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Sistémica empresarial: roles y actitudes

Sistémica empresarial: roles y actitudes


 

«Tuve el valor de hacerme las preguntas esenciales y salí limpio de la prueba»
maestro Julio Cortázar

 
 
Este breve artículo viene a completar reflexiones anteriores respecto al cambio como disciplina y profesión. Hoy me centraré en reflexionar sobre el papel que cada uno de nosotros puede jugar dentro de un sistema. Tomaré el mundo empresarial como objeto de estudio y hablaré de 5 actitudes que definen la manera en la que las personas se posicionan con respecto a un sistema dado.

A efectos de formular un principio de entendimiento común, en el contexto de los sistemas humanos consideraremos SISTEMA al conjunto de asunciones básicas, creencias, normas, dinámicas, mecanismos y procesos que mantienen o permiten determinado comportamiento social funcional, esto es, orientado a un fin o unos resultados.

Trabajaremos con el siguiente gráfico de creación propia como mapa referencial:


 

En el gráfico podemos ver 2 áreas de comportamiento diferenciadas:

SISTÉMICA EMPRESARIAL RESPONSIVA: La que tiene el fondo verde es definida, está limitada por una frontera clara y precisa que marca lo que está dentro y lo que está fuera. Representa el comportamiento sistémico que adoptan la inmensa mayoría de personas como forma lógica y legítima de ganarse la vida y prosperar. Es una sistémica empresarial basada en la provisión de certezas, una ficción de seguridad tranquilizadora y una constante dinámica de premio que ofrece una serie de recompensas tangibles a todas aquellas personas que están dentro del sistema, es decir, que comparten y defienden sus ideas, participan directa y activamente de su funcionamiento, y contribuyen de forma operativa a la consecución de resultados. Esta sistémica empresarial responsiva, se mantiene viva en la medida en la que se dan dos factores de mantenimiento esenciales: 1) Será más sólida cuanto mayor sea el número de actores que dependen de su funcionamiento (INERCIA SISTÉMICA), 2) Será menos permeable o modificable en la medida en la que la red de interdependencias generada sea más compleja y tupida (SEGURIDAD SISTÉMICA). Es importante notar que los sistemas se modifican -y no necesariamente cambian su motivación y finalidad originales- adoptando sucesivas actualizaciones que en el gráfico se representan como Actualización (n.0). Una actualización de un sistema es una adaptación de lo que siempre ha sido con la intención de influir o transformar en la realidad cambiante a la que sirve o le rodea.

DISIDENCIA EMPRESARIAL PROPOSITIVA: Por oposición a la anterior área de comportamiento, ésta es indefinida y no tiene límites claros, por lo que podríamos definirla como un área difusa. Los actores que operan en este área lo hacen fuera del sistema hegemónico, por lo que el propio sistema tiende de manera implícita y explícita, consciente o inconsciente a castigar o penalizar cualquiera de los comportamientos que se dan aquí. Existe pues un riesgo evidente y continuo, palpable y notable para aquellas personas que desde fuera del sistema pretenden cambiarlo. Ese riesgo puede materializarse en una actitud de rechazo directo o indirecto del sistema respecto a cualquiera de las proposiciones de cambio que se formulen.
 

Además de estas 2 grandes áreas de comportamiento, vemos 5 comportamientos sistémicos. Yo invito al lector a que a medida que va leyendo la taxonomía de actitudes sistémicas ponga cara a personas de su entorno en el sistema del que participa. Cada comportamiento se da en «n» personas o «n» veces en una actualización de sistema dada. Es importante recordar que todos los roles enunciados a continuación son necesarios para el funcionamiento del sistema, todos prestan un servicio útil, si bien en función de los reguladores éticos de cada sistema, unos perfiles son a menudo más honrados o mejor tratados por el sistema que otros:

CONTRIBUCIÓN ACRÍTICA: Son personas que ven, oyen y callan. Resistencia total al cambio hasta que no quede más remedio, siendo fieles a la curva de adopción de innovaciones. Se limitan a beneficiarse del sistema manteniéndolo vivo con su contribución pero sin ninguna intención ni compromiso de mejorarlo. Aunque parezca paradójico, son las personas a las que siempre premiará más el sistema porque representan la base sobre la que se sostiene su arquitectura de creencias y asunciones. El obediente y sumiso es tanto más útil para un sistema empresarial dado cuanto más grande es, tal y como hemos visto. Este comportamiento ni siquiera se diferencia en color del sistema, porque directamente es el sistema en su coherencia conductual.

GATOPARDISMO: Este comportamiento hace referencia a la famosa novela de Lampedusa en la que el personaje de Tancredi declara a su tío Fabrizio una máxima que define la picaresca sistémica: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie». Precisamente esta es la finalidad y realidad de los gatopardismos en el mundo empresarial. Grandes piruetas, fanfarrias, fuegos artificiales, metodologías, programas de cambio, planes estratégicos, rebrandings, transformaciones tecnológicas supuestamente disruptivas,… todo ello representa en la práctica la esencia del gatopardismo empresarial. Que todo cambie a simple vista para que todo siga exactamente igual. Aunque la intención del gatopardista -tanto interno-empleado como externo-proveedor del sistema- es aparentar grandes dosis de innovación, en la práctica es un limpiador de conciencias empresarial que aporta sensación de movimiento a un sistema profundamente estático en sus fundamentos y dinámicas. En el gráfico este comportamiento tampoco se diferencia del sistema porque es también puro sistema pero desde la incoherencia conductual. Tengo decenas de ejemplos de compañeros que activamente colaboran en el gatopardismo empresarial y sin ningún pudor diría que la mayoría de directores de innovación y estrategia que he conocido durante estas décadas son gatopardistas altamente sofisticados.

