
«Vaya mierda de guerra: el papel de fumar en un `lao´, el tabaco en el otro, y nosotros en medio«
Juan Eslava Galán, La mula
Durante años me he enfrentado a una cruda realidad: la honestidad en el trabajo sale cara. Y aún así merece mucho la pena apostar por ella. Tengo innumerables ejemplos de ello a lo largo de mi carrera profesional, tanto en mi propia vida como en las vidas de los demás. Después de todos estos años puedo decir con orgullo y con dolor que optar por lo correcto en situaciones clave de tu vida profesional, implica pagar un precio muy elevado.Así que he pensado que sería interesante compartir algunos ejemplos reales del precio que he pagado -y estoy decidido a continuar pagando- por no vender mi alma al mejor postor, ni bajar la cabeza o apartar la mirada ante las continuas muestras de tiranía, bajeza moral o deshonestidad que suelen quedar impunes en el mundo empresarial. Hace ya varias décadas decidí que no quiero alimentar un mundo miserable para las siguientes generaciones. Y en eso sigo y estoy.
Antes de continuar, bueno es recordar que algunos artículos previos podrían completar a éste. Por ejemplo, anteriormente escribí sobre Las 2 éticas empresariales de obtención de beneficios y mi posición al respecto. También me declaré Contra la tiranía del cliente y el abuso del proveedor. Me he mojado igualmente sobre La verdad en el mundo de la formación y la consultoría. Y más recientemente he expuesto la absoluta inmoralidad y bajeza moral que impera en la Captación de clientes en el mundo digital y de la que me he propuesto no participar. Todo ello contra mis propias posibilidades de facturar mucho más, claro está.
Dicho esto, vamos al meollo. Enumero aquí algunos casos que he vivido en este tiempo:
SOCIOS A LA GRESCA: En la mayoría de ocasiones mi contacto en el cliente es la propiedad o la gerencia, de manera que la interlocución con los decisores suele ser directa. En no pocos casos los socios suelen estar de morros. El que no ha tenido serias diferencias con otro socio, se ha visto afectado por el movimiento de un tercero, y quién más y quién menos conserva fundamentales diferencias sobre cómo debe evolucionar la empresa. Estas rencillas son completamente normales y se sobrellevan bien cuando hay un buen reparto de beneficios y la cosa funciona. Se lleva mucho peor cuando la cosa no rueda como antes o algún pequeño malentendido ha causado agitación. En general -seré muy claro- lo que suelo ver en los socios de empresas asentadas (con facturación recurrente y negocio que llega a mercado) no es honestidad, es más bien un ejercicio medido de comunicación entre ellos y una continua tentativa de suspensión en la asunción de riesgos. Hay confianza entre socios pero cuesta hablar con claridad y a menudo es necesario que venga alguien de fuera a azuzar reflexión y favorecer una toma sensata de decisiones. En la medida de mis posibilidad, ahí entro yo.
CONFESIONARIO DE RRHH: Una de las situaciones más recurrentes que he presenciado durante estos años es la del director/a de RRHH confesando frustrado que trata de parchear las grietas de una cultura corporativa atropellada que hace aguas a diario ante la negación de la realidad de los socios y financieros, generalmente ocupados en recortar costes y multiplicar beneficios. Algunas personas que me contactan lo hacen por recomendación de otras, y solo cuando ven en la primera conversación que tengo mucha experiencia conociendo entornos empresariales diferentes, se abren y muestran su descontento. Otras veces la persona que contacta conmigo lleva leyéndome varios años y noto que nuestra conversación viene a ser algo así como un «Necesitaba saber que había alguien más que pensaba estas cosas para no sentirme solo«. La mayoría de ellos tratan de humanizar y abogar porque las personas miren más allá del inmediato plazo, pero se chocan continuamente contra un muro. Muchos de estos profesionales han sido directores de RRHH en 3 o 4 empresas y no han cesado de buscar infructuosamente un lugar en el que poder sentirse bien con su labor. Reproduzco preguntas literales que me hacen para que entendamos el nivel de frustración que manejan: «¿Es así en todos lados?», «¿Hay alguna empresa en la que se pueda ser director de RRHH y te den recursos y medios para hacer tu trabajo?», «¿Crees que las empresas pueden cambiar de verdad?», «¿Hay alguna forma de hacer las cosas en el mundo empresarial que sea diferente a lo que llevo visto ya en 4 sectores?», «¿Se puede ir más allá de cursos y formaciones cortoplacistas y planes de carrera que no mejorar la vida de nadie?» A menudo cuando hablamos de las posibles vías de trabajo, les noto respirar, y en todos y cada uno de los casos se repite la misma muletilla: «Esto ahora hay que validarlo y podemos seguir adelante».
