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Sistémica empresarial: roles y actitudes

Sistémica empresarial: roles y actitudes


 

«Tuve el valor de hacerme las preguntas esenciales y salí limpio de la prueba»
maestro Julio Cortázar

 
 
Este breve artículo viene a completar reflexiones anteriores respecto al cambio como disciplina y profesión. Hoy me centraré en reflexionar sobre el papel que cada uno de nosotros puede jugar dentro de un sistema. Tomaré el mundo empresarial como objeto de estudio y hablaré de 5 actitudes que definen la manera en la que las personas se posicionan con respecto a un sistema dado.

A efectos de formular un principio de entendimiento común, en el contexto de los sistemas humanos consideraremos SISTEMA al conjunto de asunciones básicas, creencias, normas, dinámicas, mecanismos y procesos que mantienen o permiten determinado comportamiento social funcional, esto es, orientado a un fin o unos resultados.

Trabajaremos con el siguiente gráfico de creación propia como mapa referencial:


 

En el gráfico podemos ver 2 áreas de comportamiento diferenciadas:

SISTÉMICA EMPRESARIAL RESPONSIVA: La que tiene el fondo verde es definida, está limitada por una frontera clara y precisa que marca lo que está dentro y lo que está fuera. Representa el comportamiento sistémico que adoptan la inmensa mayoría de personas como forma lógica y legítima de ganarse la vida y prosperar. Es una sistémica empresarial basada en la provisión de certezas, una ficción de seguridad tranquilizadora y una constante dinámica de premio que ofrece una serie de recompensas tangibles a todas aquellas personas que están dentro del sistema, es decir, que comparten y defienden sus ideas, participan directa y activamente de su funcionamiento, y contribuyen de forma operativa a la consecución de resultados. Esta sistémica empresarial responsiva, se mantiene viva en la medida en la que se dan dos factores de mantenimiento esenciales: 1) Será más sólida cuanto mayor sea el número de actores que dependen de su funcionamiento (INERCIA SISTÉMICA), 2) Será menos permeable o modificable en la medida en la que la red de interdependencias generada sea más compleja y tupida (SEGURIDAD SISTÉMICA). Es importante notar que los sistemas se modifican -y no necesariamente cambian su motivación y finalidad originales- adoptando sucesivas actualizaciones que en el gráfico se representan como Actualización (n.0). Una actualización de un sistema es una adaptación de lo que siempre ha sido con la intención de influir o transformar en la realidad cambiante a la que sirve o le rodea.

DISIDENCIA EMPRESARIAL PROPOSITIVA: Por oposición a la anterior área de comportamiento, ésta es indefinida y no tiene límites claros, por lo que podríamos definirla como un área difusa. Los actores que operan en este área lo hacen fuera del sistema hegemónico, por lo que el propio sistema tiende de manera implícita y explícita, consciente o inconsciente a castigar o penalizar cualquiera de los comportamientos que se dan aquí. Existe pues un riesgo evidente y continuo, palpable y notable para aquellas personas que desde fuera del sistema pretenden cambiarlo. Ese riesgo puede materializarse en una actitud de rechazo directo o indirecto del sistema respecto a cualquiera de las proposiciones de cambio que se formulen.
 

Además de estas 2 grandes áreas de comportamiento, vemos 5 comportamientos sistémicos. Yo invito al lector a que a medida que va leyendo la taxonomía de actitudes sistémicas ponga cara a personas de su entorno en el sistema del que participa. Cada comportamiento se da en «n» personas o «n» veces en una actualización de sistema dada. Es importante recordar que todos los roles enunciados a continuación son necesarios para el funcionamiento del sistema, todos prestan un servicio útil, si bien en función de los reguladores éticos de cada sistema, unos perfiles son a menudo más honrados o mejor tratados por el sistema que otros:

CONTRIBUCIÓN ACRÍTICA: Son personas que ven, oyen y callan. Resistencia total al cambio hasta que no quede más remedio, siendo fieles a la curva de adopción de innovaciones. Se limitan a beneficiarse del sistema manteniéndolo vivo con su contribución pero sin ninguna intención ni compromiso de mejorarlo. Aunque parezca paradójico, son las personas a las que siempre premiará más el sistema porque representan la base sobre la que se sostiene su arquitectura de creencias y asunciones. El obediente y sumiso es tanto más útil para un sistema empresarial dado cuanto más grande es, tal y como hemos visto. Este comportamiento ni siquiera se diferencia en color del sistema, porque directamente es el sistema en su coherencia conductual.

GATOPARDISMO: Este comportamiento hace referencia a la famosa novela de Lampedusa en la que el personaje de Tancredi declara a su tío Fabrizio una máxima que define la picaresca sistémica: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie». Precisamente esta es la finalidad y realidad de los gatopardismos en el mundo empresarial. Grandes piruetas, fanfarrias, fuegos artificiales, metodologías, programas de cambio, planes estratégicos, rebrandings, transformaciones tecnológicas supuestamente disruptivas,… todo ello representa en la práctica la esencia del gatopardismo empresarial. Que todo cambie a simple vista para que todo siga exactamente igual. Aunque la intención del gatopardista -tanto interno-empleado como externo-proveedor del sistema- es aparentar grandes dosis de innovación, en la práctica es un limpiador de conciencias empresarial que aporta sensación de movimiento a un sistema profundamente estático en sus fundamentos y dinámicas. En el gráfico este comportamiento tampoco se diferencia del sistema porque es también puro sistema pero desde la incoherencia conductual. Tengo decenas de ejemplos de compañeros que activamente colaboran en el gatopardismo empresarial y sin ningún pudor diría que la mayoría de directores de innovación y estrategia que he conocido durante estas décadas son gatopardistas altamente sofisticados.

CONFRONTACIÓN: Ante un sistema dado la más dura y cruda posición es la confrontación. Personas que viven continuamente confrontando y se dan de bruces -tal y como se observa en el gráfico- con una resistencia empresarial contumaz que solo deja permear de muy cuando en cuando algunos inputs. Son auténticos revolucionarios que viven en el precipicio de la fricción, que soportan estoicamente los envites del sistema y mantienen altos niveles de desgaste y frustración ante una complejidad sistémica creciente que rechaza las alternativas. Tengo igualmente ejemplos en el mundo del cambio empresarial de personas que parecen nacidas para vivir en este continuo sufrimiento. Solo ellas pueden llamarse verdaderamente rebeldes porque se rebelan contra algo que consideran inapropiado o injusto y pretenden cambiarlo. Solo ellas se han ganado el derecho a ser respetadas como rebeldes dentro del marco propositivo -aunque el adjetivo se aplique hoy a gatopardistas de todo tipo- porque solo ellas son castigadas por el sistema de forma absolutamente dura y ejemplar.

AISLAMIENTO: Siempre queda la opción de retirarse, la elección de dar la espalda al sistema, salirse de él y diseñar una vida que necesite la mínima interacción con la inercia colectiva dominante. Las personas que adoptan esta actitud con respecto al sistema -para a menudo tratar de crear otro nuevo- viven aisladas o en su defecto tratan de crear un modelo de relaciones al margen del sistema que conviva con él para lo que sea esencialmente necesario y nada más. Aunque podríamos considerar en esta actitud a las personas que crean comunidades alternativas o modelos de relación paralelos de forma proactiva y constructiva, también pertenecen a este comportamiento todas las personas desengañadas que bien porque no necesitan nada del sistema o bien porque el sistema ya no les exige dar nada, se permiten vivir al margen de él, algo que sería un lujo para los contribuidores acríticos.

CUESTIONAMIENTO: El cambio razonable de todo sistema viene del cuestionamiento. Cuestionar es ante todo atacar directamente a las certezas, negar que una creencia que se daba por cierta lo sea. Cuestionar es plantear diálogo, permanecer -como se observa en el gráfico- con un pie dentro y otro fuera del sistema para ser capaz de aportar ideas y planteamientos que resuelvan problemáticas que fueron generadas dentro del sistema. Por contraposición a la confrontación, este comportamiento es conciliador, realista y pragmático. No pretende grandes revoluciones sino reflexiones poderosas que inviten a una toma de decisiones sensata, valiente y abierta. Cuestionador y confrontador comparten ambos una misma ética de vida: viven a partir de sus convicciones y son fieles a lo que consideran correcto, con la salvedad de que el confrontador a menudo pierde su vida ante el altar de sus razones.

Algo que resulta lógico pero que se suele olvidar y recuerdo a menudo en las sesiones: Da igual lo que seas, lo que te veas obligado a ser en un momento de tu vida, o lo que te haga saber que eres uno de estos roles. Puedes ser el que quieras, pero lo que no tiene ningún sentido y es profundamente amoral es que pretendas ser lo que no eres y que el resto te lo compremos. Seas el rol que seas, si te avergüenzas de ello, trata de cambiar a otro; y si estás cómodo en él, sigue con él, pero -insisto- pase lo que pase no vayas de lo que no eres. Porque se nota. Y mucho.

Los roles arquetípicos de cada uno de estos comportamientos parecen claros: El contribuidor acrítico es un secretario del sistema, el gatopardista es el político que lo defiende, el confrontador es el soldado que lo combate, el aislado es el ermitaño que huye de él, y el que cuestiona el sistema es el filósofo, el hacedor de nuevas realidades que no necesita adular o menospreciar la que ya es. El cuestionador tiene un compromiso con la realidad y a la vez un compromiso con la mejora de esa realidad. Cuestionando las certezas demuestra su lealtad.

Espero que hayas disfrutado la lectura. Gracias por tu tiempo.

 

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Dignificar el lenguaje en el mundo empresarial

Dignificar el lenguaje en el mundo empresarial


 

«Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar»

maestro Amos Oz, Contra el fanatismo

 

Una de las consecuencias directas del proceso patológico de aceleración vital de nuestras sociedades es la devaluación del lenguaje. No solo consumimos productos y servicios, sino también métodos, ideas, estados de ánimo, aspiraciones y… PALABRAS. Cómo y cuándo hemos llegado al actual zoológico de papagayos empresariales que pueblan los espacios laborales de comunicación y decisión crítica. De esto quiero hablar hoy. Muchos foros y canales de comunicación vinculados al mundo profesional (congresos sectoriales, conferencias, entrevistas, el propio linkedin,…) son un genial ejemplo antropológico del actual agotamiento de significados y sentidos. Depreciamos la riqueza que nos regalan las palabras antes incluso de poder rentabilizar el potencial que atesoran.