CONFRONTACIÓN: Ante un sistema dado la más dura y cruda posición es la confrontación. Personas que viven continuamente confrontando y se dan de bruces -tal y como se observa en el gráfico- con una resistencia empresarial contumaz que solo deja permear de muy cuando en cuando algunos inputs. Son auténticos revolucionarios que viven en el precipicio de la fricción, que soportan estoicamente los envites del sistema y mantienen altos niveles de desgaste y frustración ante una complejidad sistémica creciente que rechaza las alternativas. Tengo igualmente ejemplos en el mundo del cambio empresarial de personas que parecen nacidas para vivir en este continuo sufrimiento. Solo ellas pueden llamarse verdaderamente rebeldes porque se rebelan contra algo que consideran inapropiado o injusto y pretenden cambiarlo. Solo ellas se han ganado el derecho a ser respetadas como rebeldes dentro del marco propositivo -aunque el adjetivo se aplique hoy a gatopardistas de todo tipo- porque solo ellas son castigadas por el sistema de forma absolutamente dura y ejemplar.

AISLAMIENTO: Siempre queda la opción de retirarse, la elección de dar la espalda al sistema, salirse de él y diseñar una vida que necesite la mínima interacción con la inercia colectiva dominante. Las personas que adoptan esta actitud con respecto al sistema -para a menudo tratar de crear otro nuevo- viven aisladas o en su defecto tratan de crear un modelo de relaciones al margen del sistema que conviva con él para lo que sea esencialmente necesario y nada más. Aunque podríamos considerar en esta actitud a las personas que crean comunidades alternativas o modelos de relación paralelos de forma proactiva y constructiva, también pertenecen a este comportamiento todas las personas desengañadas que bien porque no necesitan nada del sistema o bien porque el sistema ya no les exige dar nada, se permiten vivir al margen de él, algo que sería un lujo para los contribuidores acríticos.

CUESTIONAMIENTO: El cambio razonable de todo sistema viene del cuestionamiento. Cuestionar es ante todo atacar directamente a las certezas, negar que una creencia que se daba por cierta lo sea. Cuestionar es plantear diálogo, permanecer -como se observa en el gráfico- con un pie dentro y otro fuera del sistema para ser capaz de aportar ideas y planteamientos que resuelvan problemáticas que fueron generadas dentro del sistema. Por contraposición a la confrontación, este comportamiento es conciliador, realista y pragmático. No pretende grandes revoluciones sino reflexiones poderosas que inviten a una toma de decisiones sensata, valiente y abierta. Cuestionador y confrontador comparten ambos una misma ética de vida: viven a partir de sus convicciones y son fieles a lo que consideran correcto, con la salvedad de que el confrontador a menudo pierde su vida ante el altar de sus razones.

Algo que resulta lógico pero que se suele olvidar y recuerdo a menudo en las sesiones: Da igual lo que seas, lo que te veas obligado a ser en un momento de tu vida, o lo que te haga saber que eres uno de estos roles. Puedes ser el que quieras, pero lo que no tiene ningún sentido y es profundamente amoral es que pretendas ser lo que no eres y que el resto te lo compremos. Seas el rol que seas, si te avergüenzas de ello, trata de cambiar a otro; y si estás cómodo en él, sigue con él, pero -insisto- pase lo que pase no vayas de lo que no eres. Porque se nota. Y mucho.

Los roles arquetípicos de cada uno de estos comportamientos parecen claros: El contribuidor acrítico es un secretario del sistema, el gatopardista es el político que lo defiende, el confrontador es el soldado que lo combate, el aislado es el ermitaño que huye de él, y el que cuestiona el sistema es el filósofo, el hacedor de nuevas realidades que no necesita adular o menospreciar la que ya es. El cuestionador tiene un compromiso con la realidad y a la vez un compromiso con la mejora de esa realidad. Cuestionando las certezas demuestra su lealtad.

Espero que hayas disfrutado la lectura. Gracias por tu tiempo.

 

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Posmodernidad VS Compromiso con la realidad

Posmodernidad VS Compromiso con la realidad


 

«El antiintelectualismo ha sido esa constante que ha ido permeando nuestra vida
política y cultural,
amparado por la falsa premisa de que Democracia
quiere decir que
mi ignorancia vale tanto como tu conocimiento.»

maestro Isaac Asimov, 21/01/1980

 

Defiendo la necesidad continua e imperiosa de vivir con los pies sobre la tierra. Defiendo una realidad incómoda y difícil en la que no negar la verdad para poder seguir con tu vida. Defiendo el mundo real, ese que va más allá de todo lo que damos por supuesto. Defiendo la obligación de mancharme, el gozo de reconocer que existen los matices, que tienes espacio y tiempo para los errores. Defiendo una realidad imperfecta sobre la que aprender y de la que no necesites huir continuamente. Defiendo una vida significativa en la que no existir negando la condición humana ni la biología, una vida basada en disfrutar la belleza de lo evidente pero también en construir la esperanza de un horizonte futuro. Una vida con un mar de posibilidades y un cielo sobre nuestras cabezas pero con los pies en la tierra.

