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No puedes ignorarles

Familia mapuche (región actual de Chile)

Familia mapuche (región actual de Chile)

¡Qué foto más rara para un blog tan moderno! dirás. Este blog no es moderno y todo tiene su explicación.

La famosa campaña «Think Different» con la que Jobs de algún modo quería cambiar las reglas del comportamiento publicitario y posicionar a Apple como referente para el cambio – mal que pese a algunos thinkers y a muchos marketers– capta la esencia de cualquier revolución. El compañero @sandopen expresaba algunos de los puntos clave en su blog y exponía hace pocos días la excelencia del caso Jobs en su post Piensa diferente (incluye el video de la campaña). De la campaña me quedo con una frase: «La gente que está loca como para pensar que puede cambiar el mundo, es quien lo logra». A partir de aquí expongo el terrible caso del hombre conocido.

Con mi total respeto por la capacidad inspiradora de Steve Jobs, no es la persona que yo quisiera ser. No comparto muchas de las cosas que dijo en su discurso del año 2005 para los graduados de la Universidad de Stanford sobre todo porque la persona que yo quisiera ser soy yo mismo y esto es algo que incomodaría al propio Jobs. Tiendo a escapar de la marca corporativa en favor de lo que el bueno de Andrés Pérez llama marca personal. No hay nada en el esfuerzo de Apple por cambiar el mundo interesadamente que me reporte algún tipo de valor útil para construir una nueva sociedad. Sin embargo reconozco abiertamente que considero su Hardware uno de los mejores productos del trabajo humano. Con todo, para mí solo es un cambio en la cantidad (dinero, personas digitalizadas y máquinas) y no en el concepto. No niego su revolución, simplemente la minimizo. Y mucho. No soy viejo pero para esto no hace falta ser muy sabio: Mucho más importante que imponer grandes medios tecnológicos es divulgar grandes fines personales. Porque en cada persona está el germen de una nueva sociedad. No en los genios ni en los grandes nombres ni en las decididas inversiones de unos pocos. Cada vez más el mundo que conocemos depende de nosotros mismos. Dejemos de idolatrar y de etiquetar, tomemos referentes pero solo como facilitadores porque tal vez en su misma situación, en su mismo tiempo y con su mismo entorno, cualquiera de nosotros hubiera sido esa persona a la que tanto admiras.

He leído durante noches sorprendentemente cortas la inteligencia de Bertrand Russell y la comicidad hilarante de Shaw. He estudiado la genealogía y costumbres de Mesopotamia, la cuna de las civilizaciones, para escribir un libro y demostrar que nada ha cambiado en 4000 años de Historia. Nuestra colección de emociones y sentidos sigue siendo la misma que la del joven Gilgamesh, nuestra curiosidad es de Ícaro y esa Nube que tanto nos gusta ahora en forma de Cloud Computing ya sedujo y le costó a Ixión perder la confianza del dios griego. Como la rueda a la que irremediablemente estaba atado Ixión, la historia de la Humanidad es una sucesión incestuosa de revoluciones que no dejan de rodar y a un mismo tiempo nos dan vida y nos condenan. Creer en cada revolución es harto ruinoso. Mi teoría es que un hombre medio -me excluyo de la cuenta- cree y puede sostener y soportar a lo largo de su vida dos revoluciones. Al término de la segunda generalmente se desengaña y su inquietud por cambiar decae. Como Gilgamesh y el mismo Heracles, nos acercamos desafiantes a los dioses de turno (en nuestro tiempo y en el de Jobs apenas despojos de grandeza que unidos llamamos Organizaciones), les plantamos cara y pensamos superarles, demostrar al mundo que nuestra forma de pensar y nuestra apuesta es la correcta. Cuando acaba el ciclo generamos por nosotros mismos nuevas Organizaciones. ¿Eso es todo? Eso es todo.