Este artículo tendrá 3 apartados:

  • El actual camino hacia el abismo expresivo en las empresas
  • Las razones para la devaluación del lenguaje en las empresas
  • Cómo dignificar el lenguaje en las empresas

Comenzamos.

 

EL ACTUAL CAMINO HACIA EL ABISMO EXPRESIVO EN LAS EMPRESAS

La madurez o decadencia de una civilización se mide en buena medida por su lenta o nula velocidad de desgaste semántico. Cuanto menos tiempo dura un significado (porque se agota o pasa a ser un lugar común o una commodity), más decadente es la cultura en la que se asienta ese universo referencial y lingüístico. Lo contrario a esta obsolescencia acelerada del lenguaje son las ideas de legado y tradición. Pienso por ejemplo en el empleo evocador y vinculante, altamente sugestivo y propiciador de pensamiento, que han tenido durante más de 20 siglos las culturas que se asentaron sobre el lenguaje griego y el latino. Palabras, máximas y etimologías que vinculaban la experiencia humana a lo radical (de raíz u origen) y lo telúrico (de tierra o pragmatismo), lenguajes cuyo uso implicaba un proceso de instrucción vital de la persona, una educación referencial que suponía una sólida base y estructura con las que acometer la belleza cruda y liminal del mundo. Palabras dotadas de sentido cuya evolución de uso propiciaba nuevas realidades, transformaba escenarios compartidos. Todo un legado que aunaba ficción y realidad con la intención de promover sentidos.

Por oposición a este legado milenario fundado en la sabiduría de quienes se sienten mortales (el in ictu oculi del vanitas barroco) y se saben humildes (el γνῶθι σεαυτόν del oráculo de Delfos), encontramos el actual proceso de adulteración empresarial del lenguaje. Palabras vacías que por repetidas una y otra vez no solo no aumentan su valor sino que lo pierden por completo, nos generan rechazo o -peor aún- indiferencia. El mundo empresarial hegemónico de la actualidad -esa falaz forma de deshonrar el noble comercio- favorece de forma activa -así lo vivo a diario- estas dinámicas de vaciamiento de sentido, actúa como multiplicador de la devaluación del lenguaje. Palabras como PROPÓSITO, TRANSFORMACIÓN o FACILITACIÓN son usadas a diario de manera completamente superficial y anodina, desde una pose puramente estética. Todo ello representa una involución palpable y evidente para quienes desean hablar de forma consecuente y con un mínimo sentido de responsabilidad semántica.

 

LAS RAZONES DE LA DEVALUACIÓN DEL LENGUAJE EN EL MUNDO EMPRESARIAL

Este paso del lenguaje habilitante y transformador -que nace del sentido etimológico y crece en su sentido social dotándonos de horizonte y contenido- a un lenguaje puramente performativo y vacío -que nos desposee de significado y nos avoca al zumbido- hace un tremendo daño a cualquier intento significativo de cambio o mejora.

Precisamente por este motivo, uno de los primeros objetivos de todo proceso consciente de cambio empresarial consiste en dotar a las palabras de sentido, resignificarlas a partir de cierta ética de la coherencia entre las palabras y los actos. Y para poder lograrlo es necesario entender las causas de este desgaste lingüístico en el entorno empresarial. Aquí ofrezco las que a mi parecer son principales:

El proceso de obsolescencia lingüística del mundo empresarial está íntimamente ligado a la escandalosa fiebre por la reducción del Time-To-Market y el ansioso culto por lo nuevo. La novolatría posmoderna exige victimas propiciatorias ante un altar sacrificial de ideas y conceptos que mueren a una velocidad cada vez mayor como peaje necesario del progreso. Este sacrificio ritual que genera campañas periódicas y banales de conceptos redentores, necesita a su vez de palabras que se repitan una y otra vez hasta que pierdan su sentido dentro de la lógica de rendimiento ilimitado que promueve nuestra incompleta idea de consumo.

Los dilatados y continuos procesos modernos de hiperespecialización laboral han generado dedicaciones profesionales huecas que necesitan relleno, algo así como enormes continentes vacíos que se llenan de forma compulsiva de gramáticas, sintagmas y epítetos con los que parecer que se hace algo. Este largo camino hacia la nada pervierte el cometido del lenguaje haciendo que pase de ser un medio para la comunicación efectiva a un instrumento para la comunicación efectista. Puro cartón-piedra. Si en la dicción y la expresión verbal antigua los fines jamás justificaban los medios, en el uso actual del lenguaje cualquier medio (palabra o concepto) vale para el fin de existir desde la perspectiva posmoderna (esto es, aparentar que se es o se hace, en lugar de ser o hacer)

La ausencia habitual de pensamiento crítico en las estructuras y comportamientos empresariales, la mayoría de los cuales están orientados a contribuir a la aceleración de la inercia o crear aceleraciones nuevas- demandan discursos autorreferenciales que se nutren muy bien de la resonancia estéril que acaban teniendo las palabras vacías. Éstas se acaban convirtiendo en lugares comunes o fórmulas fraseológicas -frases hechas- cuya utilización por parte del comunicador genera cierto status quo. Se trata de la estupidez sublimada hasta la ostentación oratoria.

Existe además una tendencia muy marcada en el mundo empresarial actual hacia la grandilocuencia. La metáfora que se me viene a la cabeza es la de un enorme rascacielos completamente diáfano y sostenido sobre palillos. El problema es que cuanto más hinchado está el supuesto propósito de una empresa o su meta, menos probable o posible es su coherencia. Ante esta paradoja, el establishment opto por habitar el mundo de las ideas y desasistir de auxilio o de socorro al mundo de las realidades. Esta actitud esencialista aumenta el creciente divorcio entre el discurso y la lógica empresarial, y la realidad cotidiana de la gente. Y cuanto más esencialista es un discurso, más repetitivo resulta, y en consecuencia menos caudal léxico sostiene. La ingente riqueza del lenguaje se ve asediada por un reduccionismo empresarial expresivo que tratando de ser elitista o selecto, acaba por ser insustancial y frívolo. De este modo las diferentes variedades del lenguaje -que a nivel sociolingüístico siempre fueron un elemento de diferenciación funcional (variedades diafásicas o registros expresivos), sociocultural (variedades diastráticas o niveles lingüísticos), geográfico (variedades diatópicas o dialectales) e incluso histórico (variedades diacrónicas o epocales), quedan todas ellas reducidas a un mero compendio de palabras que uno repite como un papagallo en una conferencia, una reunión o ante una junta de accionistas.

Por último, el proceso de vulgarización de la función directiva está contribuyendo enormemente a la devaluación del lenguaje en el ámbito empresarial. Trataré de explicarlo empezando por aportar contexto. Vivimos la época histórica de la tardomodernidad o posmodernidad si se prefiere. Es el triunfo absoluto de la modernidad en la manera en la que nos relacionamos y comportamos unos con otros. Un triunfo que apunta a la inminente declaración de su cénit que antecede a la caída. Y la modernidad, o si se prefiere el progreso, es ante todo 4 cosas íntimamente relacionadas: individualidad romántica (idealismo desaforado y sin freno, ya sea de Flaubert o de Hollywood), dignidad universal (ética cosmopolita), identidad cultural (ya sea a través de un estado-nación, un nuevo victimismo o la millonésima ideología) y triunfo de la vulgaridad (acceso a una mejor cantidad de oportunidades reduciendo la calidad de las mismas). En este último punto me centro…

Dado que el discurso empresarial ha estado íntimamente orientado al managerialismo desde que hace casi 100 años los dueños de las empresas comenzaran a confiar sus propiedades (negocios) a directores expertos (managers), el acceso a puestos de liderazgo empresarial se ha facilitado enormemente. Añadido a esto, el ya mencionado proceso de hiperespecialización profesional, ha generado -con la connivencia de universidades y escuelas de negocios- perfiles especializados en hacer cumplir órdenes o, en su defecto, en lograr que las personas las cumplan sin necesidad de darlas. A medida que se ha ido vulgarizando el acceso a los puestos de liderazgo, cualquier atisbo de educación cultural elevada ha ido dejando de ser un requisito necesario para liderar negocios y personas, pero sin embargo ha permanecido la necesidad de aparentar que se sabe o se es educado. Y para ello nada mejor que una colección reducida de palabras que van cambiando y mutando según las circunstancias. En la conquista de las élites sociales de control y de mando por parte de la cultura de masas (un proceso bien descrito de Le Bon, Canetti u Ortega entre tantos otros) el lenguaje vendría a ser una estrategia de enmascaramiento efectiva de una ignorancia cultural militante. De este modo un auténtico zote, un mero cazurro, un absoluto idiota (en su significado más griego) puede subirse a un escenario y repetir por activa y por pasiva un conjunto de palabras útiles para parecer exquisito. Bajo este prisma, el lenguaje que siempre fue un medio de representación simbólico y expresión de lo sabido, se estaría transformando ahora en un medio de ocultación elocuente y expresión de lo desconocido.

 

CÓMO DIGNIFICAR EL LENGUAJE EN LAS EMPRESAS

Hay un camino largo para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu disciplina y esfuerzo. Se llama educación intelectual, parte de la adquisición y el contraste de conocimiento, y es una forma de instrucción con perspectiva. Por mucho que uno quiera aparentar estar al día usando el vocabulario más actual o novedoso que imagine, toda persona que accede a la élite social del liderazgo de negocios y personas debe saber que la ignorancia se nota, sobre todo por parte de las personas que no la tienen. Esto quiere decir que -tal y como rezaba el Panchatantra hace miles de años- un jefe de facciones no necesariamente ha de ser un sabio, pero sí le resulta extremadamente útil ser y estar educado. Y esto no significa picotear informaciones -esto no es diferencial porque lo hace todo el mundo- sino más bien construir de forma ordenada un edificio intelectual, sentimental y espiritual que te dote de perspectiva, criterio y contexto. En otras palabras, en un mundo totalmente sumido en la desorientación continua y el ruido, lo diferencial es estar orientado y tener capacidad de foco. La consecuencia natural de este esfuerzo a largo plazo es la adquisición de una habilidad expresiva y lingüística tentadora y cristalina.

