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libarts“All we need is a right soundtrack”

Jesse character in Liberal arts (Radnor,2012)

“I thought my all life got an upgrade when I took that class”

Zibby character in Liberal arts (Radnor, 2012)

Comparto joya y amplio mi tesoro. Liberal arts (Radnor, 2012)… está bien, simplemente adoro esta película. No hay nada que no ocurra en ella o alrededor de ella que no me haya resultado mágico e inmediato. Temas de Ben Toth, Moby, Kaiser Cartel y una combinación cuidada de momentos y música culta (Mozart, Beethoven, muy grande el momento Cosi fan tute… que más de 1000 veces he vivido) me han hecho reír y capitalizar cada mensaje y cada gota de vida que desprenden los personajes. Mi nombre es David, tengo 30 años y soy un entusiasta. Todo cuanto hice fue vivir y lo hice siempre por encima de mis posibilidades. Sin excepción. He leído y he escrito. Conozco y he sufrido mucho, pero no lo suficiente 😉 Así es como he llegado hasta este párrafo y siempre -igual que Jesse- necesité banda sonora. He sentido algo más que placer viendo esta película, algo así como un alineamiento de señales y lecturas de mi propia vida. Y aunque soy realmente nefasto interpretando las señales -todavía me río recordando mi última cena- me sigo aferrando a ellas como parte de lo que soy y lo que amo. Por decirlo de algún modo, cualquier otra cosa puede pasarme menos dejar de ser desastrosamente cómico.

Liberal arts (Radnor, 2012) cuenta con un sensacional guión que ofrece uno de los mensajes más trabajados sobre el envejecimiento, la cultura y la importancia de vivir que jamás he disfrutado. Elizabeth Olsen, te amo con locura. A tí y seguramente a tu gemela. Tu encarnación de Zibby como esa joven de 19 años que contiene en un cuerpo de universitaria todo cuanto puedo desear, me ha hecho sentir libre. Josh Radnor, has escrito, dirigido y protagonizado algo así como un puñetero tesoro a partir de una cita bíblica del Eclesiastés. Un día amaneciste en tu casa y pensaste en cómo utilizar la vida en el campus de la Universidad de Ohio para retratar el paso del tiempo y la crisis de los 30. Y pensaste quizás que sería algo útil meter en una thermomix poética a Mozart, a una preciosa intelectual de 19 años, a la música curativa de los Kaiser Cartel, a un pequeño suicida descubriendo su camino, a un ángel custodio con gorro peruano, a un catedrático que teme su vejez, a una MILF profesora de poesía romántica inglesa y muy macho, y a un joven aburrido en Nueva York que ha perdido el sentido y la colada. El resultado me gustó. Liberal arts (Radnor, 2012)  habla de tener tu momento y de encontrarlo, de saber reconocerlo. Quiero decir que no hay pretensión de pasar a la historia ni voluntad de trascendencia, solo un ritmo suave, voluntario y decadente que no para de decir: VIVE, NO LEAS LA VIDA, VIVE. Solo eso.

Aunque espero que saquéis vuestras propias conclusiones y aprendizajes, mi personaje preferido -sin duda- es Nat y él comparte la que para mí es la clave de la peli. No diré más, tan solo que el cartel promocional de la película reza “Life is all about finding someone on the same page” y que yo aún sigo en ello 😉

Espectacular también Now is good (Parker, 2012) cuya energía todavía tengo en la recámara. Espero poder escribir o hablaros sobre ella en algún otro momento.

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burocracia VS conversación

burocracia VS conversación

Cuando hablamos de dirección por objetivos, ¿Es posible que nuestro objetivo sea no tener ninguno o simplemente necesitar espacio y tiempo para poder buscarlo? Contradiciendo a Anibal Smith, el capitán del Equipo A, ¿Acaso puede ser parte de un plan no tener un plan? ¿Podemos vivir o trabajar no teniendo un plan completo y absoluto sino simplemente pequeñas coordenadas? Cuando el peso inmenso del mecanicismo y la inercia social generan burocracia hasta en tu propia vida, cuando todos los ejes deben estar continuamente en movimiento (conectados, a punto, aparentes) y sobre todo cuando sientes que ni siquiera te permites respirar ¿existe alguna alternativa respetable? Como diariamente leéis en este blog, desde la iniciativa creemos que desde luego que sí y que existen múltiples formatos exitosos (arte, lean, agile,…)