Hasta aquí el terrible caso del hombre conocido. A cualquiera que llegue a ese punto, yo puedo ignorarle. Puedo hacerlo porque considero que ha repetido un patrón de conducta que se pierde en la historia de los tiempos. A quienes no puedo ignorar es a aquellos que rompen este patrón de conducta, a quienes hacen suyo el discurso disruptivo e intentan cambiar el mundo desde su entorno más inmediato, a quienes incluyen y no segregan, a todas aquellas personas que, en fin, están cambiando desde ya ese patrón de conducta que por sí solo era una petición de principio horrible capaz de ser la peor pesadilla si tuvieramos conciencia del daño tan atroz que ha producido. Se trata del mismo patrón de conducta que a un nivel muy bajo, muy local y muy concreto (las tres premisas para que algo funcione) en 1971 Steve Wozniak quiso romper presentando a su entonces empresa Hewlett Packard la idea de un ordenador personal (PC) que rechazaron por descabellada. Tras trabajar la idea con Jobs y presentarla en Berkeley, nacería Apple, esa gran industria de la imagen (Jobs) y de la ingeniería (Wozniak). No quiero entrar en si fue más complicado transformar la idea en aparato (Wozniak) o convencer de que el aparato era revolucionario (Jobs). En cierto sentido ambos procesos implicaron transformación pero lo realmente revolucionario fue expandir la tecnología a cada hogar en el mundo. ¿Os parece una gran revolución?. Pues ahora escuchad el sorprendente caso del hombre sostenible.

Tribunal de las Aguas por Bernardo Ferrándiz, en 1865

"Tribunal de las Aguas" por Bernardo Ferrándiz, en 1865

¿Y si en vez de buscar revoluciones fuéramos cada uno de nosotros una revolución?. Tú, lector, me dirías: «Eso no es sostenible». ¿Y si en lugar de hacer revoluciones controladas por los otros fueramos independientes y capaces de aportar nuestras propias revoluciones?. Tú, lector, me dirías: «Ninguna organización ni sociedad puede sostenerse bajo ese principio». Ahora quiero que hagamos un ejercicio conjunto de reflexión para un posteriormente inmediato autocastigo punitivo. Todas los casos exitosos que enumero a continuación se mantienen por el valor abierto, libre, no sujeto a restricción, completamente independiente y autónomo y en todas las ocasiones completamente solidario de sus miembros:

Concejos de Mesta: Existentes desde 1273 hasta 1836: En concreto 563 años de sostenibilidad organizacional.

Consejo de Hombres Buenos:  Desde el siglo VIII en la época andalusí hasta nuestros días. Todavía vigente.

Tribunal de las Aguas de Valencia: Desde el reinado de Al-Hakam II (960) hasta nuestros días. Todavía vigente

Si os interesan estos temás, investigad sobre la gestión de nuestros bienes comunes, nuestro procomún. No deberían ser propiedad de empresas o particulares, sino de la propia sociedad. Recientemente la UNESCO ha nombrado a estos dos grupos sociales anteriores Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Pues bien, cada uno de los casos que la UNESCO ha denominado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en el mundo suelen corresponderse con grupos que siguen una misma pauta social colaborativa y de salvaguarda de valores o con representaciones o manifestaciones creativas que fomentan la comunicación, el grupo o las relaciones (flamenco, castellets, silbo,…). Ningún caso de los admitidos en la lista tiene que ver con valores individualistas sino personales.

Más casos:

Wikipedia: Iniciativa de la Wikimedia Foundation, sí, una fundación, no una empresa. Nadie habla de Jimmy pero nos flipamos con Steve. ¿Sabías que recientemente se ha declarado que la Enciclopedia Británica tiene más errores en artículos destacados que Wikipedia?. ¿Conoces cómo funciona Wikipedia por dentro? ¿Sabes que ningún editor de contenidos recibe ni un solo euro por su contribución? ¿Sabes cuántos millones de personas contribuyen a que el conocimiento humano sea difundido a cada punto de red en el mundo?. ESO ES VALOR. A ellos no puedes ignorarles. Ya está en marcha, está vivo, no van a parar. Nada semejante se había dado con anterioridad, no existen casos equiparables en cuanto a volúmen y alcance de la iniciativa. Consulta estadísticas en la cabecera de este blog. Siempre las tengo a mano para que nunca se me olvide que el hombre es capaz de masacrar en apenas seis años a 60 millones de personas pero también es capaz de generar 16 millones de artículos de forma colaborativa y transparente. Todavía vigente.