Una de las características que mejor define nuestra época es nuestra alergia a la realidad, o si se prefiere nuestra elevada militancia en la ficción. Nos encanta evadirnos de la realidad, vivimos a diario para no ejercer nuestra responsabilidad respecto a lo que somos, hacemos o promovemos con nuestras ideas, acciones y comportamientos. Denomino ficción al proceso de negar o huir de la realidad con el ánimo consciente o inconsciente de inventar, promover, comprar o vender ideas, relaciones o métodos que se basan en premisas completamente irreales pero que nos proporcionan altas dosis de autoengaño y una falsa tranquilidad eventual. Hay ejemplos por doquier de esto que digo: Los intangibles se han convertido en los valores más determinantes del mercado, el ser aspiracional como sujeto de consumo sustituye al ser real como sujeto de soberanía, y el individuo solipsista y profético desbanca el poder motor que tradicionalmente ostentaba el colectivo.

Buscamos sentido en el camino fácil y despreciamos con indiferencia el esfuerzo fundado en afrontar lo difícil. Depositamos nuestra fe ciega en relatos, narrativas, métodos o modelos milagrosos que vienen a ejercer de atajos sobre los que apuntalar nuestra esperanza. Aunque esta burbuja de ficción no es exclusiva de nuestra época y proviene de un largo decantado milenario de símbolos, mitos y creencias habilitantes, me atrevo a decir que la ficción se ha convertido en el centro de los actuales sistemas relacionales y operativos. En otras palabras, aquellos que dominan la creación de ficciones supuestamente redentoras son hoy mucho más determinantes que nunca.

Esta militancia acrítica en la ficción podría denominarse LA IDEOLOGÍA TOTALITARIA DE LA POSMODERNIDAD, y es hoy común a personas de cualquier signo, clase o identidad político, religioso o social. Estos son sus elementos característicos:

La pérdida del sentido contextual de lo humano en relación a su entorno a tres niveles de alienación progresivos: distanciamiento de los ciclos y comportamientos naturales, pérdida de las lógicas de relación asociadas a la dinámica de las tradiciones culturales, y desconocimiento de nuestra posición temporal en relación a la larga historia de la humanidad. Nuestro distanciamiento con la naturaleza aumenta a pasos agigantados al mismo tiempo que los ciclos naturales se revelan contra una explotación intensiva de sus medios que lleva décadas siendo inasumible. El multiculturalismo o el interculturalismo han logrado que la enorme mayoría de personas desconozcan las tradiciones culturales de las que provienen y que les permiten disfrutar hoy de ciertos privilegios y derechos que consecuentemente dilapidan. Por extensión el común de los mortales desconoce su lugar en la Historia y la obligada humildad que deberían tener sus ambiciones en relación al legado de siglos o milenios que tiene la obligación de atesorar. Este adanismo conductual es como una tabula rasa, como un cráneo vacío sobre el verter todo tipo de ideas, conductas o sentimientos sin sentido del espacio, el tiempo, o las dinámicas culturales o biológicas. Aislado en su mundo individualista, el ser humano sin contexto pierde su dignidad.

El triunfo de lo novedoso y efímero sobre lo permanente y continuo. Algunos conceptos son un buen testimonio de esta época: Futilidad pasajera, evanescencia emocional, aceleración vital, ambigüedad expositiva, tolerancia relativista, seducción cautivadora. Hablo en otras palabras del encumbramiento de lo inconsistente y lo débil en detrimento de lo duradero y lo sólido. Hablo de perder cierta filosofía sapiencial y sentido común útiles para la vida diaria, para sustituirlos por declaraciones performativas. Hablo de una existencia estética que nubla, eclipsa y sitúa en la periferia a las distintas posibilidades de existencia ética. Una novolatría posmoderna que convierte todo lo nuevo en ley de vida, y todo lo antiguo en perecedero. Un culto a lo efímero que colecciona instantes en archivos digitales que nadie visita tras unas horas almacenando pasados que nunca fueron presentes. El inconsciente individual a lomos de la estupidez colectiva.

El culto a la ignorancia del solucionismo simplista que en lugar de invitarnos a pensar y educarnos para establecer conclusiones, concluye por nosotros y nos sitúa como consumidores de conclusiones de otros. Y en esto incluyo a todo metodologista profético, a cualquiera de los escapismos tecnológicos acríticos a los que nos entregamos, a todos los creadores cansinos de certificaciones y a cualquier político, autor o prescriptor de opinión que presenta la realidad de forma prístina y cristalina. Los escépticos no venden pero los vendedores de inercia obtienen pingües beneficios. Hoy es culturalmente más beneficioso divulgar una mentira basada en una verdad profundamente incompleta, que trabajar activamente para explorar de forma humilde y no definitiva la Verdad. Hablo de la pérdida progresiva de criterio propio y el sentido del esfuerzo, pero igualmente del abandono de la búsqueda de la Verdad a través de la Razón o la Ciencia y el regreso del providencialismo esta vez no en la forma de religiones colectivas aglutinadoras y habilitantes, sino más bien en la apariencia de narrativas voluntaristas. Esto está ampliamente relacionado con el deterioro del sentido de la educación en nuestras sociedades que ha ido de la mano de una vulgarización progresiva de las estructuras y sistemas educativos que estaban basados en la excelencia.