En la película The giant mechanical man (Kirk, 2012) asistimos al encuentro de dos personas que se niegan a tenerlo todo absolutamente claro. No es que rechacen la estabilidad sino que tienen una forma distinta de entender qué es una vida estable y cómo pueden ser felices. En esta magnífica historia estar perdido o sentirse invisible para el resto son tan solo los primeros pasos de un camino hacia un futuro donde sentirse apreciado y especial. Aparentemente en esta película ninguno de los protagonistas tiene trabajos “respetables” para la sociedad, pero la película no trata de eso. Trata de que por sí mismas estas dos personas son capaces de ennoblecer cada profesión que desempeñen. Respeto enormemente el potencial inmenso de generación de valor real de estas personas. No tienen planes de carrera definidos porque sencillamente no corren por las mismas calles que los atletas de negocio que todos conocemos. Se han conocido y han conversado, han aparcado el ritmo de sus vidas para alejarse de la autopista impuesta de la burocracia. Hablamos, sin duda, de otra dimensión.

 

AAAAgiant

Uno de mis blogs de referencia en management exponía hace poco de forma muy concisa las teorías a favor y en contra de la burocracia enunciadas respectivamente por Weber y Merton. Lo que resulta indudable es que a menudo los sistemas que creamos nos acaban devorando poco a poco hasta perder la perspectiva. Resulta complicado explicar a veces cómo aquello que creíamos indudable no lo es tanto. En la mayoría de teorías sobre el management, en muchos de los pensamientos que ahora damos por válidos, echo de menos un componente necesario de locura, de aparente caos impredecible y de gestión de lo incompleto. Porque aunque sabemos que en teoría “todo debería funcionar”, también sabemos que casi nunca nada es perfecto o funciona por completo.

Cuando elaboramos un plan de negocio, cuando realizamos una previsión, cuando defendemos un discurso o nos posicionamos en una conversación, a menudo la base de nuestro sentido es la PERFECCIÓN. Pero es también nuestra mayor huida hacia delante. Porque nos han enseñado que 1 + 1 siempre daba 2, que si durante toda tu vida estudias y trabajas duro siempre tendrás el mejor de los posibles resultados. Nos lo han enseñado, sí, pero en este momento nadie en su sano juicio se atreve a defenderlo. Porque tenemos circunstancias y porque formamos parte de un sistema vivo (equilibrado e inestable, caótico y controlado) Cuando desde la iniciativa hablamos de modelos de abiertos, de la necesidad de trascender la masa (el número, el volúmen, la cantidad, la cifra), cuando exteriorizamos que es necesario personalizar cuando trabajamos con personas (¡siempre!) es frecuente encontrarnos con sistemas, con líderes y con organizaciones que perdieron la noción real del valor de las personas. Necesitamos hoy, cada vez más fuerte y diligentemente reconocer que no somos perfectos. Que tal vez reconocerlo sea lo perfecto. Necesitamos hablar dentro de las organizaciones y en nuestros equipos. La herramienta de transformación más poderosa que jamás he utilizado se llama CONVERSACIÓN. Porque el animal social que eres no lo es porque tengas una cuenta en facebook, foursquare, twitter, whatsapp, linkedin,… sino por relacionarte y desarrollar tu vida en tu contexto.

Hace algunos meses hablé del constante empeño de la gente por clasificarme en una caja en las que ellos se sientan cómodos, y de mi mayor empeño aún en desarrollar mis habilidades y aptitudes en una caja (o no) que yo decida. Esto tiene que ver con conceptos que son necesarios como medio para convivir pero que entendidos como fin último me resultan tremendamente insoportables. Sobre todo tres de ellos especialmente dañinos: “competencia técnica”, “previsión” y “estándar”. Todas las empresas de corte burocrático que he conocido se identifican siempre porque parten de un supuesto que incluye en su definición los anteriores tres conceptos: “El comportamiento de todos los miembros de una organización estándar, con sus correspondientes competencias técnicas y especialidades, es completamente previsible” Por eso la mayor parte de estas organizaciones promueve una cultura basada en tres pilares: planificar, planificar y planificar. Lo malo de estos tres pilares es que la proyección de una idea nunca será equiparable o útil sin una experimentación continua por medio de la acción.