Hay un camino medio para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu completa atención y compromiso. Se llama pensamiento crítico, parte de la desconexión o el cuestionamiento continuo de la cultura de masas, y es una forma eficiente de innovación. La clave de esta vía reside no tanto en tratar de estar continuamente conectando con lo nuevo o de moda, como con el compromiso de conectar en cada nuevo reto con lo que siempre funciona o pertenece a la sabiduría perenne. Es, expresado de un modo muy simple, dejar de adorar a Steve Jobs o el último profeta de la IA, y conectar con el mensaje habilitante de grandes maestros de nuestra humanidad. Qué se yo… un Jesús de Nazaret, un Sócrates o un Buda, por ir a alguno de los grandes maestros radicales de todo cuanto somos.

Y por último hay un camino corto para dignificar el lenguaje en las empresas que requiere tu sentido de la dignidad propia y tu respeto hacia el mérito ajeno. Se llama «callarte cuando no tienes ni puta idea de lo que hablas» y parte de la idea de saberte lo suficientemente grande para hablar de algo que sabes y lo suficientemente pequeño para callar cuando no sabes de algo. Esto, claro está, choca de lleno con las jodidas cantinelas sobre los neurotransmisores, la última gran profecía del cuadrante Gartner, la publicación cuñado de linkedin o las innumerables certezas que nos arrojan los millones de solucionadores mesiánicos que se multiplican en nuestras sociedades actuales. Por extensión, ayuda mucho a este camino corto de contención e inteligencia, saber escuchar a quienes aportan y aprender a distinguir -con la experiencia- el grano de la paja.

Me encantaría decir que estos tres caminos puedes recorrerse de forma independiente, pero están genuinamente relacionados y a menudo no es posible recorrer el uno sin el otro. Hablamos en definitiva de bajarse de la carrera de la rata, dejar la rueda del hamster, detener la aceleración y el ruido empresarial para hacer que la inteligencia comunicativa en las empresas deje de estar en sede vacante. Habemus papam.

Espero que hayas disfrutado la lectura.
Gracias por tu tiempo.
 

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Las 2 éticas de obtención de beneficios

Las 2 éticas de obtención de beneficios


 

«La aceleración de la información-movimiento genera como efecto
poner todo el inconsciente humano fuera de nosotros como entorno,
creando así lo que parece ser un mundo loco se mire por donde ser mire»

maestro Marshal McLuhan, 1967

 
 
Aunque muchos de mis compañeros de vocación creen que el verdadero problema del pensamiento empresarial es su obsesión exclusiva por la generación de beneficios económicos, personalmente creo que si no existiera esta obsesión no podríamos disfrutar de la mayor parte de comodidades actuales. Creo que el problema está en otro lado. No tanto en querer ganar riqueza material (algo que veo fantástico) sino en cómo ha evolucionado durante las últimas décadas la manera en la que queremos ganarlo. En otras palabras, la ética de la obtención del beneficio ha cambiado.

A la hora de establecer una foto del modelo de provisión de beneficios que tiene una empresa siempre distingo entre 2 tipos de culturas:

Empresas con mentalidad de abundancia que se mueven por dinámicas generativas de valor. Son organizaciones que generan beneficios a través del mantenimiento, diversificación o aumento de su valor (sana facturación, riqueza distribuida, posicionamiento dinámico, etc…) y que mantienen una gestión proporcional de sus ingresos en relación a sus gastos y sus costes. Su foco de preocupación es la rentabilidad del negocio desde el punto de vista del valor generado. Hablo aquí de empresas que viven de sí mismas, no contra sí mismas, fomentando una cultura virtuosa de trabajo y negocio. Suelen ser sitios en los que da gusto estar.

Empresas con mentalidad de escasez que se mueven por dinámicas restrictivas de coste. Organizaciones que generan beneficios desde planteamientos de suma cero a partir de exprimir de manera incremental su modelo de relaciones y recursos (trabajadores, proveedores y/o clientes) por medio de estrategias sacrificiales de presión, cicatería o ahogamiento que afectan primero a los gastos y luego siempre acaba atacando a los costes. Hablo de empresas que viven contra sí mismas, fomentando una continua batalla entre fuerzas orientada en exclusiva a hacer más dando cada vez menos. Suelen ser sitios en los que es horrible trabajar.

Ambos tipos de mentalidades de provisión de riqueza obtienen beneficios, pero lo determinante es desde dónde y cómo los obtienen. La manera en la que practicamos el comercio y entendemos el trabajo es la clave para entender la diferencia entre estas dos lógicas: la primera es generativa a largo plazo, y la segunda es profundamente destructiva incluso a inmediato y corto plazo.

En mi estudio sobre la historia del pensamiento empresarial he detectado claramente varios hitos clave en el deterioro de la mentalidad de abundancia y en el paso gradual hacia una mentalidad de la escasez que lleva varias décadas atentando contra nuestro bienestar social y contra la salud de un sistema socioeconómico sostenido en la actualidad gracias al proceso de pauperización continuo y a sucesivos infartos y golpes de efecto dramáticos.

Durante las últimas 2 décadas mi experiencia es que el sistema socioeconómico global ha evolucionado a nivel mercantil, legislativo y de negocio para castigar a las empresas con mentalidad de abundancia y premiar a las empresas con mentalidad de escasez. De este modo la mayoría de empresas que consideramos financieramente exitosas hoy en día se están convirtiendo -con nuestra colaboración- en enormes parásitos que exprimen las estructuras sociales y crecen contra los propios intereses de las sociedades que les proporcionan beneficios.

Esta dinámica empresarial de la gestión de la miseria ha sustituido a la dinámica empresarial de la gestión de la abundancia que trato de honrar cada día. Pongo algunos ejemplos que se derivan de mi experiencia con clientes:

Sostengo que la inmensa mayoría de las empresas en el contexto actual no pueden crecer de forma exponencial sin convertirse en una empresa con mentalidad de escasez y a la larga en una empresa parasitaria. Si bien en la historia originaria del pensamiento empresarial, las empresas crecían gracias a su éxito y asunción de riesgos (empresas ambiciosas), en la actualidad tienden a crecer gracias a su evitación del fracaso y su omisión de riesgos (empresas conservadoras). Por medio del progreso divorcio histórico entre propiedad del negocio y gestión del negocio, y gracias a la demanda de retornos de inversión cada vez más ajustados, las empresas muchas veces se ven obligadas a crecer contra sí mismas, esto es, contra el valor y/o la identidad que les otorgó su éxito.

En lo tocante al comportamiento organizacional, lleva varias décadas siendo frecuente el fomento de la competitividad entre departamentos para ver quién da más dinero con menos recursos, lo que favorece una guerra fratricida continua entre talentos en una carrera de la rata por destacar contra otros y no en colaboración con ellos. La guerra extrema por el recorte de costes está comenzando a resultar cómica en el interior de las organizaciones. Se da el caso de empleados que tienen dificultades para reservar salas de reunión o puestos de trabajo en sus propias oficinas, porque las empresas han implementado un sistema de aumento de la eficiencia en el uso de las oficinas que implica estar continuamente buscándose la vida para poder trabajar. Dinámicas similares se dan en el uso de otros recursos.

Las guerras de precio y tiempos que se dan en sectores como el logístico o el de reparto y distribución de mercancías, así como en el transporte, están muy ligadas a esta gestión de la escasez en la que entre la satisfacción del cliente final y la del propietario del negocio, pocos interlocutores ubicados en medio de esa cadena de valor se encuentran satisfechos o al menos desde hace años han aprendido a conformarse con estar medianamente insatisfechos.

Lo anterior nos lleva a un punto clave en el giro hacia la gestión de la escasez en nuestras sociedades: el hecho -para mí ya evidente a tenor de mi estudio y experiencia- de que las empresas con mentalidad de abundancia favorecen una batalla por la riqueza que da lugar a una riqueza social sistémica, proporcionada y equitativa; y las empresas con mentalidad de escasez favorecen una batalla por la riqueza que da lugar a la expansión de la pobreza social sistémica, no proporcional y desigual.

¿Hay alternativas a la actual inercia empresarial? Defiendo que sí. Cada día amanezco para trabajar por ellas.

 

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La verdad sobre la formación y la consultoría

La verdad sobre la formación y la consultoría

 

«En primer lugar examiné a los hombres,
y llegué a la conclusión de que en esta infinita
diversidad de leyes y costumbres,
no estaban regidos únicamente por sus fantasías»

maestro Charles Louis de Secondat,
barón de la Bréde y de Montesquie,
D l´esprit des lois (1748)

 

El presente texto aborda uno de los dolores más incisivos de nuestra época y que simplemente esbocé en un artículo anterior titulado Radiografía de nuestro tiempo. En este artículo trataré de exponer más detalladamente por qué considero que la práctica mayoría de los servicios de consultoría y formación actuales son completamente acríticos, inútiles y superficiales. Representan en mi experiencia una clara aceleración de la inercia autodestructiva de una sociedad enferma.

Dado que encuentro a menudo a personas que quieren justificar lo injustificable, he decidido hacer el esfuerzo de poner en negro sobre blanco mis ideas. Mi objetivo es doble: poner sobre la mesa el problema acuciante de la frecuente falsedad y mediocridad del profesional de consultoría y/o formación, y tratar de arrojar alternativas viables para superar dicho problema. Hablaré desde la experiencia de más de 20 años de trabajo en más de 14 sectores de mercado, tanto en gran consultoría por cuenta ajena como en consultoría artesana por cuenta propia, y a partir de continuas vivencias, conversaciones y realidades que veo a diario. Tengo mucha tela que cortar y trataré de ser ordenado y sintético a la hora de exponer las ideas esenciales.

Este artículo tendrá los siguientes apartados:

  • El enfoque equivocado de la consultoría
  • La dinámica perversa de la consultoría
  • La falacia de la formación convencional
  • Alternativas reales a esta mierda

Comenzamos.

 

EL ENFOQUE EQUIVOCADO DE LA CONSULTORÍA

La consultoría es tal y como se practica hoy en día la respiración asistida del sistema. En concreto, de un sistema que comienza a ser autodestructivo y afecta a nuestra estabilidad social en muchos sentidos: sanitario, sociológico, económico y ambiental. Resumiendo, cada vez estamos más fundidos y los castillos de naipes caen continuamente. Por contra el mercado actual de los servicios de consultoría en el mundo se sitúa anualmente entre los 700 y los 900 mil millones de euros. Lo que suele hacer el mundo de la consultoría tradicional -lo se por propia experiencia- es parchear los males, las crisis y los dolores del sistema económico mundial en el que estamos inmersos. Los consultores son, por lo general, profesionales de las tiritas atendiendo tumores graves. Y se han vuelto tan necesarios para el funcionamiento de las empresas e instituciones públicas que se han convertido en una auténtica pandemia que en la mayoría de los casos deberíamos combatir.