El triunfo del deseo ansioso sobre la tranquilidad de espíritu. Desde una comprensión ansiosa y apegada del mundo, solo se puede lograr frustración o enfermedad. Los constructivistas estarían encantados de la actual hegemonía del deseo como motor de las decisiones humanas. Prueba de ello es que el arco atencional de las personas que tienen capacidad de poder y decisión hoy en día se reduce a lecturas, visualizaciones o conversaciones reduccionistas y llenas del deseo de autojustificación. Aún a pesar de que la mayoría de la población tiene acceso universal a ingentes cantidades de conocimiento, las personas no están educadas para la inquietud y el cuestionamiento sino para la militancia. Decía Thomas Sowell que «cuando la gente quiere lo imposible, solo los mentirosos pueden satisfacerlos, y solo a corto plazo.» Nuestro deseo ansioso no solamente ha dejado de ser regulado por las instituciones públicas o privadas, sino que es alimentado y multiplicado por la inmensa mayoría de ellas.

Contra esta tendencia mayoritaria a la militancia irresponsable en la ficción, promuevo a diario el compromiso consecuente con la realidad.

¿Qué es el COMPROMISO CON LA REALIDAD? Yo lo entiendo de acuerdo a estos principios:

  • La aceptación de la imperfección humana como base para el cuestionamiento y la exploración individual de caminos de perfeccionamiento. No podemos ser 100% coherentes o virtuosos pero sí 100% consecuentes y honorables. El ser humano no es un individuo angélico exento de mierda, sino que es a la vez su propio paraíso y su infierno, y cualquier visión que trate de esconder ambas caras de la misma moneda, es tramposa y amoral.
  • La búsqueda continua e infinita de una verdad compleja y poliédrica a la que no debemos renunciar a comprender aunque nunca logremos a comprenderla por completo. La realidad no es tan sencilla como nos la pintan, y tampoco su complejidad es excusa para que caigamos en un relativismo moral o una tolerancia performativa que nos sitúan en la indefensión o la decadencia. La verdad se explora y se busca, y se afirma de forma eventual hasta que se demuestre lo contrario tal y como nos enseñó el método científico.
  • La asunción de una humildad universal que nos ubica como seres temporales en un espacio concreto del que somos responsables y herederos. Esto supone la batalla continua contra la estandarización y empobrecimiento de la cultura y el comportamiento humanos. Esto implica también la aceptación del conflicto y la dialéctica relacional como medios de aprendizaje y maduración individuales y colectivos. Por último la asunción de una humildad universal regula nuestros continuos comportamientos egoicos y supone una defensa de un agnosticismo esperanzado y situado que nos sabe ampliamente capaces de grandes logros y progresos, pero a la vez nos impide -por sensatez y conocimiento- ser deterministas o taxativos respecto a lo humano, lo natural o lo social. Esto incluye la aceptación de una espiritualidad real fuera de la lógica, y a la vez implica reconocer constantemente que no se sabe de todo y no se comprende todo, renunciando a la necesidad adictiva de teorías totalizantes, salvíficas o redentoras.
  • El respeto a la reflexión argumental, el conocimiento contrastado por pares, el método científico y la academia como formas continuas de contacto testado con la realidad y estructuras colectivas directas e indirectas de generación de verdad eventual útil para la mejora de la experiencia humana y su relación con el entorno al que pertenece. Este compromiso por supuesto supone la batalla contra todo tipo de atajos y simplificaciones panfletarias que conviertan la enorme riqueza del comportamiento y la condición humanas en itinerarios guiados, supuestamente certeros y reduccionistas de lo que somos y podemos ser en este mundo. Esto consiste en batallar una y otra vez tantas veces como sean necesarias contra todo tipo de relatos, narrativas y visitas turísticas de la realidad.

 

Espero que hayas disfrutado la lectura. Gracias por tu tiempo.

 

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Dignificar el lenguaje en el mundo empresarial

Dignificar el lenguaje en el mundo empresarial


 

«Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar»

maestro Amos Oz, Contra el fanatismo

 

Una de las consecuencias directas del proceso patológico de aceleración vital de nuestras sociedades es la devaluación del lenguaje. No solo consumimos productos y servicios, sino también métodos, ideas, estados de ánimo, aspiraciones y… PALABRAS. Cómo y cuándo hemos llegado al actual zoológico de papagayos empresariales que pueblan los espacios laborales de comunicación y decisión crítica. De esto quiero hablar hoy. Muchos foros y canales de comunicación vinculados al mundo profesional (congresos sectoriales, conferencias, entrevistas, el propio linkedin,…) son un genial ejemplo antropológico del actual agotamiento de significados y sentidos. Depreciamos la riqueza que nos regalan las palabras antes incluso de poder rentabilizar el potencial que atesoran.

Este artículo tendrá 3 apartados:

  • El actual camino hacia el abismo expresivo en las empresas
  • Las razones para la devaluación del lenguaje en las empresas
  • Cómo dignificar el lenguaje en las empresas

Comenzamos.

