. Si como digo alguna vez dentro de poco divisas el final, que el miedo que ahoga al anciano en soledad hundido temblando en medio de su cama y el que hace llorar desconsolado al recién venido al mundo, sean una sola fuerza que te impulse y no te pese, sean -y así lo deseo- tu ventaja y no tu suerte. Bien mirado, el miedo debería ser dominio público, tener señal propia en cada casa pero también patente de corso en los despachos, oficinas, congresos y avenidas; no ocultarse refugiado en las alcobas. Tener miedo es vivir y no tenerlo es no sentir la vida como propia. No se trata de matar el miedo, sino de convivir con él, de comprenderlo, de educarse en su suerte y tiempos, en cada disciplina y manifestación en que se atreva a presentarse, de alimentarse de él y digerirlo sin que apenas te atenace.

«I sit beside the dark
Beneath the mire
Cold grey dusty day
The morning lake
Drinks up the sky
Kathmandu I’ll soon be seeing you
And your strange bewildering time
Will hold me down
Chop me some broken wood
We’ll start a fire
White warm light the dawn
And help me see
Old satan’s tree
Kathmandu I’ll soon be touching you
And your strange bewildering time
Will hold me down
Pass me my hat and coat
Lock up the cabin
Slow night treat me right
until I go
Be nice to know.»
Traducción:
«Me siento afuera en la oscuridad,
debajo del lodo
frío, gris, sucio día.
El lago de la mañana
bebe el cielo.
Katmandú, pronto estaré viéndote
y tu extraño y desconcertante tiempo
me mantendrá vivo.
Corten algunos leños
que encenderemos una fogata.
Tibia luz enciende el amanecer
y aúdame a ver
el árbol viejo de Satán.
Katamandú, pronto estaré tocándote
y tu extraño y desconcertante tiempo
me mantendrá vivo.
Pásenme mi sombrero y mi abrigo,
cierren la cabaña.
Noche pausada, trátame bien
antes de que me vaya,
sé agradable de conocer.
Katamandú, pronto te veré
y tu extraño y desconcertante tiempo
me hará sentir como en casa.»
Katmandú, Cat Stevens

Sobre el pensamiento positivo, debo decir unas palabras: Papa pá, papara papá; papa pá, papara papá, papapá… «El Hombre es un patán, pero no es Adolf Hitler» Película de circunstancias, altamente mágica. Reflexión en alto sobre la actitud ante la vida y la fe en la lluvia de peces sobre el mundo. Metáfora o concepto, pero en ningún caso ficción.
Radiante como el espejo, sin afeitar, con portatrajes, el par de zapatos que llevaba y un necesser con cepillo de dientes, desodorante y gel de baño. Así se presentó en el cliente, sin caballo ni armadura, listo para estrellar su alma contra todos los molinos. Tras un puente aéreo repasando documentos y más de dos meses y medio por los campos de Camarillo, Íbero y Ocaña, había llegado a Barcelona para ser instalador de software por la gracia de su empresa. Y lo fue porque en consultoría todas las maravillas lo son simplemente por contagio.