Tal y como recientemente han tratado de denunciar algunas personas, el sector de la consultoría continúa en aumento a ritmos a menudo 7 veces superiores a los de algunas economías a las que prestan servicio. Hablamos pues de una burbuja inmensa. Veo necesario recordar que la consultoría convencional la engrosan grandes empresas de servicios pero también medianas y pequeñas empresas que repiten una y otra vez las dinámicas perversas de aquellas y que parten de las mismas 4 premisas erróneas:
 

  1. Toda realidad es predecible y lineal de modo que todo problema puede resolverse de forma simple y aislada de acuerdo a la lógica siguiente: Veo un síntoma, me focalizo en atender ese síntoma, alivio o neutralizo el síntoma y me voy. La ciencia médica nos ha enseñado que lo que hay que atender es la enfermedad o el dolor en su conjunto desde la detección combinada de los síntomas, de modo que este enfoque -que practican la práctica totalidad de consultoras que conozco- es sobradamente erróneo y no suele resolver nada. El hecho de centrarme en necesidades puntuales y no atender contextos completos hace que la actividad de la consultoría consiste a menudo en mantener enfermedad latentes parcheando y tapando las diferentes grietas mientras la estructura no cambia, se deteriora o pervierte. La manera en la que este modo de comprensión de los servicios entiende al buen consultor es la siguiente: un profesional es un buen consultor cuanto más predecible y dócil sea para su empleador (empresa consultora) y su contratante (cliente).
  2.  

  3. La realidad se transforma por medio de mi voluntad y mis ideas de modo que no es tan importante lo que yo tengo que escuchar en mis clientes sino lo que puedo cascarles de la enorme paja mental que me he creado llamada catálogo de productos y servicios. En otras palabras, mi trabajo como consultor es vender las cosas que traigo y no comprender y atender las realidades a las que soporto y asisto. Todo lo demás me da exactamente igual. Este idealismo militante, esta suerte de religiosidad rayana en lo totalitario caracteriza los servicios de consultoría presentes en toda organización, y se puede visibilizar bien en forma de metodologías doctrinales, libros, corpus teóricos, presentaciones digitales, intervenciones,… Es un error garrafal que para mí daña enormemente cualquier capacidad real de mejora.
  4.  

  5. El éxito de un servicio de consultoría se mide en términos de ahorro de costes, de suerte que mi trabajo es mejor si lo hago en menos tiempo y si el cliente obtiene mejoras aparentes -aunque no significativas- que le permitan seguir a lo suyo haciendo que todo cambie para que nada cambie en absoluto. Existen consultoría sencillas que no requieren largas intervenciones, son proyectos de corto plazo, pero el verdadero error reside en creer que todo puede reducirse al corto plazo y las acciones quirúrgicas. A menudo los procesos de cambio requieren tiempos largos y exploraciones de la realidad que las consultoras no realizan obsesionados en sus burocracias e hitos absurdos.
  6.  

  7. El cliente siempre tiene razón y yo solo estoy aquí para dársela y aumentar su sesgo de confirmación. Hace tiempo escribí un artículo sobre la tiranía del cliente como paradigma destructivo en el que hablaba de esto, por lo que no desarrollaré aquí mucho más.

 

LA DINÁMICA PERVERSA DE LA CONSULTORÍA

Llevo ya los suficientes años dedicados a esto como para saber cómo funciona la dinámica convencional de la consultoría y la prestación de servicios formativos. El problema es sistémico y está íntimamente relacionado con una comprensión deshonesta y amoral de la prestación de servicios. Vaya por delante que no ha cambiado absolutamente nada en el mundo de la consultoría tradicional durante los últimos 20 años sino que de hecho ha ido a peor. Las mismas prácticas laborales corruptas, precarizantes y extractivas que yo viví en el mundo de la gran consultoría siguen dándose con renovadas formas y canales de explotación de la necesidad del cliente, las condiciones laborales de los trabajadores y la oferta de servicios.

Comparto aquí tan solo algunos retazos en forma de anécdotas sobre lo que digo:

Generar una necesidad en el cliente privado y ser contratado para atenderla: Por lo general la dinámica de la consultoría es completamente transparente para cualquier persona que se haya dedicado a esto y haya tenido algún puesto destacado de responsabilidad o interlocución ejecutiva. Se trata de generar hypes alrededor de conceptos que periódicamente se renuevan gracias a la connivencia absoluta entre 4 actores determinantes:
 

  • Una pedagogía de la adaptación a la inercia por medio de escuelas de negocio acríticas que educan a futuros directivos para contribuir a la inercia sistémica con la colaboración de supuestos referentes nacionales e internacionales en cada una de sus respectivas burbujas,
  •  

  • Una sofisticación cultural artificial y hueca gracias a una industria editorial vergonzosa que imprime y publica libros con discursos simplistas y efectistas que dotan de contenido al mensaje y encumbran como referentes a seres completamente iletrados,
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  • Un altavoz efectivo de dispersión masiva en la forma de una industria endogámica del marketing que amplifica estos discursos convirtiendo en mucho más importantes los medios de difusión que la calidad de las ideas o la coherencia de los contenidos (a través de medios digitales, redacción de textos persuasivos, estrategias de posicionamiento y publicidad spam, falaz y encubierta), y…
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  • Un ecosistema de retroalimentación continua en la forma de foros profesionales ad hoc (charlas de innovación, conferencias, eventos, laboratorios,…) que magnifican conceptos vacíos que nacen y mueren en periodos cada vez más cortos de tiempo. Ejemplo práctico entre miles: Esta misma semana -por no ir más lejos- me comenta un alto directivo de una gran compañía cómo su director de RRHH estaba deseando contratar los servicios de un individuo que se pasea por las tarimas de las conferencias y foros habituales generando su propio hype o burbuja de ideas. El director de RRHH perdía el culo por contratar los servicios de la consultora pequeña que ha creado esta persona y que dice estar especializada en liderazgo y transformación cultural. La realidad: por razones de experiencia y porque todo al final me acaba llegando tras tantos años dedicado a esto, conozco todas las intimidades de esa persona y su empresa y no cuenta con un solo profesionales medianamente capacitado (digo ni uno solo contratado en plantilla de forma directa), de modo que a menudo recurre a personas como yo para abastecer las propuestas de los concursos que gana gracias a generar esa burbuja de ideas. Lo traduzco para que se entienda: esta persona vende humo, practica dumping en los concursos y precariza su profesión ganando mucho dinero. Esta anécdota entre tantas es especialmente dolorosa porque refleja muy bien cómo incluso los propios directivos del cliente se crean todas estas gilipolleces y las compran deseosos. Y así suma y sigue dando pedales a la rueda del hamster.

 
Inventarse profesiones y disciplinas vacías para seguir alimentando la inercia: Durante años también he visto chiringuitos de todo tipo que mutan y adquieren formas rocambolescas. Todos ellos orbitan alrededor de las grandes empresas aunque muchos de ellos prestan servicios a medianas y pequeñas organizaciones tratando de extender al tejido empresarial las mismas prácticas que abundan en el ámbito de las corporates. Estos saraos eventuales no solo continúan hoy en día sino que han ido aumentando sus beneficios: consultoras de marketing digital que viven a base de generar expectativas irreales que nunca cumplen, espacios de coworking que acogen a multinacionales que quieren imprimir un aire cool a la misma mierda de cultura empresarial que defendieron durante toda su vida, supuestas consultoras de transformación cultural son tan solo empresas de formación que diseñan programas de capacitación destinados a beneficiarse de las subvenciones de formación públicas, mercaderes del miedo en forma de expertos en futurología y nuevas disciplinas, limpiadores de conciencia que actúan como «coaches» con los empleados a modo de bálsamo para introducir mecanismos empresariales de explotación laboral encubierta, especialistas en pasear a los empleados una vez al año para repartirse bolazos de goma o pintura o emborracharse en una convivencia, apóstoles del New Age empresarial que defienden estructuras novedosas que nadie es capaz de implantar a ciencia cierta, repartidores de post-its y dibujicos que mantienen a la gente ocupada sin cuestionar lo más esencial o básico de su realidad diaria, caminadores sobre brasas ardientes que empoderan y dan sensación de orgullo a empleados que en su jornada laboral diaria viven agotados y deprimidos, agencias carísimas de conferenciantes que se dedican a explotar durante veinte años una colección de chascarrillos y lugares comunes, profesionales que crean empresas en un «nuevo ámbito de negocio» para venderlas a grandes consultoras que absorben y neutralizan sus ideas, planteamientos y talento…

Amañar concursos públicos e infantilizar la función pública: Durante los primeros años de mi carrera trabajé para grandes y medianas consultoras por cuenta ajena. Entre las prácticas habituales de la consultoría que yo mismo presencié estaba comúnmente aceptado amañar concursos y licitaciones públicas presentando propuestas falsas con empresas pantalla encubiertas. El procedimiento era sencillo. Alguien del sector público fraguaba amistad con alguien del equipo comercial o de ventas de la consultora y le anunciaba exactamente el día en el que el concurso se iba a presentar para que pudiera preparar con tiempo y ventaja su propuesta estrella y otros amigos (generalmente de otras consultoras o como digo de empresas pantalla creadas al efecto) pudieran presentar propuestas menores que por su baja calidad serían rechazadas. La cosa se volvía graciosa cuando -y esto lo viví varias veces- a menudo la mesa de concurso de la administración pública aceptaba una oferta falsa y las consultoras tenían que inventarse un equipo de trabajo y una realidad de servicio que debía responder a una propuesta realizada para no salir adelante. Por extensión, los servicios de consultoría tal y como se contratan suelen reservar las tareas de ideación y resolución de problemas a empresas privadas que acostumbran a los funcionarios públicos a ser meros policías, árbitros o jueces de su trabajo, lo cual genera un sistema distorsionado en el que la dependencia a los consultores aumenta. Hace poco un ministro británico alertaba de ello.