 

EL ACTUAL CAMINO HACIA EL ABISMO EXPRESIVO EN LAS EMPRESAS

La madurez o decadencia de una civilización se mide en buena medida por su lenta o nula velocidad de desgaste semántico. Cuanto menos tiempo dura un significado (porque se agota o pasa a ser un lugar común o una commodity), más decadente es la cultura en la que se asienta ese universo referencial y lingüístico. Lo contrario a esta obsolescencia acelerada del lenguaje son las ideas de legado y tradición. Pienso por ejemplo en el empleo evocador y vinculante, altamente sugestivo y propiciador de pensamiento, que han tenido durante más de 20 siglos las culturas que se asentaron sobre el lenguaje griego y el latino. Palabras, máximas y etimologías que vinculaban la experiencia humana a lo radical (de raíz u origen) y lo telúrico (de tierra o pragmatismo), lenguajes cuyo uso implicaba un proceso de instrucción vital de la persona, una educación referencial que suponía una sólida base y estructura con las que acometer la belleza cruda y liminal del mundo. Palabras dotadas de sentido cuya evolución de uso propiciaba nuevas realidades, transformaba escenarios compartidos. Todo un legado que aunaba ficción y realidad con la intención de promover sentidos.

Por oposición a este legado milenario fundado en la sabiduría de quienes se sienten mortales (el in ictu oculi del vanitas barroco) y se saben humildes (el γνῶθι σεαυτόν del oráculo de Delfos), encontramos el actual proceso de adulteración empresarial del lenguaje. Palabras vacías que por repetidas una y otra vez no solo no aumentan su valor sino que lo pierden por completo, nos generan rechazo o -peor aún- indiferencia. El mundo empresarial hegemónico de la actualidad -esa falaz forma de deshonrar el noble comercio- favorece de forma activa -así lo vivo a diario- estas dinámicas de vaciamiento de sentido, actúa como multiplicador de la devaluación del lenguaje. Palabras como PROPÓSITO, TRANSFORMACIÓN o FACILITACIÓN son usadas a diario de manera completamente superficial y anodina, desde una pose puramente estética. Todo ello representa una involución palpable y evidente para quienes desean hablar de forma consecuente y con un mínimo sentido de responsabilidad semántica.

 

LAS RAZONES DE LA DEVALUACIÓN DEL LENGUAJE EN EL MUNDO EMPRESARIAL

Este paso del lenguaje habilitante y transformador -que nace del sentido etimológico y crece en su sentido social dotándonos de horizonte y contenido- a un lenguaje puramente performativo y vacío -que nos desposee de significado y nos avoca al zumbido- hace un tremendo daño a cualquier intento significativo de cambio o mejora.

Precisamente por este motivo, uno de los primeros objetivos de todo proceso consciente de cambio empresarial consiste en dotar a las palabras de sentido, resignificarlas a partir de cierta ética de la coherencia entre las palabras y los actos. Y para poder lograrlo es necesario entender las causas de este desgaste lingüístico en el entorno empresarial. Aquí ofrezco las que a mi parecer son principales:

El proceso de obsolescencia lingüística del mundo empresarial está íntimamente ligado a la escandalosa fiebre por la reducción del Time-To-Market y el ansioso culto por lo nuevo. La novolatría posmoderna exige victimas propiciatorias ante un altar sacrificial de ideas y conceptos que mueren a una velocidad cada vez mayor como peaje necesario del progreso. Este sacrificio ritual que genera campañas periódicas y banales de conceptos redentores, necesita a su vez de palabras que se repitan una y otra vez hasta que pierdan su sentido dentro de la lógica de rendimiento ilimitado que promueve nuestra incompleta idea de consumo.

Los dilatados y continuos procesos modernos de hiperespecialización laboral han generado dedicaciones profesionales huecas que necesitan relleno, algo así como enormes continentes vacíos que se llenan de forma compulsiva de gramáticas, sintagmas y epítetos con los que parecer que se hace algo. Este largo camino hacia la nada pervierte el cometido del lenguaje haciendo que pase de ser un medio para la comunicación efectiva a un instrumento para la comunicación efectista. Puro cartón-piedra. Si en la dicción y la expresión verbal antigua los fines jamás justificaban los medios, en el uso actual del lenguaje cualquier medio (palabra o concepto) vale para el fin de existir desde la perspectiva posmoderna (esto es, aparentar que se es o se hace, en lugar de ser o hacer)

La ausencia habitual de pensamiento crítico en las estructuras y comportamientos empresariales, la mayoría de los cuales están orientados a contribuir a la aceleración de la inercia o crear aceleraciones nuevas- demandan discursos autorreferenciales que se nutren muy bien de la resonancia estéril que acaban teniendo las palabras vacías. Éstas se acaban convirtiendo en lugares comunes o fórmulas fraseológicas -frases hechas- cuya utilización por parte del comunicador genera cierto status quo. Se trata de la estupidez sublimada hasta la ostentación oratoria.

Existe además una tendencia muy marcada en el mundo empresarial actual hacia la grandilocuencia. La metáfora que se me viene a la cabeza es la de un enorme rascacielos completamente diáfano y sostenido sobre palillos. El problema es que cuanto más hinchado está el supuesto propósito de una empresa o su meta, menos probable o posible es su coherencia. Ante esta paradoja, el establishment opto por habitar el mundo de las ideas y desasistir de auxilio o de socorro al mundo de las realidades. Esta actitud esencialista aumenta el creciente divorcio entre el discurso y la lógica empresarial, y la realidad cotidiana de la gente. Y cuanto más esencialista es un discurso, más repetitivo resulta, y en consecuencia menos caudal léxico sostiene. La ingente riqueza del lenguaje se ve asediada por un reduccionismo empresarial expresivo que tratando de ser elitista o selecto, acaba por ser insustancial y frívolo. De este modo las diferentes variedades del lenguaje -que a nivel sociolingüístico siempre fueron un elemento de diferenciación funcional (variedades diafásicas o registros expresivos), sociocultural (variedades diastráticas o niveles lingüísticos), geográfico (variedades diatópicas o dialectales) e incluso histórico (variedades diacrónicas o epocales), quedan todas ellas reducidas a un mero compendio de palabras que uno repite como un papagallo en una conferencia, una reunión o ante una junta de accionistas.

