por David Criado | Abr 19, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
La toma de la mano frente al sol de agosto y también en el invierno. La mira ciegamente. Afuera se derrite o luce un árbol. Los niños salen del colegio devorando calle. La ropa tendida en viejas cuerdas, seca el paso y el peso de los años. La ha dicho mil veces «yo te amo» y por eso las paredes no dejan de invadirle. Busca nuevas palabras más allá del acto y de la obra. Desfallece y a un tiempo se incorpora. La toma de la mano nuevamente. Pronuncia:
Desconozco el sentido de las cosas,
la aparente vida que destila el firmamento.
No he encontrado sol que yo no haya pintado
ni logrado sueños que antes no soñara.
Solo fui un gran salvaje para mi vieja alma domada.
He sabido andar y estar sentado.
Imagino un catálogo de besos con que acariciar tu rostro.
Cada noche encayo mi pecho en medio de la cama
y con tu nombre como estrella, te imagino.
Eres esta calle, los niños, el árbol, la ventana,
la gravedad paciente de los días en que vivo.
por David Criado | Abr 19, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
A pesar de su avanzada edad, se podría decir que el barón era un hombre joven de apenas 20 años. A pesar de ser portugués, era cojo de la pierna izquierda. Comía los fines de semana, por lo que de viernes a domingo jamás probó bocado. Era ateo, aunque todas las mañanas se peinaba y tuvo un coche de cinco plazas muy en contra de su naturaleza, pues era muy delgado y además moreno. Se le conocieron dos novias pese a ser completamente fértil y le encantaba el dulce aunque de profesión era maestro. Personalmente le pude conocer en Versalles y debo confesar que me extrañó verle en suelo galo, pues todos sabíamos que el barón usaba gafas desde el primer año de vida. Su caligrafía era excelente y ha sido recordada pese a ser educado en la Universidad de Salamanca. Escuchaba perfectamente pero le encantaban los días soleados. Dicen que tuvo hijos pese a serlo él mismo de su padre y tener una vida saludable practicando deporte y con dieta equilibrada. Cuando murió, extrañamente perdió la vida y de repente dejó de contestar a las llamadas. Le encantaban los palacios de tres pisos pese a consumir grandes cantidades de agua de colonia. Fue funcionario real aunque desayunaba y de niño era muy limpio pese al avanzado estado de putrefacción de sus áxilas. Le gustaban, por ejemplo, las galletas ya que no soportaba producto derivado del trigo, el centeno o cualquier otro cereal. Bebía leche, eso sí, pese a que una vez jugó a las cartas; y se dice que era un hombre bondadoso aunque practicaba la caridad y no mentía nunca. Era un hombre muy curioso y pintaba cuadros a pesar de haber sido pintor. En una especie que aún subsiste, fue el último hombre monotarea del planeta aunque ya nadie le recuerda y esta mañana me ha invitado a un café solo.
por David Criado | Abr 19, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
Por su empeño en ver la vida, le fue dado el derecho de vivir.
Por no existir paredes que contengan su deseo,
su propia madre le sacó del vientre.
Su primera carta en la tierra, bocabajo pintó en bastos,
aunque esa noche todos los demás cantamos copas.
Nadie en medio de la crisis le pudo desear dinero
porque nada se acercó más al sentido de las cosas
que su propio nacimiento.
por David Criado | Abr 19, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
Se levantó fusilado y concluyó su vida. Señaló cinco puntos cardinales, a saber: norte, sur, este, oeste y la persona que le amaba. Abrió la puerta y saltó. Aunque el vacío no responde ni distingue, sí reconoció su voz y la frecuencia lenta de sus pasos. Se abandonó a él y en él encontró refugio; hablo de una manta con que dormir todas las tardes y una taza con que saludar los días repetidos. Al fin y al cabo, él andaba en busca de ilusión y de certeza. En la carta no vi rastro alguno de su llanto y, según cuentan, todos sus amigos sucumbieron. Nadie más supo del resto de su vida pese a que las personas que han dicho conocerle aparentemente se multiplican en el tiempo. Los camareros de cuatro barrios diferentes declaran haberle servido te con pastas cada tarde; los conductores de autobús le reconocen como contertulio en algún viaje; las estatuas de márfil, bronce y caliza se sienten halagadas por al menos una de sus esporádicas visitas. Su familia ha dicho recientemente que está vivo y les visita con frecuencia, sus antiguos compañeros de trabajo dicen que siempre llega tarde y los que beben con él todavía le reprochan actitudes opacas y distantes aunque pueden jurar con certeza que han estado en su presencia. Su documento nacional de identidad no ha sido revocado, no existe registro cierto sobre una defunción, cada mes se renueva su billete de transportes y cada día sobre la misma hora los vecinos oyen cómo gasta la escalera hasta la calle. Incluso yo, que escribo en esta línea, creo verle pensar en la siguiente.
por David Criado | Abr 19, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
Disimula con impulsos de cordura, los retazos cansados de su mente. Esa es la razón de que nadie le frecuente ni le tosa. Su oscura lucidez le merma. Hoy se ha levantado envenenado, con el cuerpo rígido y los ojos estampados en la puerta. Ha bebido tres vasos de miedo con dos partes de cautela en cada vaso. La tercera parte es siempre miedo puro más allá del pánico. Me refiero al miedo que convive con los sabios y los médicos, con la gente que conoce su estado y lo digiere, aquellos que ven morir constantemente algo que siempre supieron que era eterno. En el caso del hombre del que hablo, estanterías de abrigos encubiertos en forma de libros apilados. Y un sillón de enea cuyas hebras palidecen. Y armarios de puertas corredoras y pulmones vacíos en forma de botellas. Fotografías de un abuelo conduciendo un coche que atropella la miseria, carteles taurinos que anuncian sorteos de cocinas, juegos de cazuelas y sartenes, nombres que verán su tinta escribir renglones en la arena. Para el frío de la noche, sueño; para los papeles que hablan de su vida, carpetas que contienen su consuelo. A solas se puede llorar mucho, llenar bañeras de temblor y de tormento, pasear solo, vivir solo, habitar las cornisas del silencio, diluir granos de vida sobre el agua hirviendo de los tiempos, pero lo cierto es que no existe soledad hasta que reparas en que todos la conocen.
De vuelta del mercado, nuestro hombre ha escrito esto: «Cuatro pares de manzanas similares no son más que ocho manzanas totalmente distintas»