Ejercer una actividad fraudulenta: Durante años se han sucedido los escándalos en las grandes consultoras. La cuota de poder y la capacidad de fraude de las grandes corporaciones prestadoras de servicios asciende cuando adquieren el rol de auditoras. Dado que las entidades estatales y privadas otorgan a las auditoras el marchamo de entidades independientes, a menudo éstas tienen el camino libre para realizar todo tipo de actividades ilícitas o que -cuanto menos- se mueven en el terreno de la amoralidad continua. Muchos organismos públicos reguladores de mercados se han visto obligados a intervenir en determinadas situaciones. Las sanciones se repiten año tras año pero la dinámica sigue siendo la misma. La sensación de impunidad está tan extendida que es frecuente escuchar en las comidas de trabajo con mandos intermedios o directivos que delinquir sale barato.

Vender profesionales inexpertos como si fueran expertos o incluso referentes. Es especialmente sangrante la manera en la que estas empresas engañan a sus clientes con propuestas modélicas que luego son ejecutadas por oompa loompas semiesclavos atados a la mesa. Hablo de juniors y profesionales que se tragan y tienen que lidiar con todo lo que venden auténticos vendemotos de libro.

Evangelizar nuevos adeptos que acaban incorporándose a futuros clientes. Una especialidad altamente desarrollada y practicada por las consultoras es la fabricación de profesionales sin conciencia. Hablo de personas altamente entrenadas en el sacrificio de jornadas maratonianas, que durante años viven la carrera de la rata y -una vez sometidas a la dinámica convencional de la consultoría y sus usos y costumbres de intensificación efectiva- finalmente se incorporan al cliente final. Y ¡Oh sorpresa del destino! cada vez que tienen una necesidad solicitan los servicios de las antiguas consultoras que les dieron la experiencia necesaria para ser incorporados como aristócratas empresariales en la plaza que ocupan en su nuevo hogar corporativo. El ciclo, así, es sencillo: capto a chavales a los que pago una mierda, les hago trabajar todo lo que venden personas más aparentes y experimentadas que ellos, hasta que llega un día en que se convierten en los que venden, para inmediatamente después convertirse en los que nos compran. Un negocio redondo que se lleva por delante la estabilidad de estructuras laborales enteras en favor de la externalización infinita de los servicios. La evangelización es voraz. En varias consultoras yo mismo viví cómo se contrata a chavales en otras regiones más baratas para abaratar costes (lo conocemos como estrategia de offshoring) o cómo se contrata a muchachos de otras regiones y se les facilita que convivan en pisos de la región a la que acuden y en los que en un entorno enfermizo y endogámico acaban hablando de trabajo tras salir precisamente de él. Es lo que llamamos la jornada perpetua. Nunca dejas tu trabajo. La evangelización también se encarga de darte un paquete de bienvenida con mucha tecnología para mantenerte conectado siempre, y establecer carreras laborales en las que asciendes si callas y sigues adelante. Es una estructura de mediocridad acrítica que favorece el seguidismo y la inercia y que cualquiera puede experimentar en la mayoría de consultoras.

 

LA FALACIA DE LA FORMACIÓN CONVENCIONAL

Los servicios de formación son realmente desastrosos. Considero vergonzosas, obsoletas e inútiles 4 realidades evidentes de la formación actual que son muy frecuentes y que tanto contratantes como contratados suelen dar por hecho:
 

  1. El desconocimiento de cómo opera el aprendizaje individual y de grupos que permite que planificadores de formación empresariales y formadores incurran en diseños de formación muy inefectivos y desmotivadores. Hace tiempo hablé de ello en el artículo Cómo diseñar un plan de formación. En lugar de comprender el aprendizaje como un elemento continuo, se entiende reduce todo a cursos puntuales para los que no se libera ninguna carga de trabajo (por lo tanto son vistos como una carga) y a los que se acude generalmente obligado o por compromiso.
  2.  

  3. La mala calidad de los contenidos y el equivocado enfoque debido a formadores iletrados que no realizan ningún esfuerzo por actualizarse, apenas leen y no tienen una formación o experiencia adaptadas a su labor.
  4.  

  5. El aparato burocrático corporativo asociado a la formación que impide un aprovechamiento coherente de la formación para cumplir con las exigencias internas de la empresa o las públicas del organismo que subvenciona. Las grandes corporaciones tienen enfoques formativos desastrosos. Conozco muy bien muchos de ellos y salvo excepciones muy puntuales, no aportan nada a los empleados que permanecen quemados en realidades adversas y estresantes.
  6.  

  7. El continuo cortoplacismo que merma la cultura del esfuerzo y la excelencia gracias a formatos de formación de mierda en modo lowcost (MBAs digitales, cursos/secta aspiracionales, programas meramente promocionales,…) de los que participan tanto las personas que los compran (individuales o empresas) como las entidades precarizantes que los ofrecen.

 
Los continuos electroshock que se infligen a los empleados en forma de cursos, charlas o programas de motivación, no parecen aliviar el sopor gris que provoca ir cada día a aguantar viejas y nuevas gilipolleces en el trabajo. Más allá de los cursos de especialización técnica y prevención de riesgos laborales estrictamente necesarios para el desempeño del trabajo, el enfoque de la formación en habilidades transversales es completamente circense.

Frecuentemente muchos clientes se quedan positivamente sorprendidos por el trabajo que realizo en sus empresas. Al preguntarles por qué la respuesta una y otra vez siempre es la misma: lo que haces no tiene nada que ver con lo que hemos vivido hasta ahora. Recuerdo varios casos flagrantes de clientes que habían contratado a empresas de innovación, formación o servicios supuestamente punteras a un muy elevado coste, y que después de trabajar conmigo quedan gratamente sorprendidos. Esto ocurre porque la mediocridad en la prestación de servicios de formación está muy extendida y de nuevo existe una burbuja evidente. Hablo de que la mayoría de estas empresas nacen para cubrir el expediente, ofrecer cursos efectistas, cumplir con la burocracia de las subvenciones públicas y/o repetir una y otra vez las mismas consignas sin ninguna pretensión de actualización, comprensión o adaptación a la realidad de la gente. Es por tanto enormemente complicado hoy en día dar con un formador que sea bueno. Los compañeros que se dedican a esta profesión y que respeto saben bien de lo que hablo porque siempre sale este tema en nuestras conversaciones.

A modo de resumen de lo que he dicho hasta ahora, un formador al uso podría hacer exactamente lo mismo sin temblarle el pulso ni la vergüenza propia en una empresa de telecomunicaciones y en otra de yogures o tornillos. Es completamente normal que los empleados asocien la formación a una chapa continua de difícil utilidad porque sencillamente es lo que suele ser a menudo. Siendo aún más sinceros, reconozcamos que formadores vocacionales que además sepan de lo que hablan hay de hecho muy pocos. La mayoría de profesionales de formación acaba en ese sector porque no sabe qué hacer con su vida: graduados en bellas artes, humanidades, filósofos o sociólogos reconvertidos que no tienen ninguna experiencia empresarial real, ingenieros que se cansaron de sus trabajos y buscan algo cómodo, o antiguos directivos o fundadores de empresa que dieron uno o dos pelotazos y se dedican a dar consejos que nadie pide y predicar que su excepción es la norma. La mayoría de todos ellos se limitan a ser meros sujetos panfletarios o publicitarios de ideas pertenecientes al pensamiento empresarial hegemónico anglosajón o metodologías cansinas propias que consideran llenas de conceptos milagrosos.

Debido a este estado lamentable de las cosas, a lo largo de mi carrera profesional muchas personas han fusilado y copiado indiscriminadamente ideas y discursos que comparto sin que me haya apenas inmutado. Aunque he tenido episodios dolorosos de pérdidas de confianza y desengaños, siempre he sabido que resulta realmente imposible replicar o copiar en la práctica nada de lo que hago. Es una de las ventajas de prestar un servicio humano basado en la honestidad y la autoexigencia. Los copiadores oyen campanas y reproducen discursos pero ignoran por completo las esencias, y a menudo los clientes no son tontos y lo detectan.

 

ALTERNATIVAS REALES A ESTA MIERDA

Espero que este artículo te haya ayudado, lector o lectora, a identificar los males de la consultoría y la formación. Es difícil navegar con garantías por estas aguas turbulentas, lo se bien, pero al menos espero haberte ayudado a detectar posibles trampas y juegos de efecto.

Me he propuesto ofrecerte alternativas para recibir una educación, formación o capacitación de calidad. Ahí van:
 

  • Lo mejor que puedes hacer es cultivar el amor por la lectura, es algo de lo que hablo a menudo y a lo ayudo a mucha gente. Una educación sentimental ilustrada te aporta ética y fundamentos para favorecer la reflexión, una buena base sobre la que acceder al buen juicio y formar criterio propio. Esto es esencial.
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  • Puedes además acudir a foros donde cuestionar tu pensamiento más allá de las cajas de resonancia de las redes sociales o los círculos de confianza que normalmente frecuentas. Hay una larga lista de fundaciones y asociaciones culturales, tertulias, foros de diálogo que seguramente se encuentren cerca de tu ciudad.
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  • Si eres prestador de servicios de formación o de consultoría hay algunas cosas que te pueden ayudar a saber si la estás cagando como profesional o si prestas un servicio honesto. Sabrás que no lo estás haciendo bien si mides tu éxito en función de indicadores exclusivamente cuantitativos y no prioritariamente éticos; si te dedicas a trabajar agobiado por cosas accesorias y no a estar centrado en lo importante para el cliente y para tí; y por último sabrás igualmente que la estás cagando si cada vez que te preguntas si molestas o incomodas a todo tipo de gente te respondes que NO. Caer bien a todo el mundo no es tu trabajo, tu trabajo es hacer que aprendan a solucionar sus problemas y valerse por sí mismos. Si tampoco logras esto último y solo generas clientes dependientes, míratelo bien, puede que tengas que cambiar de enfoque.
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  • Recomiendo también si eres contratante de servicios entender cómo contratar la ayuda al cambio cultural de tu organización desde el entendimiento de las diferentes disciplinas y profesiones del cambio. Tener esta información antes de iniciar cualquier acción de cambio significativo en tu empresa puede ser determinante.
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  • Programas formativos que sean diferentes. No hay muchos, he de ser sincero. Hace unos días hablaba con una compañera de la dificulta de encontrar alternativas auténticas a este atolladero moral. Personalmente he de recomendar aquello que creé durante años con mucho esfuerzo para salir de este circulo vicioso de la formación convencional. Hablo de TRAINING DAYS, un programa ambicioso inspirado en el afán del conocimiento y el aprendizaje ilustrados que queda lejos y completamente curado de todas estas mierdas.