Por último, el proceso de vulgarización de la función directiva está contribuyendo enormemente a la devaluación del lenguaje en el ámbito empresarial. Trataré de explicarlo empezando por aportar contexto. Vivimos la época histórica de la tardomodernidad o posmodernidad si se prefiere. Es el triunfo absoluto de la modernidad en la manera en la que nos relacionamos y comportamos unos con otros. Un triunfo que apunta a la inminente declaración de su cénit que antecede a la caída. Y la modernidad, o si se prefiere el progreso, es ante todo 4 cosas íntimamente relacionadas: individualidad romántica (idealismo desaforado y sin freno, ya sea de Flaubert o de Hollywood), dignidad universal (ética cosmopolita), identidad cultural (ya sea a través de un estado-nación, un nuevo victimismo o la millonésima ideología) y triunfo de la vulgaridad (acceso a una mejor cantidad de oportunidades reduciendo la calidad de las mismas). En este último punto me centro…

Dado que el discurso empresarial ha estado íntimamente orientado al managerialismo desde que hace casi 100 años los dueños de las empresas comenzaran a confiar sus propiedades (negocios) a directores expertos (managers), el acceso a puestos de liderazgo empresarial se ha facilitado enormemente. Añadido a esto, el ya mencionado proceso de hiperespecialización profesional, ha generado -con la connivencia de universidades y escuelas de negocios- perfiles especializados en hacer cumplir órdenes o, en su defecto, en lograr que las personas las cumplan sin necesidad de darlas. A medida que se ha ido vulgarizando el acceso a los puestos de liderazgo, cualquier atisbo de educación cultural elevada ha ido dejando de ser un requisito necesario para liderar negocios y personas, pero sin embargo ha permanecido la necesidad de aparentar que se sabe o se es educado. Y para ello nada mejor que una colección reducida de palabras que van cambiando y mutando según las circunstancias. En la conquista de las élites sociales de control y de mando por parte de la cultura de masas (un proceso bien descrito de Le Bon, Canetti u Ortega entre tantos otros) el lenguaje vendría a ser una estrategia de enmascaramiento efectiva de una ignorancia cultural militante. De este modo un auténtico zote, un mero cazurro, un absoluto idiota (en su significado más griego) puede subirse a un escenario y repetir por activa y por pasiva un conjunto de palabras útiles para parecer exquisito. Bajo este prisma, el lenguaje que siempre fue un medio de representación simbólico y expresión de lo sabido, se estaría transformando ahora en un medio de ocultación elocuente y expresión de lo desconocido.

 

CÓMO DIGNIFICAR EL LENGUAJE EN LAS EMPRESAS

Hay un camino largo para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu disciplina y esfuerzo. Se llama educación intelectual, parte de la adquisición y el contraste de conocimiento, y es una forma de instrucción con perspectiva. Por mucho que uno quiera aparentar estar al día usando el vocabulario más actual o novedoso que imagine, toda persona que accede a la élite social del liderazgo de negocios y personas debe saber que la ignorancia se nota, sobre todo por parte de las personas que no la tienen. Esto quiere decir que -tal y como rezaba el Panchatantra hace miles de años- un jefe de facciones no necesariamente ha de ser un sabio, pero sí le resulta extremadamente útil ser y estar educado. Y esto no significa picotear informaciones -esto no es diferencial porque lo hace todo el mundo- sino más bien construir de forma ordenada un edificio intelectual, sentimental y espiritual que te dote de perspectiva, criterio y contexto. En otras palabras, en un mundo totalmente sumido en la desorientación continua y el ruido, lo diferencial es estar orientado y tener capacidad de foco. La consecuencia natural de este esfuerzo a largo plazo es la adquisición de una habilidad expresiva y lingüística tentadora y cristalina.

Hay un camino medio para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu completa atención y compromiso. Se llama pensamiento crítico, parte de la desconexión o el cuestionamiento continuo de la cultura de masas, y es una forma eficiente de innovación. La clave de esta vía reside no tanto en tratar de estar continuamente conectando con lo nuevo o de moda, como con el compromiso de conectar en cada nuevo reto con lo que siempre funciona o pertenece a la sabiduría perenne. Es, expresado de un modo muy simple, dejar de adorar a Steve Jobs o el último profeta de la IA, y conectar con el mensaje habilitante de grandes maestros de nuestra humanidad. Qué se yo… un Jesús de Nazaret, un Sócrates o un Buda, por ir a alguno de los grandes maestros radicales de todo cuanto somos.