Básicamente, hablando claro, si hemos llegado hasta aquí es porque hay mucha gente detrás que se ha equivocado. Mucha más, sin duda, que la gente que acabó acertando. Esto vale en cualquier ámbito de la vida pero más aún en nuestros entornos de trabajo. Aclaración básica: El miedo a la entropía, mata. Personalmente amo los sistemas, soy un completo fanático de ellos y creo que necesitamos sistemas, creo que lo somos y creo también que todo aquello que creamos (empresas, proyectos,  ecosistemas) es por naturaleza y apriori algo vivo. Nuestro amigo Iñaki Velaz destacaba los cuatro elementos básicos de cualquier sistema: entradas (inputs), proceso (throughput), salidas (outputs) y el que sin duda más solemos descuidar retroalimentación (feedback). Esto se debe en mi opinión a que cada una de estas fases del ciclo de la vida de un sistema son progresivas pero a que es realmente complejo encontrar un sistema con un ciclo de vida realmente maduro. Los expertos lo llaman cadena de valor.

En mi propia vida, esto es aplicable a la metáfora del buen conversador: Todo el mundo sabe recibir alguna entrada (escuchar algo con un mínimo valor), muchos saben generar un proceso (pensar algo que responder), unos pocos saben concretar ese valor (hablar con propiedad) pero realmente muy pocos saben conversar (recibir y aportar feedback continuo). Realmente conozco a muy pocos buenos conversadores (aquellos que saben completar el ciclo) y a una gran cantidad de personas aceptables en una o dos de estas fases (buenos pensadores o personas que sepan escuchar o personas que sepan hablar) Pero realmente saber conversar y mantener un diálogo constructivo y eficaz está al alcance de muy pocos. Puede que sea lo que más admire y respete de una persona a la hora de determinar si es o no respetable. Desde la antigüedad los sabios han considerado el dominio y la práctica de la conversación como uno de los mayores grados de civilización posibles.

Personalmente opongo, por tanto, la actitud burocrática (impositiva, exclusiva, inflexible y teórica) a la actitud conversacional (democrática, inclusiva, flexible y práctica). Lo que para mí representa la burocracia tiene que ver con el artificio de las cosas. Lo que para mí representa la conversación tiene que ver con la naturaleza y el sentido común de las personas. No me cabe ningún duda: la conversación es la mayor y más tangible forma de rebeldía humana. Tenemos ejemplos de ello en la Historia y en la formación de todo tipo de regímenes y estructuras totalitarias. A La barbarie de la ignorancia de George Steiner se suman El elogio de la lentitud de Carl Honoré (con el que espero compartir aventuras en breve). Dos enfermedades graves de rabiosa actualidad: el tiempo y el silencio. Dos remedios milagrosos: ser el tiempo que nos queda por vivir (como decía Josep Soler) y educarnos en el noble arte de conversar.

we are infinite

we are infinite

adole

“Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”

inhumano Jean Paul Sartre

 

Me encanta la vida, estoy sobre todo enamorado de ella. Jamás me ha dejado fuera. Nunca me abandona y nunca la he abandonado. Siempre confió en mí. Te garantiza desde el inicio que habrá un único expediente de regulación o tal vez un gran despido pero solo después de un largo viaje. Tuve momentos realmente complicados, momentos maravillosos de placer y de dolor y siempre estuvo no a mi lado sino en mí. Sentía realmente que yo era ella y que ella era yo.

Y sin embargo ahora todo lo que nos queda es un miedo pavoroso a ser nosotros mismos, a apostar sin dilación por aquello que queremos ser sin garantías, simplemente un miedo a equivocarse, a rechazar aquello que nos anula y hace de nosotros pequeños pedazitos de constancia. Si volviera a nacer seguramente acabaría siendo el mismo, lo que sea que eso signifique. Pese al fracaso y al éxito, muy lejos del mundo que heredé, intentando escribir mi mundo propio, rebelándome e invirtiendo en rebelar a otros. Mark Twain dijo una vez “Cualquier hombre con una idea nueva es siempre un loco hasta que la idea triunfa“.