 
Espero de corazón que este artículo te haya resultado útil. Gracias por tu atención.
 

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Consulta nuestro catálogo de servicios de acompañamiento al cambio y solicita más información a david.criado@vorpalina.com

Últimos días para matricularte en la 4ª edición online del programa TRAINING DAYS que comienza en Marzo de 2024, una oportunidad única para conformar criterio propio, amueblar tu cabeza y adquirir perspectiva sobre todo lo que importa en esta vida.

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Radiografía de nuestro tiempo

Radiografía de nuestro tiempo

«Pensé VOY A MORIR pero me dije IMPOSIBLE, VOY A NATURHOUSE'»

maestro Raúl Cimas

 

Hoy hablaré de nuestro tiempo. Lo haré desde el sentido del humor y el compromiso. Trataré de pintar un retrato lo más certero posible de nuestra época, ese conjunto de realidades cada vez más crudas en lo económico y cada vez más fragmentadas y egoistas en lo relacional. En esta sangría continua que destila un hercúleo torrente de desilusión, ansiedad, parálisis, desengaño, pérdida de esperanza y agotamiento, me dedico -como recomienda el maestro Cadenas- a florecer en el abismo.

Este extenso artículo incluye los siguientes apartados:

  • Cambio de ciclo histórico
  • Apóstoles de la confusión masiva
  • Personas distraídas
  • Empresas muy perdidas y profesionales de apoyo mediocres
  • Ética del inadaptado

Hace tiempo escribí dos artículos en estrecha relación con este que lees: La práctica de lo complejo frente a la tormenta perfecta y también en la misma línea Por qué parece que el mundo se va a la mierda. Ambos artículos planteaban una descripción de nuestro tiempo desde un nivel muy macro. Sirva el presente texto para completar esta visión en lo más inmediato y cercano.

Comenzamos.

 

CAMBIO DE CICLO HISTÓRICO

Creo que vivimos una época de plena decadencia caracterizada por procesos intensivos de psicologización, aceleración, atomización, victimización y evasión de la realidad. No pasa nada por reconocerlo. Hay épocas fértiles y provechosas en la historia del desarrollo de la humanidad y épocas que son lo más parecido a un pozo negro. Y pese a fuegos artificiales tecnológicos y apariencias de progreso económico, vivimos un tiempo lamentable en términos éticos. A nadie se le escapa que esta época es una crisis continua, el claro declive o la resaca de tiempos anteriores, un tiempo de clara transición en el que estamos pagando una a una y de repente las consecuencias tardías de la Edad Moderna.

El problema de nuestro tiempo es que la realidad cotidiana de nuestras vidas (eso que alguien llamó la historia presente) se escribe por omisión y dejadez y no por acción o compromiso. Ocupadas en una enorme cantidad de distracciones ideológicas, culturales y ostentatorias (bendito Veblen), la mayoría de personas ha perdido la conexión y la referencia de las cosas verdaderamente importantes. Hace años me preguntaba por qué lo que digo y hago despertaba una atención creciente. Ahora ya no tengo duda: resulto interesante porque el sentido de la realidad más básica es hoy apenas un vestigio residual de un tiempo pretérito. Lo que digo y hago a diario le resulta cada vez más interesante a la gente porque la uniformidad social es cada vez mayor y la ética del inadaptado se convierte en algo curioso en consecuencia.

Vivimos un cambio de ciclo histórico fundado en el declive de un modelo de relaciones socioeconómico que resulta ya insostenible y que lleva 2 décadas devorándose a sí mismo. Quizás sea bueno echar un breve vistazo a la historia reciente de los últimos 150 años para darnos cuenta de que todo lo que estamos viviendo y vamos a vivir en adelante, es la consecuencia de un sueño irreal del que empezamos a despertarnos:

En las décadas de 1870, 1880 y 1890 los inventos técnico-científicos y los descubrimientos inéditos en la transformación de la energía en trabajo productivo, contribuyeron a desarrollar una industria incipiente y desmedida que sentó las bases de un crecimiento urbano nunca antes visto. El modelo de macrociudades contaminantes nunca fue puesto en entredicho a tenor de los sucesivos e incuestionables logros humanos en la lucha contra el dolor de la vida, esto es, en el camino de la cura de enfermedades y el retraso de la muerte. Las mejoras en la higiene, el saneamiento, las comunicaciones, los transportes, la producción material en cadena, la distribución a escala de productos y servicios, y en general el acondicionamiento progresivo de las comunidades humanas urbanas como lugares de prosperidad realtiva, tenían como contrapunto un alejamiento cada vez más masivo de las personas respecto a los ritmos y ciclos naturales. Aunque unos pocos alertaron entonces de este peligro, la fiebre del progreso nos cegaba a todos en una escalada de competitividad por ser los más individualistas, nacionalistas y modernos.

Las décadas de 1900, 1910 y 1920 contribuyeron a la creación de las sociedades de masas y el consumo especulativo gracias entre otros factores al fuerte desarrollo industrial y las mejoras sustanciales en la producción, distribución y acceso a los alimentos.

La década de 1930 fue la verdadera resaca de toda la borrachera del repentino éxito anterior. Lo fue al más puro estilo de una pesadilla colectiva al término de la cual estalló la mayor guerra humana de toda la Historia, esa que enfrentó a todos contra todos, y dejó a la práctica totalidad del mundo occidental en ruinas salvo a los Estados Unidos de América, y a la práctica totalidad del mundo oriental en una especie de fiebre tiránica desmedida que generó sufrimiento, hambre y más guerra.

En las décadas de 1940, 1950 y 1960 las sucesivas evoluciones del keynesianismo habían dado lugar a la creación de estados del bienestar colectivos tras la rápida reconstrucción de las naciones heridas. Todo ello parecía prometer la lenta salida de la Humanidad de la pobreza y una reducción real de las desigualdades. Pintaba bien hasta que todo en las sociedades cambió.

En la década de 1970 comenzó la lenta decadencia de las grandes ideologías y el derribo programado de la Modernidad sin aportar alternativas factibles al malestar creciente.

A partir de la década de 1980 las sucesivas mutaciones del capitalismo financiero global, generaron una ficción momentánea de progreso que se prolongó a duras penas hasta la década de 1990.

Pero ya desde la década de 2000 estas dinámicas extractivistas y privativas, que favorecían el aumento del consumo al tiempo que desposeían a las personas de riqueza relativa, fueron potencialmente aceleradas por la emergencia de las tecnologías digitales en una espiral de crecimiento descontrolado que aumentó drásticamente nuestra capacidad destructiva del planeta afectando a la totalidad de las especies y poniendo en cuestión nuestro actual modelo de vida fundado en el deseo, el petróleo y en la deuda. Digamos que a partir del año 2000 el capitalismo financiero que nos había traído grandes progresos acelerados sin necesitar pensar en sus límites naturales, se topó con su propia frontera. No dejó de explotar el mundo natural y comenzó a explotar a gran escala la alta rentabilidad de nuestras emociones. La pérdida de la idea de verdad o la actual confusión que voy a retratar aquí responden a los nuevos canales de comunicación -o incomunicación- que nacen en esta época.

Solo entonces -es decir, solo desde hace unos años- comenzamos a escuchar a los que nos advertían del suicidio colectivo, comenzamos a darnos cuenta de que este sueño de 150 años -con episodios abruptos de pesadillas- ha sido en realidad un extenso preámbulo de todo lo que nos está ocurriendo y en adelante nos ocurrirá. Hablo de una concentración de la riqueza sin precedentes fruto de un empobrecimiento masivo por estancamiento salarial y ruptura del mercado de trabajo, hablo de una polarización social inédita desde las grandes guerras, hablo de una atomización de las personas que impide su movilización colectiva, hablo de una ruptura de las tradiciones y tiempos vinculados a los afectos, hablo de una emisión de moneda como nunca antes se ha visto, hablo de carestía de alimentos y pérdidas significativas del nivel de vida, y hablo sobre todo de una tiranía tecnológica acrítica que pone el destino de la humanidad en la mano de 4 o 5 discapacitados morales.

El propio mercado (la dinámica acrítica y productiva empresarial), incapaz de remediar su propia ambición de crecimiento exponencial continuo, se ha pasado las últimas décadas favoreciendo una precarización social bajo la aspiración insaciable de mayores beneficios. De acuerdo a una encuesta realizada a 10.000 personas de entre 16 y 25 años en 10 países, la revista científica The Lancet concluyó que el 45% de la población encuestada se sentía emocionalmente afectada por la destrucción medioambiental continua, el 56% daba por hecho que «la humanidad está condenada», y el 66% consideró directamente que el «futuro es aterrador». Los colegios de psicólogos de varios países occidentales han elaborado manuales de recomendación para abordar posibles patologías vinculadas a la ansiedad climática o lo que se ha denominado ecoansiedad. Las emociones asociadas a la ecoansiedad se mueven en el arco incapacitante que va de la indignación y la tristeza al enfado, la impotencia, la desesperanza o la resignación, según Javier Garcés Prieto, presidente de la Asociación Española de Estudios Psicológicos y Sociales.

En resumidas cuentas, lector o lectora, vives en una época clave en la que todo está mutando.

 

APÓSTOLES DE LA CONFUSIÓN MASIVA

Desde mi castillo de paz contemplo la dispersión masiva. Me veo a menudo hablando con personas y observándoles como si fueran extraterrestres. A mi sensación ya histórica de sentirme fuera de lugar, se une ahora la certeza de que la estupidez -que siempre había permanecido como algo cotidiano pero controlado- cumple ya una función normativa y hegemónica. En su ánimo de salir adelante tratando de combinar infructuosamente el sistema de valores heredado y la emergencia de nuevos símbolos, convenciones y referencias, la persona posmoderna se halla indefensa en una situación de vulnerabilidad constante de la que presume por medio de un ambivalente comportamiento: de un lado la persona no para de compartir su opinión de mierda, y de otro huye de la verdad de su vida a través de continuos «postureos».

