por David Criado | May 23, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
Despejado, 20 grados, madrugada del domingo 23 de mayo. En la esperanza de un pronto desembarco toda la tripulación arde en deseos de consumir los últimos toneles de licor. Como alferez de este navío he de abogar porque la conducta de estos seres roncadores no degenere en indolencia. Todos duermen, parece como si supieran que su suerte no depende de que cada par de ojos guarde la vigilia y que este manto arrugado de siglos que es el Pacífico tiene siempre la última palabra. Si de mí dependiera prendería el velamen y el alcohol, todo si con ello avistásemos el nuevo continente.
Mil veces mil he querido subir a la proa y gritar de pánico por encima de las torpes cabezas de cubierta. No tolero la ineficiencia de mis superiores ni su desconocimiento del medio y la navegación; todos ellos son una colección de sinsentido: señoritos de pañuelo que llegaron como hijos de antiguos oficiales, rostros estirados sin capacitación ni ideas, recién salidos de la Naval o viejos de viajes circunvalando su vacío, meros tramitadores o gestores, gente que no ve en el mar más que un segundo suelo y no un mundo inexplorado. Como oficial de menos rango a bordo no he mostrado hasta hoy semejante debilidad ni tibieza en ninguna de las decisiones que he tomado; no en vano en Portsmouth tengo fama entre los hombres de marina de ser un joven recto aunque cercano. En varias ocasiones he sido amonestado por fregar la madera junto a los hombres de cubierta y no carecen de razón quienes me han tachado de estrafalario. En mi rareza y mi insolente ansia de actuar con coherencia radica mi valor. Debo ser ejemplo de mí mismo. Me guardo sin embargo el derecho a desfallecer en el mejor de los momentos, cuando esta calma y silencio por fin nos abandonen y mis servicios se requieran con más apremio. La historia de mi vida ha estado sujeta a estos frecuentes desvaríos y en poco menos de un año he vivido dos abordajes y regulaciones oficiales. No espero ni fabrico esperanza, solo la transmito. Entretanto y hasta que llegue un nuevo azote, escucho rugir la panza de este cascarón con la fuerza de treinta hombres resoplando.
por David Criado | May 19, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN

Embargado de Brahms, Schumann y Beethoven en la casa donde custodian el romanticismo de la Corte. Un concierto de gala para las almas sedentarias que me ha sabido a luz.
Gracias a Irene Mateos, Fermín Salaberri y Pablo Martín por esta gran tarde de acordes en directo en un salón realmente mágico donde el baile de principios del siglo XIX ha cedido su espacio a una familias de sillas y a una alfombra mullida de recuerdos. Entre otros compañeros de sentido y sentimiento, acudieron Ludwig Van Beethoven, Robert Schumann, Johannes Brahms, adultos de traje y zapato liso, mayores de chaqueta, jovenes de vida y gente vestida con vaqueros.
Los componentes del grupo de cámara que hoy revivió a Schumann provienen del RCSMM y tienen ya una joven experiencia en escenarios de la capital que les ha valido un temprano reconocimiento en la comunidad musical. Personalmente gracias, musicalmente de acuerdo.
por David Criado | May 16, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
Gracias a varios post de Ricardo Montiel en su Blog El sofista, que ha cumplido 6 años y del que me declaro en adelante seguidor, he conocido la web Astronomy Picture of the Day, en la que cada día desde el 20 de junio de 1995 -aún me muerdo las uñas por no saberlo antes- un astrónomo profesional comenta una imagen captada por un fotógrafo aficionado, un satélite o un observatorio. Os recomiento que visitéis la página y contempléis cada día nuestro particular país de las maravillas.
por David Criado | May 16, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
Después de una colección de gloria, hoy estrena «You will meet a tall dark stranger», un nuevo cristal de luz con que mirar nuestra realidad contemporánea. Me ha dado por recordar un gran comienzo de obra. Dice así:
por David Criado | May 9, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN
Cuando, absorto, divises el final, con cada hueso roto y cada brazo abotargado; cuando después de haber perdido la esperanza, veas tierra y el resto de tu tripulación lo sepa; mira dentro de tí y observa el miedo. Lo verás inmaculado comandar los ejércitos de histeria a través de los lugares secretos de tu alma. Habrá dormido con la faz vuelta sobre sí, enmascarada, habrá esperado años enteros para presentarse pero una vez embarque y se apodere de tu cuerpo, el viaje será totalmente transparente, sincero, lleno de la sencillez insultante de cualquier teleconcurso a media tarde. Si como digo alguna vez dentro de poco divisas el final, que el miedo que ahoga al anciano en soledad hundido temblando en medio de su cama y el que hace llorar desconsolado al recién venido al mundo, sean una sola fuerza que te impulse y no te pese, sean -y así lo deseo- tu ventaja y no tu suerte. Bien mirado, el miedo debería ser dominio público, tener señal propia en cada casa pero también patente de corso en los despachos, oficinas, congresos y avenidas; no ocultarse refugiado en las alcobas. Tener miedo es vivir y no tenerlo es no sentir la vida como propia. No se trata de matar el miedo, sino de convivir con él, de comprenderlo, de educarse en su suerte y tiempos, en cada disciplina y manifestación en que se atreva a presentarse, de alimentarse de él y digerirlo sin que apenas te atenace.
por David Criado | May 8, 2010 | CREATIVIDAD e INNOVACIÓN

«I sit beside the dark
Beneath the mire
Cold grey dusty day
The morning lake
Drinks up the sky
Kathmandu I’ll soon be seeing you
And your strange bewildering time
Will hold me down
Chop me some broken wood
We’ll start a fire
White warm light the dawn
And help me see
Old satan’s tree
Kathmandu I’ll soon be touching you
And your strange bewildering time
Will hold me down
Pass me my hat and coat
Lock up the cabin
Slow night treat me right
until I go
Be nice to know.»
Traducción:
«Me siento afuera en la oscuridad,
debajo del lodo
frío, gris, sucio día.
El lago de la mañana
bebe el cielo.
Katmandú, pronto estaré viéndote
y tu extraño y desconcertante tiempo
me mantendrá vivo.
Corten algunos leños
que encenderemos una fogata.
Tibia luz enciende el amanecer
y aúdame a ver
el árbol viejo de Satán.
Katamandú, pronto estaré tocándote
y tu extraño y desconcertante tiempo
me mantendrá vivo.
Pásenme mi sombrero y mi abrigo,
cierren la cabaña.
Noche pausada, trátame bien
antes de que me vaya,
sé agradable de conocer.
Katamandú, pronto te veré
y tu extraño y desconcertante tiempo
me hará sentir como en casa.»
Katmandú, Cat Stevens