Comunidades de Software Libre: Todo su código puede ser reutilizado, redistribuido y modificado libremente. El valor del esfuerzo de cada desarrollador Linux no es la capacidad de guardar secretos (Apple) que pueda tener sino la capacidad de haber desarrollado algo sólido y fiable para cotizar su conocimiento en el mercado y aplicarlo a cualquier ámbito de desarrollo software. Sus desarrollos han posibilitado la verdadera extensión de la tecnología del ámbito macroeconómico a las pequeñas economías, pero también es un modelo de negocio implantado en la práctica totalidad de organizaciones actuales. Todavía vigente.

Comunidades indígenas mapuche e inuit: Me sirve cualquier comunidad indígena que haya sobrevivido hasta la fecha y demostrado que el siglo XX occidental es una mariconada de evolución al lado de miles de años de experiencia vital. Cualquier comunidad pero destaco dos que nos estamos cargando. En Chile y las regiones árticas, en condiciones extremas de vida han logrado sobrevivir estas dos comunidades que basan su sistema de vida en la autonomía, la independencia y la colaboración de las estructuras sociales comunitarias y distribuidas que generan. Solo se ven destruidas por el carácter colonizador y homogeneizante de la cultura occidental y la globalización económica.

ONGs civiles: Organizaciones totalmente solidarias, sin identidad política, pero fundamentadas en principios de ayuda a los demás, con ánimo de lucro ético y personal pero no económico. ¿Cómo es posible que existan? ¿Qué motiva a los miembros de estos grupos? Dinero, no.

La Iglesia católica: Nada más y nada menos que 2010 años de Historia. No quiero hablar de la organización arcaica ni de las ideas retrógradas de sus dirigentes, quiero hablar de varios casos concretos dentro del universo Iglesia Católica. Por ejemplo os quiero plantear el caso de las comunidades de cristianos de base, pequeños grupos de creyentes que se reunen e intentan interactuar con la sociedad de acuerdo a principios de respeto con su entorno. Por ejemplo os quiero plantear el caso de una anciana que viva en un pueblo a una hora de la parroquia más cercana y se levante cada día a escuchar misa. También el de un hombre que ha perdido a toda su familia por violencia extrema y se encuentra solo en el mundo y mantiene una fe ciega en Dios y en la doctrina cristiana de la paz. Soy ateo (no creo en Steve Jobs) pero no puedo ignorarles. Repito: 2010 años repitiéndose éstas y muchas otras historias una y otra vez…

Redes sociales y blogosfera: Estás en un blog y conocer las sinergias generadas a través del intercambio de información entre gente con similares inquietudes e invirtiendo tiempo y esfuerzo personal sin retribución económica alguna (salvando community managers, claro 😉

Pues bien, esta es el sorprendente caso del hombre sostenible. ¿Qué modelo nos hace crecer (no en cantidad sino en calidad) y qué paradigma social nos estigmatiza?. ¿A qué modelo quieres aportar?. Si deseas ampliar detalle sobre lo importante que es para nosotros no perder las referencias y la diversidad, lee a Marvin Harris para aspectos antropológicos y deja que George Steiner te llame ignorante. Lo último lo hago cada día.

REFLEXIÓN: No hay nada que impacte más y que penetre mejor en los grupos de personas complejos (sociedades) que la fuerza consuetudinaria de los actos, es decir, el peso de la costumbre, el respeto, los acuerdos y la tradición. Todos ellos intangibles, no técnicos y valores. Mi opinión personal: para cambiar verdaderamente el mundo la tecnología por sí sola no hace nada, Apple no hace nada, la innovación por sí sola no hace nada, la actitud lo hace todo, tú puedes hacer algo. En tu entorno de trabajo, con tus amigos, en tu familia. Las revoluciones auténticas no son de una sola persona sino, una a una, de todas las personas. Ese es nuestro valor, somos uno (nodos) y muchos (crowd), las posibilidades son infinitas, solo debemos transformar. Cuanto más abajo transformes mayor será la dimensión y repercusión del cambio que provoques. Esa será la verdadera Innovación Abierta. No hierarchy, all net.