Por un lado casi todo el mundo tiene una opinión de todo pero casi nadie tiene un compromiso con algo. Por otro lado las personas que no tienen nada que decir son las que más hablan porque son las que mejor distraen. Estas personas, grandes apóstoles de la confusión masiva, son prescriptores de discursos totalizantes y aborrecen los matices. Reconozcamos que vivimos en un tiempo en el que lo que más predomina es el ruido y la basura. Ante tal océano de mierda, la persona posmoderna se abandona al primer predicador o el más llamativo profeta en una batalla por la atención sin tregua en la que cada individuo es un vendedor obtuso y vergonzoso de sí mismo. Todo esto genera el caldo de cultivo perfecto para una nueva cultura de consumo del mundo fundada en la alienación continua y la destrucción del tejido social.

 

PERSONAS DISTRAÍDAS

Las personas andan distraidas. Confunden a diario lo superfluo con lo importante, su voluntad con la Vida. En esa especie de búsqueda que jamás termina, veo a cientos de personas sufrir constantemente. Pican de un sitio y de otro, recorren atajos sin salida, compran tal o cual relato. Ante este magma continuo de confusión, trato de mantenerme al margen del foco de atención del mundo y habito las pequeñas cosas: el estado de ánimo de uno, las lágrimas inconsolables de otra, la búsqueda infinita de amor sin compromiso de otra, las ganas de vivir sin trabajar de aquel, la alegría estacional de este, el sexo vacío de tal o cual persona, la mentira constante de unos o la aplastante verdad de otros.

Comerás comida BIO etiquetada altamente cara y medianamente natural y saludable por la que hace solo 1 generación todo el mundo a tu alrededor pagaba la mitad porque simplemente se llamaba «comida normal», comerás insectos para que otros puedan comer carne y pescado, te ducharás con agua fría, ganarás lo justo para consumir el suficiente número de gilipolleces innecesarias que hacen rico a otro, no leerás un solo libro y repetirás opiniones adulteradas y frases de autoayuda y divulgación vertidas en mil podcasts, deambularás y comprarás una moda ideológica y la siguiente porque no tendrás criterio, votarás por miedo a la menos horrible de las opciones políticas sin involucrarte en ellas, irás al gimnasio para sentirte bien con tu cuerpo porque tu alma ha sido desahuciada, «trabajarás» tus emociones con ayuda de un terapeuta o un limpiador de conciencias para soportar la sociedad de mierda a la que contribuyes, la mitad de tu vocabulario será inglés, escucharás música vulgar con mensajes idiotizantes y vejatorios, emprenderás un negocio convencido de tu propia heroicidad asumiendo un riesgo tremendamente alto sin emitir ninguna queja ni sindicarte, puede que nunca te jubiles ni descanses pero pondrás la lavadora a las 3 de la mañana, la calefacción a 17° y el aire acondicionado a 32 para saberte alguien ecológico, irás encantado a trabajar en bici, no tendrás familia pero sí mascotas, tu mente habrá pasado toda una vida soñando con un amor que nunca llega mientras tu cuerpo se entretiene alquilando el cuerpo de otros, vivirás sin propiedad en un zulo coqueto alimentando el patrimonio y la calidad de vida de otro, fluirás de género para encontrarte, utilizarás lenguaje inclusivo porque eres abierto y tolerante, te conectarás a mi aplicación móvil y ganaré dinero con todo lo que haces, no tendrás nada pero dirás que es una elección de vida propia porque eres estoico, envejecerás solo y con cada vez menos amigos y personas a las que les importes, verás películas a la carta en tu televisor y tomarás todas tus decisiones en función de aquello que resulta más rápido o barato, socializarás a través de una pantalla, habrás viajado por el mundo entero sin sentirte parte de ningún lugar, comprarás las últimas mierdas electrónicas que pronto caducarán solo para sentirte bien y al día, querrás vivir eternamente y congelarás tus neuronas porque te importa un huevo el ciclo de la vida y quieres vivir eternamente, serás la abuela de tu hijo y el padre de tu gato, huirás continuamente del esfuerzo y el dolor, te convencerás de que tu vida es maravillosa, y aunque cada año que pase estés más y más podrido darás charlas motivacionales diciendo que eres feliz. Pero al final de cada día de tu vida -tal y como si fueras el viejo Prometeo- no podrás escapar de las consecuencias de tus actos y llegará siempre un momento justo antes de dormir en el que te pares un segundo a pensar en tu vida y te sepas completamente solo y vacío. Trata de curar entonces esa profunda y enorme herida con dinero, con profetas o con tecnología, y luego vienes y me dices qué tal ha ido. O mejor dicho, comienza a vivir de forma diferente…

Aprende a combatir la homeopatía intelectual, la compra compulsiva de discursos simplistas, de obras de divulgación que son sobre todo obras de vulgarización. Aprende a peregrinar a las fuentes, bebe del manantial eterno de la sabiduría sin sentir la necesidad de simplificarla ni el impulso lascivo y adormecedor de comer a dos manos la digestión de otros.

Recuerda el maestro William Blake que «el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduria». Hace ahora 29 años falleció el maestro Charles Bukowski. Su vida fue devorada por la inmensa sombra del antihéroe y eterno vagabundo Henry Chinaski. Hank siguió con dignidad y sucio realismo la senda del perdedor hasta su muerte. Su epitafio reza: NO LO INTENTES. Genial máxima de vida que hoy incumplimos a diario. Pareciera que nuestro tiempo es el lugar cronológico donde se suceden hasta el infinito los intentos. Nadie mantiene bien ni finaliza nada porque lo único que todos hacemos es intentarlo. Comenzamos infinitas acciones que jamás concluyen y que en todo momento se interrumpen. Y en esta dispersión continua perdemos día a día nuestras vidas.

Otro epitafio que resume por completo la condición humana me viene hoy a la memoria. Es el del Martinus von Biberach, aquel teólogo que murió allá en 1498. En su tumba reza una inscripción: «Vivo pero no se por cuánto tiempo / Moriré pero no se cuándo. / Voy y generalmente no se hacia adonde / Me pregunto si soy feliz» Si las personas con las que hablamos a diario fueran sinceras, reconocerían que su vida no dista mucho de este antiguo epitafio. El problema hoy es que casi todo el mundo presume de lo contrario.

Veo a muchos chavales con alergia al dolor y la tragedia y con adicción al placer y la risa. Viven distraídos, desmoralizados e insatisfechos. Son pasto de sofistas. Veamos que enseña el maestro Aristóteles sobre todo esto: La vida consiste ante todo en aprender a afrontar el dolor. Quien teme el dolor, aleja la vida; quien lo afronta, la multiplica. Educarse es saber dolerse bien. Todo dolor es una lección. Aprendemos también o sobre todo cuando sufrimos. Abrazar una vida despreocupada en la que huimos continuamente del dolor, no solo no nos ayuda a superarlo sino que lo atrae con más. fuerza Precisamente porque los jóvenes occidentales o del norte temen sufrir, los jóvenes orientales o del sur sufren por ellos e incluso aquellos mismos acabarán finalmente sufriendo.

Una buena educación consiste en aprender a filtrar las emociones morales y sociales para que lo bueno genere placer y compasión y lo malo provoque temor y rechazo. Para distinguir una cosa de la otra hay que aprender a vivir el dolor, a sentirlo y superarlo. Si no hacemos esto, confundiremos nuestras emociones sociales y creceremos adorando lo malo para nosotros mismos y los demás, y rechazando y alejando de nosotros lo bueno. Quien teme el dolor no se compromete. Quien huye del dolor se convierte en víctima de sí mismo. LONG LIFE TO DISLIKE. Al crear generaciones de personas que solo buscan satisfacer sus deseos y viven para lo que quieren, multiplicamos sociedades que solo perfeccionan la manera de herirse a sí mismas. Lo que no me gusta me fortalece, pero si vivo evitando lo que no me gusta, si huyo de ello y lo cancelo, alejo de mí el aprendizaje y por tanto alejo de mí la vida. El modelo de la virtud de la polis griega no era el honor o la satisfacción propia subjetiva (manipulable y relativa), sino el bien común objetivo (compartido y cívico). Aprender a afrontar el dolor es aprender a recibirlo y gestionarlo, y no a obviarlo o negarlo. Nunca alcanzarás la satisfacción si solo persigues tu interés y deseo propios. Siendo rico de tí mismo serás inmensamente pobre de todo lo demás.

Convive a diario y con valentía con la oscura noche del alma. A lo largo de la historia de las culturas humanas ha existido una forma recurrente y simbólica de expresar momentos de tránsito y dolor en la vida de toda persona. Desde el comienzo de los tiempos rapsodas, cronistas y poetas de todas las épocas y todas las latitudes se han referido al afrontamiento periódico del abismo como la larga noche o la noche oscura del alma. Contra la luz del fuego que ilumina nuestra alma y como complemento a la sensación de refugio que nos abraza (focus es foco pero también es hogar), una gran sombra se cierne cada cierto tiempo sobre nuestra vida cuando experimentamos el vértigo existencial. Esa certeza consciente de la soledad cósmica nos envuelve hasta creernos solos y a menudo nos abandonamos a su suerte.

Podría determinarse la entereza de una sociedad o incluso de una época por la medida en la que sus habitantes no necesitan negar, ocultar o dar la espalda a cada una de sus sombras. Pero se diría que nuestra época se caracteriza por la alergia o la huida del dolor. En términos jungianos hemos dejado de enfrentarnos a nuestras sombras, así que el inconsciente personal aflora, se fortalece y aumenta. No convivimos con ellas sino que las negamos y así ampliamos nuestra herida. Cuando esa herida se convierte en colectiva se hace parte de nuestra condición y ni los 7 sabios de Grecia pueden apaciguar ese dolor.

Dice el maestro Bukowski que llegado a un determinado momento de la vida, todo se repite una y otra vez. A estas alturas de mi vida he vivido varias veces con larga y profunda intensidad esa oscura noche del alma que describía el maestro Juan de la Cruz en su largo cautiverio. Tras este amplio y dilatado bagaje, de manera totalmente imprevista sigo vivo. Al empezar y terminar el día educo mi esperanza y entre medias cuido y alimento mi sensibilidad. De los retazos de cuanto fui construyo fortaleza, de las ruinas de cuanto quise insisto en querer de nuevo. Hago uso de todo tipo de estímulos culturales y artísticos para disciplinar mi esperanza. Oriento cada interacción humana al logro de un único objetivo: no huir del dolor ni dar la espalda a la vida.