He cometido tantos errores y tan graves que todos ellos pasaron desapercibidos para otros. Parecían parte de mí y de mi sueño. En todos esos errores, incluso en estos últimos meses y semanas, creía siempre que hacía lo correcto. No confiaba en el proceso sino en las personas, no trabajaba por alumbrar enormes teorías sino por mantenerme cerca del sentido común y de la naturaleza de las cosas. No lo conseguí innumerables veces, no lo voy a conseguir otras tantas más. Mi cultura es tristemente marginal, en todas mis conversaciones hablo de lo mismo. He conseguido alcanzar la gloria en momentos de dispersión y foco. Cada segundo maneja su lenguaje. Hay un creativo dentro de mí, siempre tiene hambre pero solo a veces puedo darle algo que comer. Estoy pensando en mudarme para abaratar costes y encontrar un entorno mucho más favorable para ser persona. En idealista tecleé dos preferencias de búsqueda para lugares habitables. La primera de ellas decía “otra galaxia”, la segunda “dentro de mí”. Los resultados fueron infinitos. Porque somos infinitos.

El renacimiento; que para mí incluye la respetada búsqueda de Kempis, la indómita pasión de Buonarroti , la atemporalidad de El Bosco, la eterna perfección de Beatrice Portinari y la inspiración brillante que me regaló Ghiberti y que me permitió escapar con dignidad a la existencia contenida de Tiziano; es una época magnífica que se repite continuamente en cada adolescente. No hay mayor maravilla que vivir cada día como si fuera el último ni mayor deseo que sentirse vivo, vivo, realmente vivo, cada mañana y cada noche antes y después de reinventar la vida. Existen constatadas pruebas de todo esto que digo en cada capitulación de nuestros sueños, en nuestra incompetencia épica por proteger aquellos que soñamos. Ninguna de estas pruebas es comparable hoy, esta noche, a la película y adaptación del libro The Perks of Being a Wallflower (Stephen Chbosky, 2012), uno de los mejores cantos en defensa de la adolescencia jamás rodados.

Si aún no eres consciente de qué te pasó o de qué te está pasando, solo hay una respuesta. Cambia en cada momento pero solo hay una. Tal vez te ayude a encontrarla esta película. Personalmente se la dedico a todos los amigos del método que no paran de fabricar nuevas cajas y armaduras para la batalla como si el corazón de cualquiera de nosotros fuera una cadena de montaje de muñecas rusas. Una gran cantidad de momentos componen las cartas que escribe Chris, un alter ego vorpal eternamente callado y tímido incapaz de encontrar su sitio en este mundo, que disfruta de pequeñas sorpresas y descubrimientos durante el viaje. He de decir que una gran cantidad de películas que cruzan el atlántico y abordan la amistad, el conflicto familiar, el amor entendido, me están fascinando por completo. La mayoría de ellas están basadas en libros que han tenido enorme aceptación y difusión allí y eso renueva de una manera loca mi esperanza por la supervivencia de lo que somos.

Cierro esta breve reseña escapando de la pena y del consuelo, sabiendo que muchos de mis amigos están buscando su sitio en estos momentos muy lejos de mí ante una insultante adversidad. Lo que ahora quiero compartir es que sigo creyendo en mí, en lo que hago, en lo que siempre he sido y en lo que podemos llegar a ser. Estos son, seleccionados, los momentos mágicos de este gran film.

“Tengo que deciros algo. He estado fuera de aquí por dos meses. Es otro mundo, se pone mejor.”

“Estaba en uno de mis peores momentos cuando empecé la preparatoria. Pero tú me ayudaste. Incluso cuando no sabías que estaba pasando o sabes de alguien que pasaba por lo mismo, hiciste que no me hiciera sentir solo. Porque se que hay gente que dice que estas cosas no pasan. Y es gente que olvida lo que es tener 16 o cumplir 17. Y todo esto será historia y nuestras imágenes se volverán viejas fotos y todos nos volveremos el padre o la madre de alguien. Pero justo ahora, estos momento no son historias. Esto está ocurriendo. Estoy aquí y la estoy viendo a ella. Y ella es tan hermosa… Lo puedo ver. Es ese momento en el que sabes que no eres una historia triste. Estás vivo. Y te levantas y ves las luces en los edificios y todo lo que hace que te preguntes. Y estás escuchando esa canción, con la gente que más quieres en este mundo. Y en ese momento, lo juro, SOMOS INFINITOS.”