Brindamos en piyama

Brindamos en piyama

Crítica del blog en "El economista en piyama "de Eduardo Remolins

Crítica del blog en "El economista en piyama "de Eduardo Remolins

Desde Vorpalina agradecemos a Eduardo Remolins la crítica que desde su blog ha realizado sobre nuestra inquietud constante y el trabajo inasequible al desaliento que realizamos entre todos: yo personalmente como autor y vosotros mucho más directamente como lectores y prosumidores de contenido. Eduardo nos tiene fidelizados a muchos y doy fe de ello por el trasiego de recomendaciones de su lectura que su último libro ha tenido en twitter. Que nos mencione una persona con semejante trayectoria y perspectiva en el mundo de la innovación es ya fuente de alegría, pero queremos -como siempre- analizar y aprender de su opinión e ideas:

Pienso que la foto que Eduardo ha realizado sobre nuestro blog es acertada, sobre todo por lo de «difícil de catalogar» y por lo que el mismo Eduardo pronostica que el autor de estas líneas pensaría cuando alguien intentara clasificar su peculiar aportación al mundo red ;). Personalmente me ha gustado mucho el calificativo de «blog de la creación colaborativa«. Creo que es una etiqueta que incluye un amplio espectro de nuestras inquietudes comunes. Como ya hemos dicho muchas veces, estas inquietudes no necesariamente deben estar ceñidas a una sola actividad humana sino que forzosamente -por la propia esencia de su sentido- deben proyectarse en muchos campos de trabajo y experiencia de nuestra vida diaria.

Vorpalina tiene las puertas abiertas para aquellos de vosotros que tras la lectura del post de El economista en piyama os sintáis interesados en el Proyecto IReNe, Inteligencia en Red para la Nueva e-conomía. El proyecto inicial tiene unos sólidos pilares que se exponen en la tesis y que os animo a que leais. A partir de ellos, todo es posible. Actualmente está formulado en fase inicial como parte de un proyecto fin de master pero la idea es que sea construido con la experiencia y el conocimiento de todos. Cualquiera de vosotros es bienvenido con independencia de profesión, categoría o experiencia. Solo es necesaria cierta actitud trascendente, entusiasta y efusiva por el mundo abierto. El objetivo es aunar esfuerzos y reaprovechar la cultura red (Innovación, comunidades FLOSS, crowdsourcing, comunidad científica, educación abierta, management, entornos de aprendizaje musicales,…) para poder gestionar nuestros equipos de trabajo. Como bien hablaba con mis compañeros hace tan solo dos días, no se trata de que todos creemos innovación sino de que todos lo seamos en nuestro entorno. Para ello nada mejor que retroalimentarnos.

Con este post renovamos nuestro compromiso con vosotros, lectores, y os ofrecemos como siempre ayuda, consejo y compañía en el camino hacia la sociedad red.

Hamlet: la locura ordenada

Hamlet: la locura ordenada

Cartel promocional de "Hamlet", Laurence Olivier, 1948

Cartel promocional de "Hamlet", Laurence Olivier, 1948

Termino de rebautizar mis votos -algunos títulos los veo por quinta vez- en la saga cinematográfica de Hamlet. En esta obra siempre he visto la lucidez que precede a un gran momento de creación y reflexión. Sin duda ordenar nuestra locura es tarea complicada que solo por momentos resulta provechosa. En la cantidad y calidad de estos momentos cifro a las personas que considero referentes.