Y por último hay un camino corto para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu sentido de la dignidad propia y tu respeto hacia el mérito ajeno. Se llama «callarte cuando no tienes ni puta idea de lo que hablas» y parte de la idea de saberte lo suficientemente grande para hablar de algo que sabes y lo suficientemente pequeño para callar cuando no sabes de algo. Esto, claro está, choca de lleno con las jodidas cantinelas sobre los neurotransmisores, la última gran profecía del cuadrante Gartner, la publicación cuñado de linkedin o las innumerables certezas que nos arrojan los millones de solucionadores mesiánicos que se multiplican en nuestras sociedades actuales. Por extensión, ayuda mucho a este camino corto de contención e inteligencia, saber escuchar a quienes aportan y aprender a distinguir -con la experiencia- el grano de la paja.

Me encantaría decir que estos tres caminos puedes recorrerse de forma independiente, pero están genuinamente relacionados y a menudo no es posible recorrer el uno sin el otro. Hablamos en definitiva de bajarse de la carrera de la rata, dejar la rueda del hamster, detener la aceleración y el ruido empresarial para hacer que la inteligencia comunicativa en las empresas deje de estar en sede vacante. Habemus papam.

Espero que hayas disfrutado la lectura.
Gracias por tu tiempo.
 

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Las 2 éticas de obtención de beneficios

Las 2 éticas de obtención de beneficios


 

«La aceleración de la información-movimiento genera como efecto
poner todo el inconsciente humano fuera de nosotros como entorno,
creando así lo que parece ser un mundo loco se mire por donde ser mire»

maestro Marshal McLuhan, 1967

 
 
Aunque muchos de mis compañeros de vocación creen que el verdadero problema del pensamiento empresarial es su obsesión exclusiva por la generación de beneficios económicos, personalmente creo que si no existiera esta obsesión no podríamos disfrutar de la mayor parte de comodidades actuales. Creo que el problema está en otro lado. No tanto en querer ganar riqueza material (algo que veo fantástico) sino en cómo ha evolucionado durante las últimas décadas la manera en la que queremos ganarlo. En otras palabras, la ética de la obtención del beneficio ha cambiado.

A la hora de establecer una foto del modelo de provisión de beneficios que tiene una empresa siempre distingo entre 2 tipos de culturas:

Empresas con mentalidad de abundancia que se mueven por dinámicas generativas de valor. Son organizaciones que generan beneficios a través del mantenimiento, diversificación o aumento de su valor (sana facturación, riqueza distribuida, posicionamiento dinámico, etc…) y que mantienen una gestión proporcional de sus ingresos en relación a sus gastos y sus costes. Su foco de preocupación es la rentabilidad del negocio desde el punto de vista del valor generado. Hablo aquí de empresas que viven de sí mismas, no contra sí mismas, fomentando una cultura virtuosa de trabajo y negocio. Suelen ser sitios en los que da gusto estar.

Empresas con mentalidad de escasez que se mueven por dinámicas restrictivas de coste. Organizaciones que generan beneficios desde planteamientos de suma cero a partir de exprimir de manera incremental su modelo de relaciones y recursos (trabajadores, proveedores y/o clientes) por medio de estrategias sacrificiales de presión, cicatería o ahogamiento que afectan primero a los gastos y luego siempre acaba atacando a los costes. Hablo de empresas que viven contra sí mismas, fomentando una continua batalla entre fuerzas orientada en exclusiva a hacer más dando cada vez menos. Suelen ser sitios en los que es horrible trabajar.

Ambos tipos de mentalidades de provisión de riqueza obtienen beneficios, pero lo determinante es desde dónde y cómo los obtienen. La manera en la que practicamos el comercio y entendemos el trabajo es la clave para entender la diferencia entre estas dos lógicas: la primera es generativa a largo plazo, y la segunda es profundamente destructiva incluso a inmediato y corto plazo.

En mi estudio sobre la historia del pensamiento empresarial he detectado claramente varios hitos clave en el deterioro de la mentalidad de abundancia y en el paso gradual hacia una mentalidad de la escasez que lleva varias décadas atentando contra nuestro bienestar social y contra la salud de un sistema socioeconómico sostenido en la actualidad gracias al proceso de pauperización continuo y a sucesivos infartos y golpes de efecto dramáticos.

Durante las últimas 2 décadas mi experiencia es que el sistema socioeconómico global ha evolucionado a nivel mercantil, legislativo y de negocio para castigar a las empresas con mentalidad de abundancia y premiar a las empresas con mentalidad de escasez. De este modo la mayoría de empresas que consideramos financieramente exitosas hoy en día se están convirtiendo -con nuestra colaboración- en enormes parásitos que exprimen las estructuras sociales y crecen contra los propios intereses de las sociedades que les proporcionan beneficios.

Esta dinámica empresarial de la gestión de la miseria ha sustituido a la dinámica empresarial de la gestión de la abundancia que trato de honrar cada día. Pongo algunos ejemplos que se derivan de mi experiencia con clientes:

Sostengo que la inmensa mayoría de las empresas en el contexto actual no pueden crecer de forma exponencial sin convertirse en una empresa con mentalidad de escasez y a la larga en una empresa parasitaria. Si bien en la historia originaria del pensamiento empresarial, las empresas crecían gracias a su éxito y asunción de riesgos (empresas ambiciosas), en la actualidad tienden a crecer gracias a su evitación del fracaso y su omisión de riesgos (empresas conservadoras). Por medio del progreso divorcio histórico entre propiedad del negocio y gestión del negocio, y gracias a la demanda de retornos de inversión cada vez más ajustados, las empresas muchas veces se ven obligadas a crecer contra sí mismas, esto es, contra el valor y/o la identidad que les otorgó su éxito.