 

una soledad acompañada

una soledad acompañada

Cartel promocional de Your sister´s sister (2011, Shelton)

Necesitaba esto. Una mente libre como un pájaro pequeño cercado en una jaula, días de más de 24 horas y una cabeza a punto de estallar necesitaban – todos juntos- disfrutar de algo como esto. Una película de culto. En soledad. Your sister´s sister (2011, Shelton) cuenta con uno de los guiones más emotivos y vivos que he podido ver en los últimos meses. Una película rodada en apenas 12 días sin apenas ningún medio, actores magníficos (realmente buenos), y diminutas piezas de incontenible belleza están detrás del cartel que ven a la derecha de estas líneas.

Confieso estar completamente impresionado por una historia y unos diálogos naturales, entrañables y humanos entre Jack (el atormentado Mark Duplass), Iris (la musa Emily Blunt) y Hannah (el ángel Rosemarie DeWitt). ¿Cómo demonios una grabación de 90 minutos te puede reconciliar con lo que eres? Bueno, no me vais a creer pero no tengo ni idea. Simplemente he disfrutado mucho, me he reído y he llorado de ilusión y… tendríais que verme… todavía sigo sonriendo. ¿Sabéis qué es un héroe? Un héroe es una persona que hace sonreír a otra. Eso es lo que creo. Después de todo, es simplemente eso.

La esperanza de una soledad que le permita reflexionar sobre la muerte de su hermano hace un año, lleva a Jack a aceptar la invitación de Iris para pasar unas semanas en completa soledad en una pequeña cabaña cerca de un lago. De modo que Jack coge su vieja bicicleta de carretera y se dirige a un lugar algo más allá del dolor que le conmueve. Realmente me encantaría contaros algo más pero esta vez solo me gustaría seguir sonriendo como un idiota recordando esos momentos dulces y vacíos de artificio que Lynn Shelton (guión y dirección), también directora de Humpday (2009)  ha compartido hoy especialmente conmigo. Porque muchas veces no existe mejor soledad que una soledad acompañada… 🙂

Topics: relaciones entre hermanos, amor, deseo, soledad, reflexión, diversión, amistad

indiferencia

indiferencia

Cartel promocional de la película Detachment para América Latina

“Will I always feel this way
So empty
So estranged?”

Del tema Empty de Ray Lamontagne incluido en la BSO de Detachment

Puede que nuestra mayor perversión como sociedad sea cavar un hoyo cada vez mayor para que los más jóvenes se hundan en medio del abismo. Si no se han dado cuenta, la indiferencia hacia la realidad, mata. Es la base del principio de la desolación. Y hoy compartiremos argumentos que avalan este hecho en el mundo educativo.

Necesitamos coraje, voluntad y compromiso. La falta de recursos, medios y vocación de acompañamiento que las administraciones tienen con los sistemas educativos públicos lleva mucho tiempo minando los cimientos de una sociedad justa y verdaderamente libre. Como dijeron Steiner, Spire y Muchnik en un libro que realmente amo titulado La barbarie de la ignorancia, no existe un arma más poderosa de destrucción masiva que la ignorancia.

El escaso valor y la falta de autonomía que le damos a la labor de los profesores en las escuelas continúa destruyendo poco a poco lo que conocemos como estado del bienestar. Cuando educar y fortalecer la base de nuestro futuro se convierte en un lujo; tarde o temprano nuestro presente deja de tener sentido. La situación que se vive en gran parte de las escuelas de secundaria con lo que otro amigo bloguero llamaba “nuevas generaciones de ignorantes irrespetuosos y violentos, sobre todo hacia sí mismos” ha sido denunciada por el cine en forma de grandes obras maestras que me gusta recordar. Destaco tres que abordan el papel del profesor ante las barreras que hemos comentado: To sir, with love (Clavell, 1967),  Dangerous minds (Smith, 1995), Freedom Writers (LaGravenese,2007) de la que hablamos hace poco y por último Detachment (Kaye, 2011) de la que hoy quiero hablar. Especialmente útiles para conocer otros modelos educativos innovadores y alejados del dogma, es vivir la realidad educativa finlandesa recogida en The Finland Phenomenon: Inside The World’s Most Surprising School System’ (Wagner, 2012) de la que ya hablamos hace un año y visualizar -como recomendábamos hace poco- La educación prohibida, documental de una factura y discurso altamente trabajados. Los chicos de Zemos98, colectivo al que seguimos desde hace varios años, presentaron también hace poco en la Fundación Telefónica su trabajo sobre la educación expandida, ya concretado en forma de documental junto a Platoniq bajo el título La escuela expandida. En él se expone la experiencia en un instituto de un barrio marginal en Sevilla a partir de procesos de empoderamiento gracias a bancos de conocimiento compartidos. En estos documentales se trata en diferentes realidades y sociedades la problemática de la destrucción progresiva de la confianza y el trabajo personal, el mérito y el valor del esfuerzo desde un punto de vista crítico propositivo. Todos ellos aportan alternativas y nuevas vías de aproximación ante estas barreras detectadas.