REGULACIÓN CONDUCTUAL AVERIADA: Siempre recuerdo esto en todos mis clientes: cuando el precio de hacer algo bien y el precio de hacerlo mal es lo mismo, que nadie lo dude: la persona lo hará mal una y otra vez. Cuando el sistema de recompensas y castigos está averiado, surgen entonces dos fenómenos que es necesario abordar: el de las personas íntegras silenciadas, y el de las personas miserables que se victimizan a la luz y enturbian en la sombra. En la medida en que iluminamos a los primeros para que adquieran protagonismo, y tratamos de integrar a los segundos desde la responsabilización directa de las consecuencias de sus acciones, todo irá bien. Los dos casos más explicados en detalle son estos:
PERSONAS ÍNTEGRAS SILENCIADAS: Son personas cuya autoridad moral, sensatez, prudencia y ejemplaridad todo el mundo reconoce pero que permanecen en silencio por miedo a entrar en conflicto con sus compañeros, o por temor a posibles movimientos de silla o represalias. Son profesionales visibles en el trabajo diario pero que tratan de hacerse invisibles cuando la conversación aborda temas nucleares o difíciles. Prefieren permanecer de medio perfil y no mojarse antes de jugársela y pronunciarse sobre uno u otro tema. Las causas en mi experiencia son tres: desencanto tras años pegándose contra un muro, exceso de ruido provocado por compañeros más ruidosos e insensatos, y resignación a su empleo y condiciones actuales desde el punto de vista de mero trabajo alimenticio. Por supuesto, que la labor para que estas voces emerjan suele ser ímproba y es una maravilla comprobar cómo con el tiempo y el adecuado cuidado, estas voces se crecen.
PERSONAS MISERABLES QUE SE VICTIMIZAN A LA LUZ y ENTURBIAN EN LA SOMBRA: Cuando el sentido ético está averiado, aquellas personas que tradicionalmente se avergonzarían de tener dos caras, las ejercen entonces con total impunidad. Se trata de personalidades o comportamientos altamente contagiosos que una vez sienten que pueden enturbiar cuanto deseen en favor de su causa sin que haya regulación de ningún tipo, se entregan a una desenfrenada carrera de corrillos, comentarios y dardos. Dado que una de mis 3 especialidades es la gente verdaderamente chunga, es bueno que los equipos vean cómo cambia el comportamiento de personas de este tipo cuando se encuentran en un entorno regulado y cuando no se encuentran en él. Con estas personas mi estrategia a lo largo de los años ha pasado por la compasión humana, el enfrentamiento directo desde la elegancia y la promoción de valores básicos de convivencia y respeto a los compañeros. De cientos de casos y empresas, solo en 2 ocasiones concretas de mi trayectoria profesional con 2 empresas diferentes, 2 personas miserables (que lo eran con sus compañeros, con su empresa y lo fueron igualmente conmigo, como no podía ser de otro modo) lograron imponer su voluntad contra el interés de su empresa y sus compañeros. En ambos casos la razón fue la misma: la absoluta desidia y falta de valentía y regulación por parte de propietarios, socios o consejos directivos que optaron por tomar la decisión más cómoda y la menos saludable: mantener el cáncer, expulsar el remedio. En ambos casos el precio que tuve que pagar por defender un mínimo de honestidad fue muy alto tanto para los empleados de ambos clientes como para mí. Ellos perdieron la oportunidad de cambiar y se quedaron con los dos mojones a los que no quisieron hacer frente, y por mi parte huelga decir que perdí ambos clientes. En ambos casos podía haber dado la razón a las 2 personas miserables y continuar facturando. En ambos casos decidí no hacerlo. Me consta que la cosa ha seguido yendo a peor en lo tocante a desregulación conductual en las dos situaciones y contextos, y esto -más que la pérdida de los clientes- es lo que más me duele. Quizás sea útil recordar lo que pienso de las personas miserables: que solo lo son porque ignoran o andan lejos de la belleza y las cosas importantes de la vida, y que solo lo seguirán siendo mientras no les ayudemos a dejar de serlo, ya que ellos no han podido dejar de serlo por sí mismas.