Basados en la magistral obra de Sir William que retrata la iniquidad de instantes tan fronterizos como la envidia, el homicidio, la vanidad, el odio y ante todo la venganza; existen tres títulos imprescindibles que todo amante de Hamlet debe conocer. El primero de ellos, «Hamlet» lo rodó y protagonizó Laurence Olivier en 1948 y me resulta imposible realizar una crítica digna de la altura de la música de William Walton y del maravilloso y enigmático montaje. Cuatro premios Oscar, entre ellos a mejor película y actor, se han grabado en la historia del cine surgido como hijo del teatro. El segundo título «Hamlet, el honor de la venganza» se desarrolla en una dinamarca adusta, llena de realidad telúrica con paisajes cercanos y una fotografía de texturas decadentes. En ella Mel Gibson -un actor y director por el que no siento especial simpatía pero del que extrañamente soy devoto- genera un clima de angustia derivado de la conciencia absoluta de libertad para el absurdo que el protagonista sufre en el seno de su familia. Laurence Olivier, del que ya hemos hablado, nunca puede ser el mismo Hamlet que puede interpretar Gibson pero éste último es necesariamente pasional y ello le ayuda en el acto en el que el príncipe decide su locura. Un título respetable dirigido por Franco Zeffirelli. La tercera de las películas y más reciente es «Hamlet» de Kenneth Branagh, ese actor que es la reencarnación infame, continua y deliciosa del alma, el trabajo y la persona dramática de Olivier. De los tres títulos éste es el Hamlet más cortesano y palaciego, más fiel a la pura interpretación de la letra shakespeariana y más lúcido en cada soliloquio. Transmite con perfección magnética la esencia primaria del príncipe que yo soñé en mis lecturas. De absoluta vigencia, sin duda Olivier encarna la definitiva obra maestra en movimiento de las páginas de nuestro hermano William. Olivier es quizá la mirada de Hamlet, Gibson la personalidad que mejor sufre el infortunio y Branagh es el texto hecho persona. Ninguno de los tres, y admito dudas, es en suma cuestionable. Una crítica sobre el primero os supone un duelo a sangre con el autor de este post 😉 Como apunte, considero que la entrega de 1990 no es una banda sonora aceptable dentro del catálogo de Ennio Morricone. Priorizo para el video de este post la mirada lúcida de Olivier y la secuencia imprescindible de la obra maestra de 1948. Se trata del monólogo en versión original del príncipe Hamlet frente a dos abismos: el de su propia existencia o el del precipicio insondable sobre el que rompe el mar del norte en Elsinore. Este momento es interpretado de tres formas muy diferentes por los tres actores; la lenta introspección, la absoluta soledad en el secreto de su locura, el tono pausado y las súbitas notas de intriga de la banda sonora hacen de este momento algo mágico. Lo incluyo sobre todo por respeto pero en gran medida por dilatada y recurrente admiración.

Nota: He excluido la versión de 1964 de Richard Burton por no considerarla digna del texto. La obra «Hamlet» forma parte de una nutrida biblioteca de inmejorables traducciones del sentimiento de venganza que siglo a siglo ha ido pariendo la inteligencia humana desde el ágora griega a nuestros días pasando por la Francia del siglo XIX.

Modelo productivo: ser persona

Contener el agua está bien pero lo mejor es disfrutarla

Contener el agua está bien pero tal vez lo mejor sea disfrutarla

Acudimos a grandes coloquios y encuentros profesionales, lugares de esparcimiento para mentes inquietas e insultantemente creativas. Revolucionamos los entornos conocidos y predicamos la gestión eficiente alejada de los modelos impositivos tradicionales. Intentamos aprender unos de otros y cada vez con más medios a nuestro alcance. En un futuro -¿quién lo sabe?- tal vez solo queden medios. Hablamos de adaptación, de estándares abiertos y de depurar nuestro sistema de trabajo. Estudio comunidades y organismos inteligentes que se nutren de individuos completamente idiotas para alcanzar un alto grado de competitividad y viceversa. Hablo de optimización social, de fomento de prácticas sostenibles, del futuro del trabajo de Thomas W. Malone. Somos y soy todo lo anterior pero no debemos perder la perspectiva de nuestro foco de acción:

1) Descentralizar: Disminuir intermediarios y burócratas; distribuir información; colaborar con otras estructuras y cuidar las relaciones personales; no caer en la moda del dinero rápido para aprovechar la cultura del conocimiento; delegar con eficacia y no por ignorancia; confiar en las personas; definir y dialogar; captar ideas.

2) Coordinar: No liderar sino coordinar. Colaborar para que otros se lideren; mostrar cercanía y conocer a las personas; identificarse y aprender con los demás; orientarse a resultados siempre que los resultados beneficien el entorno. Continuamente.

3) Cultivar: Demostrar méritos a pesar de la categoría pero no a pesar de las personas; trabajar de forma interesada para que nuestro trabajo sea interesante; madurar nuestra oxitocina laboral u hormona del abrazo en el trabajo con ideas y opiniones ajenas.