En lo tocante al comportamiento organizacional, lleva varias décadas siendo frecuente el fomento de la competitividad entre departamentos para ver quién da más dinero con menos recursos, lo que favorece una guerra fratricida continua entre talentos en una carrera de la rata por destacar contra otros y no en colaboración con ellos. La guerra extrema por el recorte de costes está comenzando a resultar cómica en el interior de las organizaciones. Se da el caso de empleados que tienen dificultades para reservar salas de reunión o puestos de trabajo en sus propias oficinas, porque las empresas han implementado un sistema de aumento de la eficiencia en el uso de las oficinas que implica estar continuamente buscándose la vida para poder trabajar. Dinámicas similares se dan en el uso de otros recursos.

Las guerras de precio y tiempos que se dan en sectores como el logístico o el de reparto y distribución de mercancías, así como en el transporte, están muy ligadas a esta gestión de la escasez en la que entre la satisfacción del cliente final y la del propietario del negocio, pocos interlocutores ubicados en medio de esa cadena de valor se encuentran satisfechos o al menos desde hace años han aprendido a conformarse con estar medianamente insatisfechos.

Lo anterior nos lleva a un punto clave en el giro hacia la gestión de la escasez en nuestras sociedades: el hecho -para mí ya evidente a tenor de mi estudio y experiencia- de que las empresas con mentalidad de abundancia favorecen una batalla por la riqueza que da lugar a una riqueza social sistémica, proporcionada y equitativa; y las empresas con mentalidad de escasez favorecen una batalla por la riqueza que da lugar a la expansión de la pobreza social sistémica, no proporcional y desigual.

¿Hay alternativas a la actual inercia empresarial? Defiendo que sí. Cada día amanezco para trabajar por ellas.

 

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El espíritu de la celebración

El espíritu de la celebración


 

«Quien desee penetrar en el palacio del saber por la puerta grande,
necesita poner de su parte tiempo y maneras. Los hombres que
andan con prisas y no se prestan a ceremonias se contentan
con acceder al interior por la puerta trasera»

maestro Jonathan Swift

 
 
Existe toda una épica de la superación que tiende a subestimar la importancia de los momentos gozosos en la vida de toda persona. Obsesionados con recordar y enaltecer la victoria sobre todos los tristes obstáculos que hemos rebasado, olvidamos a menudo la importancia de celebrar las cosas. Omitimos en nuestras vidas una experiencia introspectiva altamente necesaria. Celebrar es ante todo recordarse afortunado, saber agradecerse los logros conseguidos, dotarse de contexto y perspectiva favorables para acometer el necesario balance de satisfacciones y desengaños con el adecuado tiento y calibre.

Hay personas, dicho queda, que no saben disfrutar de una tregua. Educadas en la mortificación de la batalla, se impiden recordar y festejar lo bueno bajo la oscura certeza de que es algo pasajero o momentáneo. Lo malo -se recuerdan- todavía sigue ahí y por eso no puedo regalarme descanso. No hay razón -se dicen- para bajar la guardia por un instante y suspender de forma transitoria mi lucha constante contra todo riesgo, amenaza o contingencia. Estas personas que viven siempre alerta acaban consumidas por su propio celo y sus reservas. El tierno y dulce camino del placer se hace angosto y estrecho para ellas. Tiemblan y recelan ante cualquier atisbo de celebración. Toda conmemoración les parece intrascendente o pueril. Desprecian la confianza mutua que rebosa de un festejo compartido. No descansan -se diría- de sí mismos y por ello no se atreven a abandonarse a la compañía de todos los demás. Cualquiera que se aproxima a ellos lo siente: no están equipados para la alegría.

En igual medida existen los que solo celebran, aquellos que impulsados por un fervor entusiasta viven en la fiesta. Son aquellas personas que no soportan mirar de frente a la tristeza y la esquivan. Evitan situaciones y detalles que enturbien su feliz relato. Niegan la cruz de la moneda, la sombra en la forma, y en definitiva se ciegan. Permanecen invidentes antes realidades evidentes. Se esconden de la crudeza del fiero mundo. Omiten la inclemencia rigurosa de estar vivos, se alimentan de indolencia, huyen del esfuerzo y rehúsan todo sacrificio. Estos puritanos de la diversión no viven sino que se entretienen. Esparcen su existencia sobre el territorio como si vivir fuera un juego y la vida fuera un mero recreo.

Entre quienes celebran todo y no se permiten penar, y quienes penan de continuo y se impiden celebrar, los hay -escasos, yo diría- que se atienen a la Vida tal y como es. Se conceden el provecho del placer y no impugnan ni refutan la tristeza. Habitan la vida porque entienden que toda situación es hogar. Viajan diligentemente y en paz porque conocen en cada luz y cada sombra los hitos necesarios del camino. Son porque están y en su mirada tranquila respiran las estrellas. Comprenden que el goce y el dolor son vivencias hermanas y sucesivas. Y por eso no tratan de padecer cuando hay que gozar, ni se recrean en el solaz disfrute cuando han de sufrir o expiar.

Podríamos concluir de este paisaje que una vida placentera no es una vida de enormes excesos o puntuales acentos, sino ante todo una vida que se dota de sentido en la continua gramática de la presencia. La mejor forma de sentirte satisfecho es aprender a ser una persona consecuente.

Espero que te haya servido de ayuda esta reflexión.
Gracias por tu tiempo.

 

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