ARMONÍA ARTIFICIAL: Hace años Patrick Lencioni mencionaba como una de las principales fases para la conformación de un equipo, la necesaria superación del temor al conflicto. Esto se reflejaba en lo que él denominó la ruptura de la armonía artificial, es decir, el comienzo de la sinceridad mutua en las conversaciones desde la asunción de una vulnerabilidad necesaria que surge cada vez que expresamos algo que verdaderamente importa. Cuando hablar sale gratis y cuando hablamos desde el temor a ofender al otro o retratarnos, estamos exigiendo en la práctica que la situación que queremos resolver, continúe. El problema de la armonía artificial no es solo que genera un ambiente de mierda, negativo y cenizo del que nada bueno puede extraerse. Es sobre todo que propicia un inmovilismo que impide la asunción de responsabilidad propia (el accountability famoso) y la mirada hacia adelante. De nuevo, entre cientos de casos, solo en 2 casos (uno de ellos coincide con el anterior caso) me he encontrado con equipos que tras el acompañamiento se resisten a tomar responsabilidad propia o romper su miedo. En ambos casos huelga decir que decidí interrumpir mis servicios por honestidad con el cliente y con las personas con las que estaba trabajando.
OPORTUNIDADES ENVENEDADAS: Otro ejemplo acerca de pagar un alto precio por la honestidad en el trabajo, tiene que ver con las ocasiones en las que he rechazado oportunidades de trabajo con facturación cuantiosa. Las razones han sido en todos los casos distintas pero comparten el mismo motivo decisor: sentía que no debía hacerlo aunque fuera a obtener haciéndolo enormes beneficios. Recuerdo un caso en el que el trabajo era éticamente reprobable y se basaba en delatar en un informe a las personas con las que había estado trabajando. Me negué a ello de lleno en base al compromiso explícito y verbal de confidencialidad que tenía con aquellos a quienes había estado sirviendo. En otro caso rechacé trabajar en un proyecto en 3 países con una persona que considero éticamente reprobable. En otro caso que me viene a la cabeza me ofrecieron participar de un negocio que creo que hace que nuestro mundo sea una puta mierda en términos educativos, y ni siquiera valoré estudiarlo. En varios ocasiones trabajando por cuenta ajena antes de montar mi negocio, pude ser el mismo lameculos de consultoría que muchos compañeros a mi lado estaban siendo, y que siempre acaba igual (socio egoísta, forrado de dinero, divorciado, solo y terriblemente despreciable como persona). En más de 2 grandes consultoras me negué a serlo. Y quizás por recordar una última ocasión -o bastantes- en varios momentos de mi negocio no he podido comenzar a trabajar con clientes interesantes -que otros se han acabado llevando- porque no me he prestado a regatear el precio de mis servicios hasta precarizarlos. Huelga decir que en todos los casos mencionados, perdí la oportunidad de ganar muchísimo dinero. Y aquí sigo.
Creo con estos ejemplos, situaciones cotidianas y anécdotas, haber demostrado que los entornos de trabajo que hemos generado suelen hacernos pagar un alto precio por practicar la honestidad, que -todo sea dicho y reconocido- no muchas personas están dispuestas a pagar por nobles y comprensibles razones (familia, hipoteca, plato de comida). Toda mi comprensión hacia ellos. Tranquilos, cabrones, ya me quedo yo -que también pago casa, comida y familia- con las consecuencias de hacer lo correcto 😉
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Pues esta cabrona también se queda con usted, -si es que me lo permite-, y le da las gracias por publicar estos artículos, ciertamente ayudan mucho a «las personas que necesitamos saber que no estamos solas». Gracias …
¡Me alegra leerte por aquí! Será un placer contar con tu lectura siempre, amiga. Gracias por tu tiempo. Un abrazo