Hablo de todo ello pero hoy también iba en el tren. En la primera de mis paradas se ha subido llorando una profesora de primaria que estaba en paro y vivía en una habitación junto a su hija. Una estampa desoladora pero completamente humana de no ser por el hecho de que subió a pedir dinero y la contracción blindada de nuestra oxitocina ni siquiera prestó atención a su discurso. Me ha hecho pensar sobre si realmente alguien que no se perturbe ante estas situaciones e imágenes puede innovar y cambiar nuestras estructuras de trabajo. No he tardado en responder. No podría innovar ni aportar ni motivar un solo cambio porque su vida sería un modelo improductivo. No valora ni analiza ni aprende de su entorno, simplemente es. Sin actuar ni dirimir principios de los cuales extraer sus propias conclusiones, atiende a una sola dirección sin ver la riqueza de los pasos intermedios.

Sembrar y motivar un cambio de actitud en nuestro ecosistema de trabajo es relativamente sencillo si somos capaces de vivir con los demás y en ocasiones puntuales para los demás. Solo eso, solo ser meritocrático y primar los algoritmos ligeros y vitales de la creatividad, el esfuerzo (1) y el compromiso (esos castillos en el aire que se matan a conciencia) por oposición al peso homicida y sedentario de la costumbre, la tradición y el éxito. Esto -si es posible- hacedlo tanto en trenes repletos de oxitocina como en oficinas cansadas que vuelven su espalda a la luz natural de todos los sentidos. Creemos presas de agua sin miedo solo para contener la corriente del líquido elemento pero no para aplacarlo. Parece claro que si nuestro entorno no fluye seguramente nunca nos mojemos. ¿Pero es que acaso eso es bueno?. Yo creo que no y que sin duda no hay modelo más productivo que ser una persona. Luego que venga el collar de títulos y logros, pero primero solo eso.

Notas:

(1) Respecto al esfuerzo leo en el blog de los amigos de BZMK una noticia de una mendiga que se graduó en Harvard y ha logrado salir adelante. Está bien que tengamos referentes en grandes figuras de nuestro tiempo pero mejor aún que los tengamos en grandes personas de nuestro tiempo.

Aprender a volar

Portada del libro "La primera venta del emprendedor"

Portada del libro "La primera venta del emprendedor"

En este blog comentamos a diario ideas y esbozos de ideas que van surgiendo y mantienen viva nuestra inquietud por el nuevo paradigma. Hoy quiero hablaros de una iniciativa, Libros de Cabecera, una editorial que intenta concretar todo este universo de ideas que se formulan en foros profesionales y blogs especializados sobre emprendimiento, innovación y nuevo mercado. Se trata de una apuesta por acercar capacidades, métodos y conocimiento a todos aquellos senior interesados en este tipo de contenidos (¿existe alguien a quién no le interesen?;) Cuenta con un equipo editorial de lujo y unos colaboradores/autores a los que merece la pena escuchar: Carmelo Canales, Francisco López, Gabriel Ginebra, Oriol Segarra, Morris West y el autor del que quiero hablar con un poco más de detalle: Eduardo Remolins, del que ya hemos hablado en otras entradas para recomendar su blog El economista en piyama.

La web de Eduardo ofrece información sobre sus conferencias, artículos y estudios acerca de emprendimiento e innovación. Recientemente ha escrito un libro para la editorial de la que os he hablado, Libros de Cabecera, en el que nos narra cómo podemos romper la primera barrera en emprendimiento: la venta de nuestra idea a futuros inversores. La primera venta del emprendedor, el séptimo libro del autor, es un manual para iniciar a cualquier emprendedor en el arte de arrancar y convencer. Las dos primeras ideas básicas que extraemos nos han gustado: no mientas, tarde o temprano te pasará factura; y se honesto, no puedes saberlo todo ni operar al margen de la sociedad que te da de comer. Lo que más nos ha gustado del libro ha sido la adecuada y sencilla estructuración de los contenidos e ideas con casos prácticos asociados y detección de tendencias y amenazas. Tras formular nuestra idea y darle forma necesitamos convencer, estructurar nuestra apuesta y evaluar nuestras opciones de financiación. Debemos saber para ello qué esperan los inversores de todo emprendedor, debemos presentar nuestro producto de forma eficaz y, como bien dice Eduardo Remolins, debemos aprender a volar.  La idea de que lo importante es despegar por encima de cualquier otro accidente o detalle me recuerda a ese genial poema del poeta Oliverio Girondo que se titula “No se me impora un pito” y que aparece en la película “El lado oscuro del corazón”. Un extracto del poema dice así:

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.»

