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El enemigo

Ma jeunesse ne fut qu’un ténébreux orage,
Traversé çà et là par de brillants soleils ;
Le tonnerre et la pluie ont fait un tel ravage,
Qu’il reste en mon jardin bien peu de fruits vermeils.

Voilà que j’ai touché l’automne des idées,
Et qu’il faut employer la pelle et les râteaux
Pour rassembler à neuf les terres inondées,
Où l’eau creuse des trous grands comme des tombeaux.

Et qui sait si les fleurs nouvelles que je rêve
Trouveront dans ce sol lavé comme une grève
Le mystique aliment qui ferait leur vigueur ?

– Ô douleur ! Ô douleur ! Le temps mange la vie,
Et l’obscur ennemi qui nous ronge le cœur
Du sang que nous perdons croît et se fortifie !

Traducción:

Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.

He alcanzado el otoño total del pensamiento,
y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.

¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
Hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
El místico alimento que les daría vigor?

-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.

Poema LÉnnemi de Les Fleurs du Mal, Charles Baudelaire

Paráfrasis del Galimatazo

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.

¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando…

Y así, mientras cavilaba firsuto,
¡¡hete el Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!

¡Zis, zas y zas! ¡Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!

¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.

Pero brumeaba ya negro el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncian los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba…

Jabberwocky, Lewis Carroll

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Así muflan los trovadores la forma increta

en la que el gladio vorpal hendió el braxio del oscuro bruñiente

y el joven ovejero atenostado vio suelitocar su cabeza

exclamando: «En este oscurdacer brilla un nuevo sol alegre »

¡¿Pero es nomiente lo que rantan?!, ¡¿Ya no galopa el galimatazo?!

Atenazaban de gilvestres flores las lianas del mancebo

y su corcel enbrevilargo se exponía al horizonte,

verdes las fameglas las surcaba el primer rayo,

las huequiblancas se desperazaban en el cielo,

y ¡Ras!,¡Ros!,¡Ras! alarideaba la pradera con su paso.

Los siete samuráis

En la más alta cima de la épica poética, más allá de las sombras y lugares oscuros que a veces nos habitan, encontramos siempre joyas que nunca tienen color ni brillan engastadas, que no se cuelgan ni se regalan; solo se pueden ver, leer o apreciar. En 1954 Kurosawa alumbró la épica heredada de shakespeare y los griegos, dejó su gota de arena y su grano de agua, sus cuatro montículos de gracia coronados por katanas. En 1960 John Sturges realizó un remake de la película adaptada a la cultura del western con magníficas (nunca mejor dicho) interpretaciones de Yul Brinner, Charles Bronson, Steve McQueen, Robert Vaughn, Eli Wallach, James Coburn y Brad Dexter. En el estreno se convirtió en un clásico.

Amanecer paródico

«Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel»

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes Saavedra.

Y es con esto que vengo aquí a la venta a reposar gaznate y me encuentro con faena de anteayer. Abro mi ordenador portátil y cabalgo de su mano por la red, que no es más que un nuevo campo de Montiel que me queda por delante, con el techo de flexos en el cielo y la moqueta cableada bajo el pie. Comienzo a esta hora mi andadura, más pirata que famoso caballero, al asalto de cualquier ingenuo que se quiera sacudir el polvo analógico de un antiguo tiempo. De venta en venta, de aldea en aldea, a través de siglas sin sentido y de conceptos, espero ver caer sol, el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa web 2.0.