 

EMPRESAS MUY PERDIDAS y PROFESIONALES DE APOYO MEDIOCRES

Hace tiempo abandoné el territorio de los ideales inasibles y las expectativas suicidas, y toda mi actividad se centra en fomentar el pragmatismo empresarial ilustrado. Con tristeza reconoceré aquí algo doloroso… Tras varias décadas de vida y más de dos décadas de experiencia como profesional amanezco a la claridad meridiana de 2 hechos: El nivel de la prestación de servicios de cambio empresarial me parece tremendamente bajo y a menudo me resulta horrible. Podría tirarme días hablando de esto con ejemplos infinitos que vivo a diario pero me limitaré a resumir mi tesis: la mayoría de personas que acuden a ayudar o apoyar a las empresas, las hunden todavía más en la mierda y cuando se van no suelen haber logrado nada. Así de sencillo.

El panorama profesional de los prestadores de servicios de consultoría y acompañamiento al cambio me parece a menudo desolador. Más allá de la infinidad de veces que las personas sin ideas, criterio o iniciativa han tratado de copiarme sin éxito, la mayoría de profesionales del cambio que conozco no ve más allá de la ciega militancia metodológica, el solucionismo simplificador de los libros de autoayuda, la ridicula y limitante jerga de los mal llamados libros de pensamiento empresarial, o la pobreza intelectual de las citas robadas o las ideas extraídas de charlas aspiracionales. Estoy muy acostumbrado a trabajar con clientes que me dicen que jamás habían vivido con ningún otro profesional una experiencia parecida a la que padecen y disfrutan conmigo. Y de verás no hago nada extraordinario, tan solo mantengo mi sensatez y educo a otras personas que toman decisiones para que la mantengan. Vivo de lo que ninguna otra persona quiere o sabe hacer. Allá donde nadie llega, voy. A menudo me siento aguantando lo que podría llamarse la última línea de batalla. Los resultados hasta hoy son magníficos, no podría estar más contento, pese a que otra realidad condiciona el cambio empresarial…

La mayoría de decisores empresariales no quiere ningún cambio significativo a priori: Aunque lo manifiesten una y otra vez en las reuniones previas o de manera declarativa en las presentaciones, las personas que toman decisiones importantes en las empresas no están preparadas para aceptar las consecuencias de los cambios que creen abanderar. En realidad, al contratante del cambio le gusta contratar sobre todo juegos pirotécnicos, distracciones eventuales de una realidad que al término de mi trabajo a menudo siempre vuelve a ser más de lo mismo. ¿Cómo consigo entonces que las cosas cambien en aquellos clientes a los que voy? Con mucha paciencia y empatía, sin condescendencia ni prisa, aceptando los tiempos de la gente y trabajando no sobre formulaciones de cambio posible sino sobre oportunidades de cambio real. Es sorprendente la cantidad de cosas que uno consigue cuando se limita a dejar que las cosas caigan por su propio peso sin forzarlas.

Por ambos motivos: empresas muy perdidas y profesionales de apoyo a menudo mediocres, es oficial desde hace años -pero la pandemia subrayó esta evidencia- que el mundo empresarial ha perdido el norte. Ya no es tan solo la forma acrítica de enfrentar el mundo que era, sino que además se ha convertido en un hacedor continuo de imprevisibles tempestades. Hace poco traté de condensar en un breve artículo mi visión sobre el recorrido histórico y el momento actual de las empresas: son el problema y a la vez la solución.

Me he logrado mantener al margen de las diferentes verbenas y chiringuitos de postureo empresarial y no he necesitado comprar por completo ningún discurso aspiracional ni idiotizante. Conservo una visión crítica del «pensamiento empresarial» y dedico gran parte de mi vida a desmontarlo favoreciendo que las empresas obtengan beneficios sin necesitar destruir el contexto sobre el que se proyectan. Me mantienen vivo mi espíritu de resistencia y mis convicciones. Rondo ya las 18.000 horas de acompañamiento a personas y equipos tras haber realizado 27.000 horas de consultoría previamente. Tengo el culo pelado de aguantar gilipolleces y afrontar problemas del tamaño del Gran Capitán de Yosemite. Por decirlo de algún modo, he visto empresas ardiendo más allá de Orión. Dedico mucho tiempo a la lectura desde hace años en una época en la que casi todo el mundo vive sin leer absolutamente nada o sucedáneos de reflexiones. Leo una media de 300 páginas al día. Mi lectura barre una gran cantidad de materias y ámbitos de estudio que me proveen de una visión en perspectiva que va más allá de las fórmulas de recurrencia empresarial que todo el mundo utiliza.

 

ÉTICA DEL INADAPTADO

Es la última escena de Zorba. Se aproxima a su jefe tras el desastre. Lo han perdido todo y solo quedan ellos dos sentados en el suelo. El viejo griego se aproxima al muchacho y le dice: «Caramba, jefe, le aprecio demasiado para no decirlo. Usted lo tiene todo menos una cosa: locura. Y el hombre tiene que estar un poco loco porque sino nunca se atreve a cortar la cuerda y ser libre.» El muchacho sonríe, se levanta y ordena al viejo que le enseñe a bailar. Así comienza la vida de toda persona interesante. En ella resuenan las palabras de la novela del maestro Kazantzakis (1946): «Una vez más sonó dentro de mí el terrible aviso de que sólo hay una vida para todos los hombres, que no hay otra y que todo lo que se puede disfrutar hay que disfrutarlo aquí. En la eternidad no se nos dará otra oportunidad.» Ese espíritu dionisiaco y hedonista encerrado en un cuerpo mortal no pretende sobrevivir a la propia vida -que es lo que hoy todo el mundo parece pretender- sino que vive cada día para entregarse a ella.

Decía el maestro Krisnamurti que no parece buena señal sentirse completamente adaptado a una sociedad profundamente enferma. Si estoy en el despacho de cuando en cuando miro a través de la ventana. Puede que suene Horowitz de fondo invadido por las lágrimas o Rubinstein matice el tercero de Beethoven o tal vez comiencen a sonar los primeros compases de la Pastoral y mi alma entonces bautice este planeta. También puede que un silencio abismal envuelva todo el espacio para saberme solo y que entonces la luz tenue de la libreria ejerza de faro. A este lado del cristal repito unos versos de Colinas o tomo notas de un detalle minúsculo de la historia con el ánimo de componer y sanar la Gran Herida. Al otro lado del reflejo las personas van de un lado a otro en la avenida. Todas ellas se ignoran y siguen con su ajetreada vida, se las ve caminar pensando siempre en otra cosa, siendo un buen tempo para el ruido. Ignoran que aquí arriba en la atalaya vive un completo inadaptado, una persona tranquila a la que el resto de personas le piden respuestas.

Llevo décadas en modo avión. Lo más habitual es que me sienta fuera de contexto o cobertura, en otra frecuencia, en una época distinta. Siento -supongo que siempre lo he sentido- que soy en todos los aspectos un ser extemporáneo, eso que los adaptados suelen llamar un tipo raro. De algún modo hace tiempo interioricé que yo vine a este mundo para contener la estupidez humana y no para sobrevivir multiplicándola. A medida que pasan los años estoy más lejos de aquello en lo que casi todo el mundo invierte su vida, su tiempo y su energía. Cuanto considera importante o urgente la mayor parte de individuos de mi especie hoy en día, suele parecerme irrelevante. Hablo otro lenguaje, vivo otra vida porque sencillamente el sistema de coordenadas no es el mismo. Mientras la lente de mi cámara vital realiza fotografías panorámicas con un gran angular de dificil mantenimiento, casi todo el mundo vive de una sucesión continua de fotografías milimétricas hechas con el mismo teleobjetivo.

Conservo -no sin esfuerzo- algunos rituales para tomar el pulso al ruido y la agitación masivos. Con el simple ánimo de poder combatirlas, permanezco al tanto de las últimas gilipolleces de mi especie. Se suceden en forma de modas, atenciones pasajeras y distracciones continuas. Participo en algunos encuentros cuyos temas de debate me dejan estupefacto, acudo a tal o cual presentación de un libro que a menudo suele ser insulso, y expongo a menudo pensamientos en un par de cajas de resonancia digitales. Trato de mantener una firme rebeldía inasequible al hambre de reconocimiento o a la mera exhibición.

Sin excepción todos los días compruebo que seguimos recorriendo el territorio de la vida en una dirección completamente equivocada. Erramos en la brújula y el mapa. El error es ya tan inmediato, palpable y evidente que ya nadie invierte tiempo en justificar sus actos o negarlos. Hemos pasado directamente a actuar sin escrúpulos. El sinsentido ya es tan grande que tiene consecuencias afectivas, vitales, psicológicas y humanas que todos observamos a diario. La sociedad acelerada y convulsa marca sus peajes e impone sus propias ruinas. Sentirse ligeramente bien tras examinar honesta y sinceramente la propia vida, es hoy en día un acto heroico.

Hablo con decenas de personas a la semana de lo que probablemente algunas no hablan con nadie. Sin excepción en la práctica totalidad de casos no hay nadie al volante. Así que vivo para respetar a otros desde el profundo cuestionamiento de lo que sienten o piensan. Y en esta suerte de extravagancia continua, en este ejercicio de inconformismo satisfecho, paso largas horas en completa soledad. La gente me llama y no respondo, me pincha y no sangro, me provoca y no reacciono. Una vida fuera de cobertura garantiza cierta capacidad de distancia y perspectiva sobre casi todas las cosas.

Hace 5102 años un texto mitológico consignó en palabras el inicio de nuestra época. Cuenta el Mahabarata que en el año 2025 de la era común concluirá el gran ciclo humano del Kali Yuga, un ciclo que habrá durado 5.000 años desde su comienzo. Durante esos 5 milenios los seres humanos habremos teñido de negro el alma del mundo, y ya en las últimas décadas previas a 2025 la virtud del hombre habrá ido reduciéndose tanto que comenzará a parecer algo imperceptible. ¿Qué vendrá ahora? podríamos preguntarnos. El Mahabarata responde que sucederán algunas catástrofes, que el ser humano sumido durante siglos en la ignorancia de su deseo vivirá un tiempo de transición y penitencia. ¿Quién sabe? Puede que el anciano que escribió aquel texto esté en lo cierto, pero también puede que no. Mi compromiso constante reside en mi lealtad absoluta a la voluntad de cambio y mejora de las personas y las empresas. En ello llevo ya varias décadas. Y las que me quedan.

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