Pues bien, con los proyectos lo mismo. Para dar alas a nuestra idea nada mejor que concebir las diferentes etapas que debemos cubrir y el esfuerzo y apoyo que debemos tener en cada una de ellas. También es necesario un Plan de Negocio, un discurso breve que nos permita exponer y convencer en menos de 1 minuto (el famoso minuto de oro que cuesta tanto conseguir) y sobre todo tener solidez en los argumentos. La primera recomendación del autor es concretar mediante varias acciones básicas: focalizar, detectar el diferencial, localizar el mercado real (no potencial) y la competencia que opera en él y, por último, ver el modelo de negocio (cómo sacar beneficios). En definitiva se trata de posicionar nuestra idea y detectar el retorno de inversión. Otra de las grandes lecciones que he aprendido de este libro de Eduardo es que no necesariamente un gran emprendedor debe ser la cabeza monolítica que controle todo el negocio; en ocasiones alguien persuade y vende ideas y tiene detrás un argumento sólido (consejo asesor, técnicos muy cualificados y unos buenos números nunca fallan) que le da soporte y credibilidad. Lo último que destaco es la insistencia que, tanto Eduardo a lo largo del libro como Carlos Barrabés en su prólogo, ponen para advertir del peligro de no disponer de un label de calidad, un altavoz que magnifique y apoye nuestro mensaje, una plataforma efectiva. Os divertirá la argumentación de Carlos en el prólogo porque es realmente gráfica. Hablan de “dinero inteligente” y podréis entender como no son solo billetes ni metálico sino también gestión y asimilación de entornos de conocimiento avanzados.

Recomiendo que leáis el libro (16 EUR y 6 EUR en formato EBUB) para tener una idea clara que nos ayude a superar esa primera fase de predisposición tangencial que si no es controlada a tiempo puede echar por tierra grandes ideas. Aunque no es un best-seller de Pérez-Reverte o Dan Brown como señala el propio autor ;), se trata de un libro de cabecera (nunca mejor dicho) para aquellos que no busquen soluciones rápidas sino consejos basados en experiencia personal. Una característica ennoblece el mensaje del libro: no intenta dar una solución definitiva ni mesiánica sino aportar una nueva forma de persuadir alejada de los modelos de presentación tradicionales (McKinsey).

Ayer mismo vi un audiovisual donde un cooperante explicaba su trabajo en Uganda. Relataba al cámara cómo muchas grandes apuestas han acabado en lo que denominan “elefantes blancos”. Se trata de grandes ideas con grandes presupuestos y un gran despliegue que no tienen en cuenta el entorno donde pretenden asentarse y acaban muriendo por abandono. En el caso de Uganda se trataba de una apuesta de la ONU con muy buenas intenciones pero que no aportó nada a la comunidad. La idea era construir una fábrica de corte y distribución de carne basada en ganado local para abastecer el mercado nacional por medio de un plan logístico ambicioso. Dada la cultura ugandesa que considera a la vaca no solo como un animal sino como parte fundamental del valor de una tribu y una familia, el hecho de que un ganadero vendiera la totalidad de sus vacas era completamente disparatado. Es lo que se llama “muerte por éxito”. Eduardo advierte en el libro de este tipo de peligros: apuestas ambiciosas sin fundamento real que no llegan a buen puerto y sobre todo ideas que logran nacer y empezar pero que debido a crecimientos excesivos (la curva del palo de hockey) acaban generando expectativas difícilmente asumibles.

Nuestra enhorabuena personal al autor y nuestro apoyo a la editorial en cualquier tipo de colaboración o ayuda. Gran iniciativa con buenos argumentos, que diría el propio Eduardo 😉

Nota: Eduardo Remolins escribe el blog personal El economista en piyama. Es licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Rosario, Master en Economía por la Universidad Torcuato Di Tella y Master in Technology and Innovation Management por la Universidad de Sussex. Más información

Enlaces de interés:

Poema completo de Oliverio Girondo