También en todos estos trabajos afloran realidades que necesitan ser resueltas de forma ágil y eficiente: la excesiva centralización de las estructuras educativas, la rigidez asfixiante de los programas de estudios, la falta de voz y participación del estudiante sobre su propio proceso educativo, la inadecuada condición de los centros de enseñanza, la desmotivación y el desapego del estudiante con respecto a las herramientas de las que dispone para aprender, la burocratización, la elección por defecto de la cantidad y no de la calidad (en las carreras curriculares, en las horas lectivas, en los costes,…), la falta de un equilibrio de capacidades y una personalización a todas luces necesaria, la amplia desigualdad presupuestaria entre centros, la falta de correspondencia entre los estudios y la realidad social cambiante (en el mundo y en el mercado laboral, por ejemplo), el hacinamiento en las aulas, la carencia de programas de acompañamiento y alfabetización para inmigrantes, los bajos salarios de los maestros, el continuo cambio de modelos educativos debido a la continua politización y la falta de pactos de estado con visión de futuro, el adoctrinamiento en la memorización y no en el aprendizaje, la creatividad o la autonomía,… La lista ocupa un amplio etcétera y ahondaré en este tipo de barreras para formular mi propuesta de valor en el próximo congreso educativo nacional invitado por la Confederación Española de Centros de Enseñanza.

Realmente no se trata solo de grandes cambios estructurales, al menos así lo entiendo, sino también de propuestas reales que se puedan ejecutar en los actuales entornos de aprendizaje. Por otro lado, sabéis que defendemos desde la iniciativa el hecho de que el aprendizaje nunca puede parar y que entender las empresas u organizaciones como lugares a los que va a trabajar la gente que ya sabe, es un espantoso error que está costando vidas. Escuela, universidad y organizaciones forman parte de un ciclo de aprendizaje que debe ser renovado y continuo para poder ser realmente beneficioso. Hablamos, como siempre, de personas. Y las personas necesitan aprender.

Pero lo último que necesitamos es el victimismo escéptico. En la película Lions for lambs (Redford, 2007) una de las tramas entrecruzadas trata de una tutoría entre un profesor universitario y un estudiante. El estudiante, brillante, lleva sin asistir a las clases varios meses ocupado en permanecer en su hermandad jugando y acudiendo a fiestas continuamente. En la conversación expone los grandes males de su sociedad (políticos corruptos, desigualdad racial y social, precariedad laboral,…) Al acabar de enunciar todos los males de su sociedad le pregunta a su profesor por qué tiene que esforzarse para luchar por algo si su realidad es esa. Si queréis saber la respuesta del profesor, tendréis que ver la película.

En Detachment (Kaye, 2011), podemos ver a Adrien Brody en un papel magnífico interpretando a Henry Bathes, atormentado profesor sustituto que se dedica a vagar por las escuelas en estancias de uno o dos meses. Su vida errática le hace estar en estrecho contacto con la realidad educativa: profesores con problemas familiares profundos, vacíos emocionales, profesionales ignorados o maltratados por los padres, grandes talentos frustrados, estudiantes sin compromiso y perturbadores burócratas que anulan el proceso educativo.  El profesor evita frecuente las relaciones afectivas con sus alumnos para evitar ahondar en el propio sentido de su vida y en la decadencia generalizada con la que convive a diario. Una lamentable gestión administrativa ha conseguido que su actual destino, un colegio de secundaria norteamericano cualquiera, se encuentre en una situación dramática. A las continuas faltas de respeto de los alumnos se une la falta de una guía y una referencia clara por parte del claustro de profesores, que permanece en estado de shock continuo. En este mundo en el que la belleza parece esconderse a cada paso, Henry logra encontrar amplias dosis de reconocimiento, amor y realización personal con mucho esfuerzo, no sin vivir tremendas tragedias a su alrededor y con pequeños gestos de empatía y comprensión. Sin duda un film duro pero necesario que nos muestra una realidad realmente compleja para ser digerida en soledad.